Letras Desnudas

Mario Caballero

El 2024 pinta que será un año convulso, complejo, intenso. Un nuevo ciclo que, debido a que se desarrollarán las elecciones más grandes en la historia democrática de México, pondrá a prueba a las instituciones y sacará lo mejor y lo peor de la clase política, los partidos y, por supuesto, nosotros mismos.

Por eso deseo que todo lo que ocurra a lo largo del próximo año sea para el bienestar de todos, en el que principalmente tengamos salud, trabajo, un techo bajo el cual protegernos del calor, la lluvia y el frío; en el que aprendamos a ser solidarios, amables, tolerantes, respetosos y mejores ciudadanos; en el que disfrutemos de largas caminatas, hermosos atardeceres, buenas conversaciones; en el que nos acompañemos de amor, la familia, amigos, colegas, música y muchos libros.

PARA MI PAÍS

También deseo que el odio y el fanatismo desaparezcan de la conversación pública, de los foros de debate, de las redes sociales, ya que sólo exacerban los enconos entre las personas, grupos, comunidades y pueblos.

Deseo que acabe la polarización que ha envenenado el corazón de la sociedad, dividiéndonos entre buenos y malos, liberales y conservadores, morenistas y prianistas, chairos y aspiracionistas. Pues esto ha conseguido no sólo dividirnos como mexicanos de primera y de segunda, sino también enemistarnos, bloquear los acuerdos y cegar a la gente, permitiendo al mismo tiempo la escalada de violencia que actualmente nos golpea como un martillazo en la frente.

Deseo que las conferencias de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador sean verdaderos ejercicios de comunicación social, en las que se informe a la ciudadanía sobre las actividades, acciones y decisiones tomadas por el gobierno en aras de obtener el bien común, y no tribunales donde se hagan ajustes de cuentas políticos, se satanice a la oposición, se difame a ultranza a medios y periodistas, se descalifique a los que piensan distinto, se repartan privilegios o castigos al placer del supremo, se den órdenes veladas de atacar a actores políticos que cuestionan o que no son parte de la llamada Cuarta Transformación y donde se decrete qué es moral o inmoral, justo o injusto, honestidad y corrupción.

Deseo que el gobierno reconozca que las cosas no están saliendo bien en materia de seguridad y combate al crimen organizado. No lo digo yo, ni los medios, ni la oposición que sigue desaparecida, sino las estadísticas elaboradas por las mismas autoridades federales. Pues, además, así como no se puede tapar el sol con un dedo, tampoco se pueden ocultar las masacres como la recientemente ocurrida en el estado de Guanajuato, donde varios jóvenes indefensos fueron asesinados por un presunto grupo criminal durante el festejo de una posada.

Deseo que Claudia Sheinbaum, de ganar la elección presidencial, dé un paso atrás en la estrategia de los abrazos y no balazos, cuyos resultados han sido los peores. Muestra de ello son los 169 mil 526 homicidios dolosos acumulados en el último lustro, cifra que es superior en 52 por ciento a los perpetrados en los primeros cinco años del gobierno de Felipe Calderón e incluso 37% más que en el mismo periodo de Peña Nieto. Estamos hablando que todos los días se cometen 93 homicidios, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Deseo que cesen los embates a la Corte, ya que ese pleito del Ejecutivo por poblar el Poder Judicial va en contra del proceso de transformación de la vida pública del país que se prometió al inicio de esta administración. Inclusive, las reformas legislativas que se pretenden impulsar para cambiar la elección de los ministros se entienden como un intento absurdo, retrógrado y autoritario por politizar los cargos del máximo tribunal del país. Es más, el sólo intento de cambiar la Constitución en este sentido es una afrenta al arreglo republicano que tanto tiempo, sudor y sangre nos costó instaurar.

Deseo que el INE sea un verdadero árbitro electoral. Uno que sea imparcial, que mida las acciones de los candidatos y partidos con la misma vara, que ejecute sus sentencias con autonomía, que haga valer y respetar la ley sea quien sea, que organice unos comicios ejemplares y que proteja la voluntad del pueblo.

Y es que hemos avanzado tanto estos últimos 24 años, en los que es clara la madurez de la democracia y la solidez de las instituciones electorales, que sería terrible que por servilismo del INE hacia al Ejecutivo y al partido gobernante demos pasos atrás en la legitimidad de las elecciones y en la consolidación del régimen democrático.

Deseo que se deje de atacar a los órganos autónomos. El gobierno del presidente López Obrador, con tanto apoyo popular que tiene en estos momentos, no necesita eliminar a estos organismos que de alguna manera sirven de contrapeso al poder y revisan la legalidad de las acciones gubernamentales, a la vez que supervisan el desempeño del gobierno en distintos rubros de la administración pública.

Por lo contrario, al enfrascarse en debates contra estas instituciones sobre las que se nota el interés de controlar o subyugar inclusive con reformas constitucionales radicales, lo único que revela es autoritarismo, ambición por dominarlo todo, por acumular poder, conducirse sin ninguna vigilancia, sin diques y, peor todavía, instaurar un gobierno hegemónico como el que tuvimos durante más de 70 años con el PRI.

PARA MI ESTADO

Para Chiapas deseo que el gobierno del doctor Rutilio Escandón Cadenas continúe con la firmeza de transformar la realidad del estado. Pues en estos cinco años son muchos los logros obtenidos. Hay seguridad, paz social, buenos servicios en materia de salud; se restauró el Estado de derecho; hay avances en la recuperación del tejido social; se redujo la deuda pública heredada por las administraciones pasadas; se ha hecho justicia social a través de la obra pública y gracias a la política de austeridad, transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción las finanzas estatales gozan de cabal salud y la economía se encuentra estable.

Deseo que las elecciones estatales se lleven a cabo con civilidad política, seguridad, sin brotes de violencia y en las que los candidatos se conduzcan con estricto apego a las leyes electorales.

Deseo que el próximo gobierno consolide la Cuarta Transformación. No tengo duda que Eduardo Ramírez Aguilar será un gobernante que fortalecerá el movimiento obradorista en el estado, con un proyecto que vigilará el uso correcto de los recursos públicos, antepondrá el interés colectivo y desechará las ambiciones personales y, sin lugar a dudas, no decepcionará la confianza de la gente. Todo lo contrario, conociendo su trayectoria y desempeño en la administración pública, es casi una realidad que su gobierno será de puertas abiertas, transparente, vanguardista y empujará a Chiapas a una situación de desarrollo, progreso y bienestar.

Deseo que personajes como Uriel Estrada Martínez, Aquiles Espinosa García, María Bonifaz Alfonzo, Ismael Brito Mazariegos, Amadeo Espinosa Ramos, Freddy Escobar Sánchez y Marcelo Toledo Cruz, quienes caben en el mismo costal, sean llamados a rendirle cuentas a la justicia por los señalamientos en su contra por corrupción, desvío de recursos públicos y enriquecimiento ilícito.

Esta columna se tomará un descanso. Nos leemos el próximo ocho de enero. Felices fiestas.

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