Letras Desnudas

Mario Caballero

De risa loca. Vaya puntada que se aventó el diputado Marcelo Toledo al acusar de oportunista a Enoc Hernández Cruz, quien ha manifestado la ambición de convertirse en dirigente estatal de Morena.

No es que haya lanzado una acusación sin motivo. Todo lo contrario, si tuviéramos que describir a Enoc en una sola palabra ésta sería oportunista. Es uno de los peores actores políticos que ha surgido en épocas actuales, que para subir en la escalera del poder pisó a más de uno e incluso sacando ventaja hasta de sus benefactores. El caso aquí es la congruencia.

Marcelo Toledo, al descalificar a Enoc, ha violado la regla no escrita de que para tener la lengua larga hay que tener la cola corta. ¿Quién es él para desacreditar y reclamar honestidad? Es como si Hitler hubiera denunciado a un dictadorzuelo caribeño de genocida.

La verdad es que tanto Marcelo como Hernández Cruz cojean del mismo pie. Son, como se dice popularmente, coyotes de la misma loma. Por eso, ¿deberíamos tomarlo en serio? Estoy seguro que no. “El comal le dijo a la olla”, cantaría Gabilondo Soler. Y, en el caso de Marcelo Toledo, estamos hablando de un enorme comal con un serio problema de credibilidad pública.

LOS AULLIDOS

El motivo de Marcelo Toledo es entendible. Igual que Enoc, también quiere la dirigencia estatal de Morena, con la pretensión de que al tener el control del partido pueda satisfacer su apetencia de alcanzar la candidatura a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, que ha sido su sueño desde que adquirió la militancia y que se le frustró en las pasadas contiendas electorales.

Aunque también está el supuesto de que teme que el oriundo de Jiquipilas le coma el mandado. En una carrera pareja entre él y Enoc Hernández tiene pocas probabilidades de ganar. Por un lado, no cuenta con el respaldo de las bases, a las que tanto humilló, denostó y violó en sus derechos políticos en los comicios del año pasado en complicidad con Ciro Sales Ruiz, todavía presidente de Morena en Chiapas. Por el otro, Enoc es más habilidoso que él, además de mañoso, trampero y ha demostrado saber moverse en aguas tormentosas.

Pero el asunto en este momento no es ese, sino la incongruencia de Marcelo Toledo, que al acusar de oportunista y deshonesto a Hernández Cruz escupe su propia podredumbre.

Los dos presumen ser de esos políticos surgidos de la cultura del esfuerzo, pero nunca ha sido así, al menos en lo que respecta a sus carreras políticas.

En el caso de Enoc Hernández, para empezar, carece de ideología. No se sabe si es de derecha, izquierda o centro. Obtuvo un cargo público por el PAS, un partido desaparecido que se encuadraba en el espectro tradicional de derecha. Luego fue del PT, que se dice de izquierda y que idealiza los gobiernos tiranos como los de Cuba o Venezuela. También ha trabajado para el PVEM, una institución rémora que desde su fundación ha vivido pegado a la teta de los partidos grandes.

Durante la administración anterior, saltó como dirigente estatal de Podemos Mover a Chiapas, conocido como el partido morado, y ahora quiere ser de Morena, alegando estar de acuerdo con los postulados del presidente Andrés Manuel López Obrador, al que antes tachó de loco y de estar enfermo de poder. Es decir, es una veleta que apunta su dirección de acuerdo a los vientos que mueven sus intereses.

Marcelo Toledo no canta mal las rancheras. Su ideología es el poder y su interés el dinero. ¿Es de izquierda? Para nada. Lleva casi cuatro años como diputado local y no ha lanzado ni una sola iniciativa que pretenda fortalecer el estado de bienestar de los ciudadanos o propuestas que busquen garantizar los derechos básicos como la salud, educación, el empleo, en especial por las clases desprotegidas, como los indígenas, por ejemplo.

Ahora bien, señala de oportunista a Enoc Hernández y él, siendo presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado en la pasada legislatura, aprovechó su posición para impulsar su propio proyecto político, colocar a gente a modo tanto en el parlamento como en el partido y fue acusado de utilizar recursos del Poder Legislativo para promocionar su imagen. Además, gente de su familia estuvo incrustada en la nómina institucional, cobrando jugosos sueldos y algunos sin trabajar.

A todo esto, ser dos veces diputado local plurinominal, y todo por la complicidad que lo une con Ciro Sales, es un claro acto de oportunismo.

Enoc Hernández, por consiguiente, se coló en el poder gracias a sus amistades, no por méritos. No olvidemos que es ahijado político del exgobernador Pablo Salazar, quien lo impulsó como regidor y luego como presiente municipal de San Cristóbal de las Casas. Después, el mismo Pablo, bajo acuerdos con el infame Amadeo Espinosa, dueño de la franquicia del Partido del Trabajo en Chiapas, ganó un escaño en el recinto legislativo local.

Inolvidable será el hecho de que buscando ser candidato a la gubernatura en 2018 por la alianza encabezada por el PRI, falsificó un documento en el que declaraba su renuncia a la diputación federal plurinominal, misma que le había otorgado dicha alianza partidista por acuerdos con el anterior mandatario, a quien llama “compadre”. Sin embargo, al final no fue candidato y quedó fuera del Congreso de la Unión. Le pasó igual que al perro de las tortas. Pero, aun así, eso es lo que se llama oportunismo.

Ahora bien, tanto uno como el otro no pueden negar que se han beneficiado de la política.

Toledo Cruz era un don nadie antes de Morena. No pasaba de ser un contador público de medio pelo que supuestamente se desempeñaba como docente en el Colegio de Bachilleres de Chiapas (Cobach). Y si digo supuestamente es porque se dice que durante años cobró como aviador.

Hoy, sin embargo, es uno de los nuevos millonarios de Chiapas, que presuntamente se llenó los bolsillos desviando recursos del Congreso local y con la venta de candidaturas de Morena en las pasadas elecciones en complicidad con Ciro Sales.

Enoc Hernández, por su parte, pasó de ser un abogado que medio vivía como locutor de radio a ser uno de los hombres más potentados del estado, con ranchos, residencias, automóviles de lujo, concesiones de transporte público y empresas de distintos giros, incluyendo medios de comunicación.

SERÍA LO PEOR

A estas alturas, Marcelo Toledo debería ubicarse en su justa dimensión. No es más que un político intrascendente, sin una pizca de congruencia, vulgar, venido a más por mera coyuntura política (efecto López Obrador), incompetente y, lo peor, señalado de corrupto.

Enoc Hernández Cruz es lo peor que podría pasarle a Morena. Por más que diga que es partidario de los ideales y del movimiento del presidente López Obrador, no se quitará la inmundicia y la fama de atracador. Porque institución que dirige, institución que atraca. Prueba de ello están el Icatech, que tuteló en dos ocasiones en el mismo sexenio, y el partido Mover a Chiapas, a los que administró como si fueran sus empresas personales. Tanto así que hasta las niñeras de sus hijos estaban en la nómina.

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