La importancia de la protesta

La importancia de la protesta

II PARTE

Jeremy Corbyn

Las protestas funcionan

También he participado en muchas de las protestas de nuestra maravillosa comunidad de Islington. Antes de ser elegido diputado por Islington Norte, fui miembro del Consejo de Haringey y, en varias ocasiones, presidí la Comisión de Obras Públicas, responsable de la política de transporte, y también la Comisión de Planificación. En el ejercicio de esas funciones, y como activista político, me opuse a la ampliación de Archway Road en los años 70 y 80. La vía circulatoria se habría ampliado a lo largo de todo Haringey, lo que habría atraído más tráfico hacia Islington. En cierta ocasión, nos manifestábamos por Holloway Road y, mientras desfilábamos, se nos pidió a todos que lleváramos cuerdas como formando un autobús de dos pisos. Cada uno de los espacios acordonados representaba a las setenta y tantas personas que podían viajar en el autobús, en lugar de las que viajaban en coche. Finalmente, se celebró una audiencia pública en el Archway Central Hall, y el inspector se pronunció en favor del argumento lógico y racional de que Londres no necesitaba más autopistas, sino mejor transporte público. Fue una jornada mágica en el Parlamento cuando el secretario de Estado me confirmó en su respuesta que no se llevaría a cabo la ampliación de Archway Road.

A menor escala, organizamos una protesta en Matias Road, en Stoke Newington, donde corrían peligro los niños que cruzaban para ir al colegio de Newington Green debido al intenso tráfico de vehículos de quienes se desplazaban a su trabajo. Organizamos una protesta cruzando la calle en oleadas sucesivas durante la hora punta, con el fin de que los niños pudieran cruzar con seguridad y de animar a que se instalara un paso de peatones. Poco después se instaló uno. Conseguimos nuestro objetivo.

Del mismo modo, organizamos protestas contra el supuesto cierre de la línea Barking-Gospel Oak, que tuvo lugar al mismo tiempo que nos oponíamos a la ampliación de Archway Road. Y, una vez más, al final tuvimos éxito. La línea se mantuvo abierta. Luego se invirtió en ella, se electrificó y ahora es una línea ferroviaria extraordinariamente transitada y vital en Londres.

También se organizaron protestas contra los racistas de nuestra sociedad cuando el Frente Nacional consiguió comprar una casa en Avenell Road, frente al estadio del Arsenal, para utilizarla como base para la distribución de panfletos racistas entre los seguidores del Arsenal en la década de 1980. Organizamos una manifestación por todo Highbury con el lema «Highbury dice no al Frente Nacional». Muchos de nosotros nos sumamos a esa manifestación. Finalmente, se cerró la casa y, poco después, el Frente Nacional desapareció de la escena política de Islington.

Hemos contribuido a organizar muchas otras protestas. Una de ellas, en defensa del Hospital Whittington, supuso un magnífico acontecimiento en 2010, en el que desfilaron 5.000 personas por Holloway Road hasta el Hospital Whittington y exigieron que se mantuviera abierto el servicio de urgencias. Finalmente, después de una gran presión por parte de la mayoría de los diputados y autoridades locales del norte de Londres, Andy Burnham, que entonces era secretario de Sanidad, accedió a garantizar que el servicio de urgencias permanecería abierto, y así fue.

Toda mi vida he tomado parte en protestas por la paz. La primera fue una manifestación de la Campaña para el Desarme Nuclear (CND) a principios de la década de 1960 en Trafalgar Square. Tomé el tren desde Shropshire cuando era yo un joven estudiante y me sorprendió la manifestación, las conversaciones, la calidad de los discursos y esa maravillosa sensación de unidad, la sensación de que estábamos todos juntos en nuestra protesta. En aquella ocasión, se trataba de un mundo libre de armas nucleares y de una oposición muy temprana a la guerra de Vietnam.

