La educación tecnológica de nivel medio superior: Mitos, realidades, perspectivas

Oscar Carreón Salazar

Para nadie es un secreto que en México tradicionalmente la educación tecnológica de nivel medio superior sigue generando poco interés entre los jóvenes egresados de secundaria. Lo anterior, entre otras cosas, debido a los estereotipos y prejuicios que se han venido generando y arraigando en la sociedad a lo largo de los años acerca de  esa modalidad educativa. Y es que existen diferentes consideraciones sobre de la misma, desde las que la catalogan como difícil o aburrida, pasando por las que le confieren escaso reconocimiento social, hasta las que le atribuyen una pobre calidad académica, la cual parece derivarse más bien del desprestigio en que permanecen sumergidas numerosas instituciones que ofrecen ese tipo de educación, sobre todo las de carácter público. Y es justo en esta última percepción en la que quizá deberíamos enfocar nuestra mayor atención y preocupación no solo quienes estamos involucrados directamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, sino todos los sectores interesados en la noble labor de enseñar.

En la coyuntura del inicio de un nuevo gobierno, como a la que estamos asistiendo, valdría la pena volver a colocar este tema el centro de la discusión, pues cualquier cambio representa una oportunidad para revisar la problemática de la educación en general y, a partir de ello, adecuar objetivos, redefinir proyectos y replantear estrategias. Todo ello teniendo como fin último contribuir a mejorar la calidad de la educación pública, una exigencia tan necesaria, pero tan poco atendida.

Las modalidades del bachillerato en México

El sistema de Educación Media Superior pública en México ofrece tres modalidades de bachillerato: General, Tecnológico y Técnico profesional. El bachillerato general, dispone de un enfoque propedéutico, es decir, ofrece una preparación en diferentes disciplinas y proporciona una cultura general para  facilitar la incorporación de los jóvenes a la educación superior en un amplio abanico de opciones. Esta es la modalidad más demandada por los egresados de secundaria, aunque su oferta de espacios disponible es restringida y por lo tanto, sujeta a evaluaciones de ingreso, cuyos egresados se perfilan, en su mayoría, hacia diferentes carreras de las áreas de Ciencias Sociales, Humanidades y Ciencias biológicas, químicas y de la salud.

La segunda modalidad de la educación media superior es la de bachillerato tecnológico, la cual cuenta con un carácter bivalente, es decir, ofrece al estudiante la posibilidad de cursar el bachillerato y, al mismo tiempo, una carrera corta, con la opción de que los jóvenes al concluir su formación puedan incorporarse al mercado laboral o bien continuar una carrera universitaria, preponderantemente en el área tecnológica. Y la tercera modalidad es la de bachillerato técnico profesional, que es la que prepara a los jóvenes para la adquisición de competencias y construcción de conocimientos en diversas carreras, al final de la cual les otorga un título de Profesional Técnico de nivel medio superior, al tiempo que les provee de un certificado de bachillerato para continuar una carrera profesional. (https://www.lucaedu.com/tipos-de-bachillerato/). Originalmente esta modalidad educativa solo proporcionaba una educación terminal, sin embargo, a partir de la aplicación del examen único de ingreso al nivel medio superior en la zona metropolitana de la ciudad de México, se generó una gran inconformidad entre los jóvenes que eran asignados a esta última modalidad educativa, toda vez que cancelaba cualquier expectativa para continuar sus estudios en el nivel superior. Ello obligó a las autoridades educativas a modificar y adecuar los planes y programas de estudio para eliminar el carácter terminal del bachillerato profesional técnico.

Preferencia por el bachillerato general, desestimación por el tecnológico

De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública, actualmente el total de la matrícula de nivel medio superior en todo el país asciende a 5.2 millones de jóvenes (cifra actualizada al ciclo escolar 2021-2022), de entre quienes la mayoría, 62% estudia en algún bachillerato General, contra solo 38% que lo hacen en el tecnológico, incluidos aquellos que cursan la modalidad de Técnico Profesional (https://www.mejoredu.gob.mx/images/simejoredu-anexo/2023/SEN.pdf). Lo anterior no necesariamente significa que todos los alumnos y alumnas del área tecnológica permanezcan completamente enfocados a dicha área del conocimiento, pues esas instituciones también de ofrecen carreras cortas en otras áreas del conocimiento como Enfermería, Turismo o Gastronomía. Ni tampoco ello implica que los estudiantes del bachillerato general estén predispuestos para orientarse a cualquier área del conocimiento menos a la tecnológica.

