Letras Desnudas
Mario Caballero
Si el poder es capaz de corromper y marear hasta al hombre más honesto y cabal, ¿por qué no podría volverlo loco?
Ejemplos hay muchos. Ahí está Gustavo Díaz Ordaz que se pasó durante su campaña y los primeros años de su presidencia diciendo que no dejaría que sus familiares utilizaran el puesto que tenía en ese entonces para pedir favores pues decía que la patria es primero, pero no sólo dejó que muchos de sus parientes metieran mano en las arcas del país, sino pasó a la historia como el presidente que ordenó una de las masacres más dolorosas del siglo pasado: la matanza de Tlatelolco.
O el caso del expresidente Miguel de la Madrid, quien causó una gran impresión en el pueblo por su campaña que prometía una “renovación moral” y hasta se ufanaba de tener la respuesta sobre cómo acabar con la corrupción. ¿Y qué pasó? Pues que no hubo ninguna revolución moral y su supuesto plan de acabar con la corrupción consistió en repetir y repetir “yo sé cómo”. Es más, dejó abandonados a su suerte a miles de personas que resultaron damnificadas por el terremoto de 1985 y favoreció el fraude electoral con el que Carlos Salinas ganó la presidencia en 1988.
Un ejemplo más cercano es el de Juan Sabines Guerrero. El hijo no reconocido del exgobernador Juan Sabines Gutiérrez juró que continuaría el enorme legado que había dejado su presunto padre, asimismo que haría de Chiapas una tierra de oportunidades, que lucharía por la gente más necesitada del estado, verbigracia, los indígenas y campesinos, para que tuvieran servicios de salud de calidad, escuelas en sus comunidades y apoyos económicos a través de programas de desarrollo rural sustentable, logrando con ello honrar el apellido Sabines, que tiene una larga historia en el estado.
Sin embargo, su gobierno fue una borrachera de promesas incumplidas, fue el causante de que más de 350 mil chiapanecos pasaran a la pobreza y terminó generando una deuda por más de 40 mil millones de pesos para el estado.
Por eso, a mí, con todo respeto, como dice el señor de Palacio Nacional, que no me vengan los políticos que compiten por un cargo de elección que van a ser honestos y que entregarán su vida por el pueblo. Una vez que llegan al poder se vuelven locos y desmemoriados.
Tal es el caso del alcalde de Copainalá, Javier Eliecer Vázquez Castillejos, que fue exhibido en redes sociales el martes pasado gritándoles majaderías a los habitantes, tratándolos con prepotencia, amenazándolos con la policía municipal, diciéndoles “a mí no me van a venir a gritar”, y ¿por qué? Porque este grupo de personas llegó a reclamarle a su oficina que cumpliera con el pago de un predio que compró hace algunos meses.
Aquí se cumple lo que dice el dicho: “el que nunca tuvo y llega a tener, loco se quiere volver”. Le diré por qué.
“EL GALLO”
Por alguna absurda razón a Javier le apodan “El Gallo”. Cosa de lo que él se siente orgulloso, pues hasta utilizó el mote en su campaña y firma con él la semblanza que está publicada en la página oficial del Ayuntamiento de Copainalá.
Pero lo verdaderamente importante en este presidente municipal no es su absurdo alias, sino que su falta de madurez como persona empata con su inmadurez política. Sólo alguien que carece de experiencia, de sólidos principios morales y de una convicción política real, pierde el piso apenas pone un pie en el poder. O como comúnmente se dice: “Hay quien se sube a un ladrillo y se marea”.
Estupidez, de acuerdo con la Real Academia Española, es la “torpeza notable en comprender las cosas”. Pues bien, ni siquiera había pasado un minuto de haber rendido protesta y Javier Vázquez es un torpe que no entiende que fue elegido para gobernar, esto es, administrar honesta y responsablemente los dineros del municipio, emprender acciones que favorezcan la estabilidad social, la seguridad, la convivencia, los servicios de salud y, conforme lo permitan los recursos, construir obras que satisfagan las necesidades de los habitantes. En pocas palabras, trabajar por el bien común.
Pero no. El Gallo ahora se siente muy gallo. Antes de ser alcalde no había ejercido otro cargo relevante en la administración pública; sin embargo, ahora cree que lo sabe todo y que lo puede todo. Por eso mismo, ni siquiera llega a las sesiones de Cabildo. Una barbaridad.
¿Dónde quedó aquel muchacho humilde que estuvo durante años buscando una oportunidad para competir por la presidencia municipal de su tierra natal? ¿Dónde está ese que juraba que sus motivos por participar en la política eran la lucha y el empeño por servir a su pueblo? ¿Dónde aquel candidato que dijo que trabajaría para construir un Copainalá mejor? ¿Dónde el político que aseguraba que siendo alcalde honraría el ejemplo que le dieron sus padres?
Porque actualmente Javier Eliecer Vázquez es un gobernante petulante y majadero. Que exhibe en cada una de sus acciones que no sólo no sabe gobernar, sino que su pretensión es salir de pobre a costa del erario público.
Antes de alcanzar el poder, iba con el peluquero. Ahora se arregla el cabello en las mejores estéticas de Tuxtla Gutiérrez. Antes vestía ropa modesta, sencilla, de acuerdo al nivel de sus posibilidades económicas; ahora, viste ropa de la marca Harmont & Blaine, que venden en la prestigiosa tienda El Palacio de Hierro, y de la que una camisa de las más económicas puede llegar a alcanzar un valor cerca de los cinco mil pesos. ¿Y por qué? Porque quiere dar la apariencia de ser todo un potentado.
Su incompetente gestión se caracteriza, aparte de la falta de agua potable en las comunidades y colonias, así como la nula construcción de obras, por el nivel de inseguridad que permea en el municipio.
Se dice que desde que tomó protesta, una empresa de servicio de entregas a domicilio opera en la ilegalidad y se presume que bajo su tolerancia y protección. Se trata de “VIP Mandaditos”, que supuestamente distribuye todo tipo de drogas en horas de la noche y en la madrugada, con el pretexto de vender refrescos y chucherías.
Por si fuera poco, Vázquez Castillejos gobierna a punta de garrote. Sí, se confronta con la población. Así como hace con aquellas personas que se atreven a reclamarle por sus promesas incumplidas, también les avienta la fuerza pública a sus opositores.
Esto fue lo que vimos hace unos días en el video difundido por redes sociales. Él amenazó a los pobladores de la comunidad Guadalupe con meterlos a la cárcel si seguían con sus protestas, y es que esta gente le pedía cuentas por el predio que compró por la cantidad de 500 mil pesos y que desde hace dos meses y medio se niega a pagar. Lo más lamentable es que en ese predio existe un manantial con el cual se abastecería de agua a la población.
A la sazón, que El Gallo ni paga el precio pactado por el predio y, por lo mismo, la gente sigue sin agua. Según comentó un poblador de mencionada comunidad, el alcalde “totalmente palacio” pactó darles un anticipo de 200 mil pesos. Pero tal parece que su intención es quedarse con el valioso terreno.
¿HASTA DÓNDE?
¿Hasta dónde llegará la prepotencia de Javier Eliecer Vázquez? A quien el poder no solamente cambió, sino que también lo tiene mareado.
@_MarioCaballero










