La política debe ser para servir al pueblo

La política debe ser para servir al pueblo

 

Dr. Gilberto de los Santos Cruz

Muchas veces nos levantamos pensando como político, pero como político de los buenos, de esos que gestionan sin nada a cambio, que con solo aportar a su comunidad sienten la satisfacción de que ese es el camino. Y en eso estamos fallando como sociedad, estamos fracasando en no tener ese sentido de pertenencia por lo de nosotros, por lo que vemos, sentimos y percibimos día a día.

La política no solo se hace en época electoral se hace a diario, al levantarnos, la política la practicamos al dar los buenos días al vecino, al cuestionar porque el kilo de frijoles o tortillas subió, porqué el de los pescados no pasó hoy. Sin embargo, si le diéramos el estatus que se merece, la política se practicaría de forma distinta, de esa forma agradable como muchos la vemos, no de esa forma denigrante y obsoleta como la practican muchos dinosaurios que dicen ser políticos.

No obstante, lo bonito de todo esto es que el panorama está cambiando y con esfuerzo, trabajo y compromiso se puede demostrar que los jóvenes pueden cambiarle la cara a este País, que si podemos gobernar, que si podemos llegar al poder y que si podemos hacer las cosas bien. Muchos tenemos un camino largo por recorrer, pero eso debe ir aliado de las comunidades. Aunque muchas han perdido la esperanza y otras se han dejado engañar, aquí debemos ser más los buenos los que verdaderamente queremos un cambio total.

La política como arte de servir es hermosa, la política como arte de engañar es nefasta. Por eso debemos trabajar para apoyar a todos. Todos unidos podemos salir adelante, no le tengamos miedo a la política, porque los jóvenes tienen solo una oportunidad y esa oportunidad es ahora. Caminemos juntos para transformar la política en el quehacer por los demás.

Es muy común escuchar que la política tiene el objetivo de servir a los demás, a pesar de que en la práctica pareciera que ocurre lo contrario. Los mexicanos estamos acostumbrados a escuchar sobre escándalos de corrupción, sobreprecios en contratos, Autoridades destituidas, tráfico de influencias y tantas otras situaciones bochornosas. Pero, ¿a qué se debe esto? La respuesta es sencilla: mucho discurso en torno a la importancia de los valores, pero poca acción y práctica de los mismos.

Para muchos, la ética y la política se divorciaron. Es lamentable seguir observando que la manera de hacer política continúa siendo candidatear personajes famosos, con el fin de usar su imagen, o dar dádivas electoreras, aprovechándose de las necesidades del votante que vive en la pobreza, para comprar conciencias y obtener su apoyo.

¡Esto debe acabarse! La política se ha prostituido desde los mismos partidos. El elector ya no confía en los candidatos existentes, sin importar la bandera o agrupación a la que pertenece, porque la corrupción y la “política maquiavélica” han irrumpido hasta en aquellos movimientos que ofrecían verdadero cambio.

El mal accionar de los políticos es un boomerang que afecta con mucha fuerza a la ciudadanía, especialmente, a los más pobres. ¿Por qué? Porque el que solo ve a la política como un medio para servirse de los demás, no podrá generar políticas públicas que beneficien a la mayoría de ciudadanos, sino a un pequeño grupo económico y de intereses afines. Pero, ¿a qué deriva la falta de ética en la política? Esto, ocasiona que el elector se decepcione y deje de participar. Adicionalmente, verá a la política como el arte de servirse y no de servir; haciendo que, frente a los procesos electorales, el índice de indecisión se dispare. Por citar un ejemplo, hoy en Chiapas un porcentaje de electores no saben por quién votar porque está viendo como candidatos muchos chapulines. Debemos pensar en el futuro. En pocos días, el 6 de junio los mexicanos elegiremos Diputados Federales, Diputados Locales y Presidentes Municipales, quienes se convertirán en los Legisladores y los Ayuntamientos municipales. Frente a esta elección, millones se preguntarán: ¿por quién debo votar? Dicho cuestionamiento tiene su raíz, entre otras, en que la política nos ha decepcionado. La gente no cree en ella, porque a la ética se ha alejado de ella. Por tanto, es tiempo de que votemos con ética. Asegurémonos de elegir a los candidatos que tengan sus valores y principios bien constituidos. Basta de los políticos que solo trabajan con fines electoreros y no con el objetivo de lograr profundos cambios en la sociedad. Debemos, con nuestro voto, recordarles a los candidatos que la política es el arte de servir a los demás, y no de servirse a sí mismos.

 

 

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