Lo que sí parece un hecho innegable es que entre la mayoría de los jóvenes aspirantes al nivel medio superior existe una inocultable preferencia por el bachillerato general y por las carreras afines a las Ciencias Sociales, las Humanidades y las Ciencias de la salud. Así lo demuestra los datos de la convocatoria al nivel medio superior en la zona metropolitana de la Ciudad de México de 2023, en la que las preparatorias y los Centros de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM fueron las opciones con mayor demanda, seguidas de las preparatorias del Estado de México y, en tercer lugar, de los Centros de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) del IPN. No obstante, dichos centros educativos solo atraen a los más altos resultados de la evaluación que es aplicada cada año. (https://animalpolitico.com/estados/mejores-puntajes-comipems-2024). Esa misma radiografía se replica de manera muy similar en la mayoría de las entidades de la República. Solo por mencionar algunos casos, en el Estado de México, por ejemplo, las preparatorias dependientes de la UAEM, la más importante universidad pública, son las más solicitadas, al igual que las preparatorias de la BUAP en Puebla.

¿Hacia dónde se orienta la educación tecnológica de nivel medio superior?

Las propuestas y sugerencias de la nueva clase gobernante parecen revivir el debate acerca de la meritocracia y la igualdad de oportunidades en la educación, particularmente en lo que se refiere a la EMS. La actual presidenta ha propuesto eliminar el examen único de ingreso a la educación superior en la Ciudad de México y el área conurbada, aplicado por la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems). Lo anterior a fin de que el acceso a ese nivel educativo por parte de la mayoría de los jóvenes se realice con base en la cercanía geográfica de los domicilios de los aspirantes respecto de los centros de enseñanza, y no en un examen de evaluación de conocimientos. Dichas propuestas, de llevarse a cabo, en apariencia ampliarían las oportunidades de acceso a la educación superior para muchos jóvenes, pero limitarían las de otros a las escuelas de su preferencia. Situación similar a la actualmente existente, en la que muchos jóvenes no tienen cabida en las actuales escuelas de “elite”, como las prepas y CCH de la UNAM o los CECyT del IPN, pero con la diferencia de que, en el nuevo esquema, quedarían excluido de algunas de esas escuelas los estudiantes con mejores promedios y, consecuentemente, con mayor nivel de conocimientos. Y digo en apariencia, porque no puede negarse que la mayoría de esos centros educativos se encuentran localizados en zonas de clase media, justo el sector que más acude a ellas.

Acaso el mayor reto siga siendo cómo mejorar la calidad de la educación en aquellos bachilleratos en los que supuestamente se promovería la educación tecnológica, pero los cuales parecen haberse convertido en su mayoría en la válvula se escape del enorme grupo de jóvenes que, por diversas circunstancias, no alcanzan a tener cabida en las escuelas públicas de elite, sin que parezcan existir esfuerzos serios por alcanzar dicho propósito. No hay respuestas fáciles a esa gran interrogante, pero tampoco es necesario inventar el hilo negro. Quienes conocemos las entrañas de esas instituciones hemos insistido en la necesidad de impulsar, desde medidas simples, como la mayor supervisión de los recursos asignados a las escuelas, la aplicación de la meritocracia también a profesores y directivos (grados académicos, contribuciones a la investigación, y evaluaciones), hasta acciones de gran envergadura, como la introducción del idioma inglés o la modernización de talleres y laboratorios, entre otras muchas otras cosas. Hagamos votos, pues, porque la tan publicitada “transformación” se materialice y extienda al rubro de la educación.

*El autor es Profesor del Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (CETIS) 31 en la Ciudad de México.

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