La guerra informativa por el poder en Venezuela

La guerra informativa por el poder en Venezuela

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

No se trata de una batalla más entre la izquierda y la derecha en la que se usan todo tipo de estrategias informativas para imponer una superioridad moral que trae consigo la solución a los problemas políticos y socioeconómicos; lo que está de por medio en la lucha por el poder entre el chavismo y la oposición es el control de la mayor reserva petrolífera del mundo, una vasta riqueza que supera a la de Arabia Saudita.

El petróleo fue en el pasado el motor económico venezolano, ahora la realidad está marcada por la crisis económica, el desempleo, la carestía, la inseguridad, el totalitarismo y la represión; la producción de crudo cayó drásticamente debido a la corrupción, la falta de mantenimiento y la fuga de recursos humanos. Más allá de lo ideológico, es el control petrolero lo que marca la agenda mediática de la lucha por el poder.

El presidente Nicolás Maduro acusa al gobierno estadounidense de impulsar restricciones que pesan sobre las exportaciones de petróleo; la opositora María Corina Machado señala al mandatario de beneficiarse de los ingresos provenientes de las licencias petroleras. Tanto el gobierno como la derecha venezolana utilizan los impactos económicos de la crisis petrolera como uno de los temas principales de sus agendas informativas.

En este ir y venir de acusaciones mutuas, la izquierda venezolana recibió una sacudida la semana pasada al enterarse de que Machado recibirá el premio Nobel de la paz; ella es señalada por los medios oficiales de pretender privatizar la industria petrolera y entregarla a corporaciones estadounidenses con plenas garantías de derechos de propiedad para beneficiar a la política expansiva hidrocarburífera yanqui.

Maduro emplea los medios y redes sociodigitales para calificar a Machado como la «bestia negra» del imperialismo norteamericano, una golpista promotora de la intervención militar extranjera; en sus intervenciones públicas la ha señalado de ser la “bruja demoníaca” de la Sayona, una figura mítica de los pueblos originarios de ese país. Pese a esta campaña en su contra, la lideresa de la oposición ha venido ganando terreno en los medios internacionales.

El mandatario, lejos de reconocer las condiciones socioeconómicas de su pueblo, continúa ensalzando a Hugo Chávez como una figura moral que encaró durante su mandato los abusos y amenazas del imperio norteamericano; la legitimidad de su gobierno se basa en la idealización de su predecesor y en culpar al gobierno estadounidense de una crisis humanitaria, económica y política que ha propiciado la emigración de nueve millones de personas.

Su desempeño mediático está desprovisto de toda noción de progreso, de respeto a los derechos humanos y de garantizar las libertades individuales; emplea todos los recursos audiovisuales para mostrar al mundo un aparente estado de calma y bienestar garantizado por el poderío de las fuerzas militares y policiales, quienes son, en sus propias palabras, “la base de una soberanía sagrada”.

Machado, lejos de actitudes vibrantes, redujo sus apariciones públicas y utilizó con inteligencia las redes sociodigitales en dos sentidos: unificar una oposición fragmentada y motivar a los jóvenes para reconstruir pacíficamente la democracia; ella aprendió la lección de otros opositores de que salir a las calles era contraproducente dadas las condiciones totalitarias impuestas por el mandatario.

La lideresa opositora puso a su favor el factor clandestinidad para construir enfoques mediáticos más efectivos; fijó desde el anonimato una presencia serena centrada en el objetivo de transitar pacíficamente hacia la democracia. Por el contrario, el presidente Maduro se estancó en el discurso de que el regreso de las políticas neoliberales apuntalará la miseria de la clase trabajadora.

El alcance global de las redes sociodigitales y el cobijo de los medios estadounidenses, permitió a Machado trascender la censura y convertirla en fuente de motivación para la participación ciudadana. Las contradicciones entre la defensa de los derechos democráticos y la realidad del modelo socioeconómico le permitieron poner en la agenda mediática las condiciones de pobreza extrema de millones de venezolanos.

Su participación es notable en espacios alternativos, podcasts, programas en YouTube, videos en Instagram y TikTok, así como entrevistas con medios internacionales; ella no necesitó desprestigiar al gobierno de Maduro, fue éste con sus acciones quien fijó a nivel mundial los escenarios de “venezuelización”. Al alejarse de actitudes beligerantes, Machado logró visibilizar a nivel mundial la precarización de millones de compatriotas.

Su estrategia fue simple: remarcar la necesidad de transitar pacíficamente hacia la democracia para garantizar los derechos civiles, laborales, sociales, educativos, culturales, etc., que fueron secuestrados por una izquierda anquilosada que creó, paradójicamente, estructuras similares a las fascistas. Maduro nunca dimensionó -ni lo hará- que su estilo de gobernar terminó por ser un lastre para las izquierdas latinoamericanas.

Asumirse como soldado de Simón Bolívar e hijo de Hugo Chávez ya no reditúa a Maduro capital político; sus maniobras propagandísticas para ubicar la entrega del premio Nóbel en un marco de legitimación de derechas fascistas y belicistas fracasaron, debido a que ya no es posible ocultar las condiciones materiales de millones de venezolanos.

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