Quizás la protesta más extraordinaria en la que he participado fue la protesta nacional de 2003 contra la guerra de Irak, en la que tuvimos cuatro columnas independientes que se dirigieron hacia Hyde Park. Fue para mí un placer y un honor desfilar junto al difunto Peter Maxwell Davies, cuya música adoro y amo, hasta Hyde Park para ese mitin en el que se reunieron más de un millón de personas. Cierto es que no logramos parar la guerra, pero también es cierto que ayudamos a concienciar a cientos de miles de personas sobre las alternativas a la guerra y las mentiras que nos contaban acerca de Irak. Quienes promovieron la guerra en Irak nunca se han recuperado políticamente de ello. Quienes nos opusimos a la guerra en Irak estamos repletos de energía, somos activos y nunca renunciaremos a la búsqueda de la paz.

Defender el derecho a protestar

No soy ajeno a la represión policial de las protestas. Me han detenido en algunas protestas, entre ellas las de solidaridad con las víctimas del Domingo Sangriento (en Londres en 1972) y, la más famosa, la gran manifestación contra el apartheid en 1984. En realidad, no me arrestaron por «obstrucción», sino en virtud de la «Ley de inmunidad diplomática», por una cláusula relativa a cualquier comportamiento considerado «ofensivo» por parte de una misión diplomática de visita. Me preguntaron: «¿Cómo se declara?». Y yo respondí: «He venido aquí para ser lo más ofensivo posible». Nos exoneraron a todos de los cargos. Nos dieron una indemnización, que se destinó por entero al movimiento contra el apartheid.

La policía también tuvo una fuerte presencia en las protestas contra el impuesto de capitación [“poll tax”]. Yo estaba en la tribuna de Trafalgar Square preparándome para hablar en contra del impuesto ante una gran multitud. Y justo cuando estábamos a punto de hablar, la policía se acercó a la plataforma y nos exigió, o más bien nos ordenó, que diéramos por terminada la manifestación y la clausurásemos en ese momento, lo que me pareció muy desacertado. Una gran multitud de personas había acudido a la manifestación. Todos estaban muy bien organizados y enojados por el impuesto, y esto, por supuesto, los enfureció aún más. La manifestación fue disuelta por la policía y, a continuación, se produjeron disturbios en las calles en los alrededores de Trafalgar Square.

Esto supuso para mí una lección práctica sobre cómo no debe comportarse la policía cuando hay un grupo grande de personas presente. Hay que mantenerlos juntos y asegurarse de que se salvaguarda su derecho a expresar su opinión política.

Hoy en día, el derecho a protestar se ve seriamente amenazado por el uso que hace el Gobierno de la Ley contra el Terrorismo de 2000 para proscribir [la ONG] Palestine Action. Cuando se presentó la ley, participé en los debates parlamentarios al respecto. Le pedí a Jack Straw, que era ministro del Interior en aquel momento, que me garantizara que los enormes poderes que el Gobierno se otorgaba a sí mismo en la ley no se utilizarían para restringir el derecho a la protesta legítima en nuestra sociedad. Él me aseguró que no sería así, que sería algo muy poco británico y que, en lo que a él respectaba, el derecho a la desobediencia civil y a la protesta siempre estaría presente en nuestra sociedad y no se criminalizaría. Y hoy, veinticinco años después, esas garantías no valen nada. La ley se está utilizando para proscribir Palestine Action y criminalizar a más de mil personas que no han hecho más que alzar pancartas.

Este mes, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, anunció que las continuas protestas son ofensivas y no deben permitirse y que, por lo tanto, la policía dispondrá de poderes para impedir las manifestaciones. Steve Howell ofreció una respuesta muy acertada a esto cuando afirmó: «Voy a ponérselo fácil a Shabana Mahmood. Las personas que consideran ofensivo el bombardeo continuo de sus familias en sus hogares y la muerte de sus hijos son las que viven en Gaza». Tenemos derecho a seguir denunciándolo.

La protesta importa, la protesta es importante, y la protesta forma parte intrínseca de nuestra vida política. Creo que, sean quienes sean nuestros representantes políticos, deben estar preparados para recordar de dónde viene nuestra democracia, por qué resulta vital la protesta, y han de estar dispuestos a sumarse a ella. Ya sea una protesta para conseguir un paso de peatones, una protesta contra una guerra o una protesta por un aire limpio, agua limpia y nuestro medio ambiente, todas ellas tienen su importancia. Y todas ellas, al fin y al cabo, marcan la diferencia.

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