La inseguridad publica

Dr. Gilberto de los Santos Cruz

La inseguridad pública es uno de los temas que más han preocupado a la sociedad mexicana en los últimos años. La ciudadanía no ha podido dejar de convertirlo en el tema privilegiado; o sea en el tema de temas. Es por ello que cada vez son más frecuentes las demandas de ciudadanos y de empresas que piden una acción más efectiva por parte de las autoridades para erradicar una actividad que genera temor e incertidumbre entre la población y cuantiosas pérdidas económicas. La cobertura que hacen los medios en torno al problema de la inseguridad resulta fundamental debido a su gran capacidad de difusión de discursos. Cada día, desde muy temprano, si uno revisa el periódico, sintoniza un noticiero o enciende la televisión, encontrará como constante notas referentes a los hechos delictivos. Todos estamos conscientes de que el problema de la inseguridad es grave y complejo. La seguridad de las personas y de sus bienes, además de ser una demanda social, es una obligación insoslayable del Estado. El control de la violencia y del crimen constituye una responsabilidad básica e irrenunciable, además de ser necesaria para establecer las posibles bases de una legitimidad tan perdida en la actualidad; por tanto, una utilización ideológica del tema le resulta indispensable como forma al menos incipiente de evitar su propio aniquilamiento. Por tales razones, se manifiestan inconformidades de la política en torno a la seguridad, así como voces de alarma y de preocupación de la ciudadanía, de algunos sectores progresistas, de instancias gubernamentales y, por supuesto, de algunos organismos de defensa y promoción de los derechos humanos tanto nacionales como internacionales. Consecuentemente, se han organizado diversos foros en los que estos temas forman parte de la agenda política actual, y de donde han surgido algunas alternativas que proponen la construcción de modelos de seguridad pública basados en el respeto a la cultura de los derechos humanos, en los que existan las posibilidades de hacer un análisis de sucesos lamentables. El problema de la inseguridad ciudadana, Una de las principales fuentes que abrevan a una sociedad, que promueven el temor y el miedo a la inseguridad y que los Estados no han podido manejar, es la legitimidad para enfrentar ese problema. En este sentido, es necesario establecer la génesis del fenómeno delictivo y las causas y consecuencias que ello ha acarreado. El fenómeno delictivo siempre ha estado presente en la sociedad. Lo encontramos presente en las más incipientes formas de organización social, e incluso en las más evolucionadas sociedades actuales. La vida de las ciudades, la intensificación del intercambio de mercados, la creación de bancos y negocios monetarios requiere cada vez más del manejo de informaciones fidedignas de lo que acontece en distintos lugares. Las nuevas tecnologías de la comunicación, incluyendo la fibra óptica, la comunicación vía satélite, los sistemas de microondas de larga distancia, los teléfonos celulares, y en general toda la industria de las telecomunicaciones, nos permiten ya hablar con el máximo rigor de la existencia de un mundo global, completamente interconectado en tiempo real, en el que ya resulta factible realizar las maravillas que nuestra mente ha imaginado. Los flujos de personas, dinero, tecnología, información, ideologías e imágenes son inmediatos, con lo cual ingresamos en una condición de vecindad. Es decir, estamos cercanos a todo y a todos, y el fenómeno delictivo no se ha quedado atrás: ha evolucionado junto con la tecnología. La inseguridad ciudadana atenta contra las condiciones básicas que permiten la convivencia pacífica en la sociedad y pone en peligro o lesiona los derechos fundamentales; así, garantizar la seguridad de los ciudadanos constituye una razón de ser del Estado. Sin embargo, en una sociedad compleja como la nuestra, entre los funcionarios encargados de esta función primordial observamos conductas antisociales que acentúan la incertidumbre y ponen enormes retos de eficacia y legitimidad a las instituciones. Esto refleja en gran medida su falta de competencia para brindar seguridad. En la medida en que la percepción de inseguridad aumenta, la legitimación de las detenciones arbitrarias también crece. En el actuar cotidiano del Autoridades encontramos que su legitimidad se ha desdibujado. Es común que los ciudadanos pierdan espacios frente a la descomposición del monopolio que ejerce el Estado, el cual se ha convertido, en palabras de Lenin: “en una organización especial de la fuerza, es una organización de la violencia para la represión de una clase cualquiera”, y lo más grave es que se ha orientado al ciudadano común y corriente. El Estado controla mediante reglas que define por criterios de contingencia; es decir, por las reglas no escritas de los órdenes dominantes frente a la sociedad, lo cual rompe su legitimidad. En cuanto a la legitimidad, con lo que nos encontramos en la actualidad es con una ausencia de ella, la cual Luis González Placencia divide en: 1. En el plano de la vida cotidiana, la ausencia de legitimidad se expresa como una imposibilidad literal para garantizar un contenido de validez a los actos de autoridad de quienes dictan (ámbito legislativo), quienes dicen (ámbito jurisdiccional) y quienes aplican el derecho (ámbito administrativo). Esto se refleja en la disociación que se da entre la dictaminación de leyes y la falta de análisis por parte de los legisladores, de las posibles consecuencias de dichos procesos legislativos; por ejemplo, la modificación al Código Penal en la Ciudad de México, donde se criminalizan cada vez más actos y se incrementan las penas y la consecuente sobrepoblación de los centros penitenciarios.

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