El Encuentro ERA y Sabines: Dos Reflexiones

Letras Desnudas

Mario Caballero

Merecidas o no, me tomé dos semanas de vacaciones. A mi regreso, me entero de que el titular del Ejecutivo estatal sostuvo una reunión institucional con el exgobernador Juan Sabines Guerrero. Un encuentro que generó un alud de opiniones. No era para menos.

No sé usted, amable lector, lectora, si alguna vez en su infinita imaginación creyó posible que sucediera algo así. En lo personal, no. Sin embargo, un evento de esta magnitud política merece el debido análisis. Propongo, por lo menos, dos reflexiones.

LA PRIMERA

Nadie debería sentirse sorprendido por este encuentro. Eduardo Ramírez Aguilar es un hombre firmemente comprometido con la democracia. La promueve y la defiende. Es, propiamente dicho, un paladín de la democracia o, como me gusta llamarlo, un genio político.

Desde el inicio de su carrera ha destacado por su alta habilidad estratégica, su estricto apego a la ley y su apertura al diálogo. No por nada en los últimos años ha recibido elogios por su destreza para gobernar sin romper las reglas. Sin dejar de lado, por supuesto, su talento para sumar acuerdos.

Por lo mismo, en el sexenio pasado fue considerado como uno de los mejores senadores que ha tenido Chiapas en la historia y, ahora mismo, como el gobernador que está transformando la realidad de miles de familias en todo el estado. Ha logrado recuperar la paz social, la seguridad y está abriendo el camino anhelado hacia el progreso, sobre todo de las comunidades históricamente marginadas.

No está por demás mencionar que es un estratega hábil, con un récord electoral histórico, una sólida formación académica y una gran capacidad de negociación política.

Su liderazgo en Chiapas se ha consolidado a través de una transición partidista, una victoria contundente y, hoy por hoy, goza de altos niveles de aprobación. Distintas encuestas lo colocan como el mandatario mejor calificado del país. Y los resultados de su administración lo constatan.

Dicho esto, no hay motivos para sorprendernos por su reciente encuentro. De hecho, antes había tenido reuniones institucionales e informales con otros exmandatarios de Chiapas. Como con Jorge de la Vega Domínguez, Julio César Ruiz Ferro y Manuel Velasco Coello. El último es Juan Sabines Guerrero, quien desde que dejó el poder en 2012 no había vuelto a poner un pie en el estado.

Es más, la política, cuando se ejerce desde la mezquindad, suele alimentarse del aislamiento, la exclusión y la perpetuación de enconos pasados. Empero, cuando se conduce desde los principios del humanismo y la madurez institucional, se transforma en un poderoso instrumento de cohesión social.

De este modo, su encuentro con Sabines Guerrero es un testimonio fehaciente de esta segunda vía: la de la alta política que edifica puentes donde otros prefieren cavar zanjas.

Recibir en la sede del Gobierno del Estado a un exmandatario tras más de una década de distancia no es un acto fortuito ni meramente protocolario. Todo lo contrario, es una manifestación de magnanimidad política.

Con ello, Eduardo Ramírez demuestra que su liderazgo político en la entidad no necesita de la polarización para legitimarse. Su convicción neoestoica y conciliadora le permite entender que gobernar con grandeza implica reconocer a quienes, en distintas épocas y desde sus respectivas trincheras, han llevado las riendas del destino chiapaneco, hayan sido como hayan sido sus resultados.

Inclusive, en los distintos comunicados del evento, se dijo que la reunión sirvió para rememorar la época en que ambos coincidieron como servidores públicos, Eduardo Ramírez presidiendo de manera destacada la alcaldía de Comitán y Sabines como gobernador del estado.

Pero más allá de las anécdotas compartidas, el valor del suceso radica en su carácter institucional. Más claro todavía, abrir las puertas al diálogo con figuras del pasado no debilita al gobernante en turno; por el contrario, robustece la estabilidad y la paz social que la ciudadanía tanto demanda y que hoy se percibe con claridad en la entidad.

Cierro esta primera reflexión diciendo que la magnanimidad de Eduardo Ramírez al propiciar este espacio de respeto mutuo ratifica que su administración transita con paso firme hacia un humanismo transformador, demostrando que la verdadera fuerza radica en su generosidad política y en su inquebrantable vocación de unidad.

SEGUNDA

La segunda reflexión, más que eso, es un llamado a Juan Sabines Guerrero a que no confunda la gimnasia con la magnesia.

A pesar de que en días pasados se haya despedido de los chiapanecos, no debe confundir, bajo ninguna circunstancia, el saludo protocolario con el actual titular del Ejecutivo estatal. No fue una rendición de cuentas aprobada o un cínico “borrón y cuenta nueva”.

Los agravios financieros ahí siguen, así como el endeudamiento histórico por más de 40 mil millones de pesos que heredó su administración y el estancamiento social.

Sabines Guerrero debe entender cuál es su realidad política actual: su tiempo ya pasó.

Su figura no representa un liderazgo activo.

Su voz no es de consulta obligada.

Su lugar es el de un simple objeto decorativo en el inventario histórico de Chiapas.

Ningún chiapaneco con dos dedos de frente olvida que su gobierno (2006-2012) fue una de las épocas más oscuras y costosas para el pueblo de Chiapas.

De nada le sirve que sus panfletistas salgan hasta con cartones diciendo que su presencia en Chiapas vino a alborotar el gallinero.

Menos todavía que se muestre en las redes sociales con sus antiguos colaboradores, esgrimiendo que son o fueron grandes funcionarios públicos, comprometidos con las mayores causas de la sociedad.

Como hizo recientemente con Manuel Burgos García, quien fue maletero de José Antonio González Fernández, exlíder nacional del PRI, y en su gobierno fue subsecretario de Relaciones Públicas y luego subprocurador de Justicia bajo la gestión de Mariano Herrán Salvatti.

Durante esos años, Burgos sólo se dedicó a amenazar, hostigar y acosar al que se le pusiera en frente, en un flagrante abuso de autoridad, pero en lo profesional fue un don nadie, que sólo se aprovechó del puesto para presuntamente llenarse los bolsillos.

En la misma situación está su excolaborador Carlos Castellanos Mijares, apodado el “lagrimitas”, su consejero jurídico, quien cerró su gestión bajando recursos a través de la entonces Secretaría de Desarrollo Social para la modernización del Registro Público de la Propiedad y el Catastro, pero al final todo terminó en fraude. Nada se supo del destino de esos cuantiosos recursos.

Para su propia vergüenza, el viejo Registro Público de la Propiedad se convirtió durante la administración de Ramírez Aguilar en el nuevo Instituto Registral del Estado de Chiapas, el cual ahora brinda un mejor servicio mediante la digitalización de los procesos, la reducción de la burocracia y una mayor certeza jurídica para los ciudadanos. Lo cual demuestra que, cuando se tiene la voluntad política para cambiar las cosas para bien, simplemente se hacen.

EN SUMA

Concluyo esta reflexión con que Juan Sabines Guerrero carece de calidad moral, de voz y voto en las decisiones presentes y futuras de Chiapas, entidad que hoy se construye mirando hacia adelante, sin los fantasmas del pasado que sólo sirven de recordatorio de lo que jamás se debe volver a repetir.

[email protected]

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *