Letras Desnudas

Mario Caballero

La marcha a favor del presidente Andrés Manuel López Obrador no decepcionó a nadie. Se llevó a cabo tal como muchos lo esperaban y predecían.

Fue multitudinaria, una fiesta en nombre y para celebrar el poder, un mar de gente que salió creyendo que apoyaba el movimiento de transformación de la vida pública del país; una demostración de poderío, una señal de lo que es capaz de lograr el oficialismo para saciar sus fines electorales y una confrontación política del gobierno federal, con mucho músculo, ante los intentos de la oposición por hacer notar su programa y su descontento con las decisiones del régimen.

La celebro. En parte porque su sola realización es indicativo inequívoco de que existe democracia en México y que por lo mismo también indica cuan necesarias son las instituciones y los órganos autónomos para hacerla valer y respetar.

Aunque, obviamente, nadie la puede entender y mucho menos presentar como un triunfo de la pluralidad, como algunos de los líderes de Morena han querido hacerlo, pues no hubo convergencia de ideologías y posturas políticas diferentes en ella, sino fue una victoria del oficialismo que utilizó toda su estructura y todo su poder para sacar a decenas de miles de personas para festejar a un solo hombre: el presidente López Obrador.

Lamento, por otra parte, que transcurrió entre el desorden, el evidente acarreo de manifestantes y donde inclusive corrió riesgos la integridad física del mandatario, que tuvo que caminar entre empujones, golpes y apretujones durante más de cinco horas desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo de la capital del país, que no se llenó.

Claudia Sheinbaum dijo en un video en sus redes sociales que a la marcha habían acudido un millón 200 mil personas, pero eso no es cierto. Su dicho no aguanta una foto. Imágenes tomadas antes y durante el mensaje muestran grandes huecos en el Zócalo. Muchos de los manifestantes abandonaron el recorrido ante la lentitud de la caminata y otros que esperaban en la explanada se retiraron antes de que arribara el presidente e incluso cuando daba su discurso.

Las que si se llenaron fueron las calles aledañas a la marcha. Todas saturadas de miles de camiones, peseros y vehículos que fueron utilizados para movilizar a buena cantidad de manifestantes. Hubo camiones rentados, autobuses oficiales e incluso un camión de un equipo de fútbol de Campeche y ocho unidades del metrobús capitalino también usados para acarrear a la gente.

Pero lo que más lamento es la presencia de políticos oportunistas. Sí, esos que llegaron con afán protagónico, para obtener sus quince minutos de fama y con claros intereses políticos más que por apoyar al presidente.

OPORTUNISTAS

De estos hubo muchos. Pero quiero concentrarme en dos personajes conocidos por todos nosotros, que para el colmo son marido y mujer: Juan Sabines Guerrero e Isabel Aguilera de Sabines.

Abramos esta crítica aclarando que el propósito fundamental de la marcha fue demostrar respaldo al gobierno del presidente Andrés Manuel. Lo cual es legítimo y que él mismo expresó como: “vamos a definir qué nos inspira, de dónde venimos…”.

Entonces, ¿qué respaldo podría demostrar, o mejor dicho, dar Juan Sabines y su esposa al régimen de la Cuarta Transformación, sobre todo meditando que el fin primero y último de éste es lograr un cambio en las formas de ejercer el poder en México? A la verdad, ninguno.

Si no conociéramos a Sabines diríamos que su asistencia a la marcha fue por otorgarle un apoyo real al tabasqueño y que el mensaje de su pancarta también fue con motivos reales: “El pueblo presente marchando con el presidente”.

Lo mismo hubiéramos dicho del cartel de Isabel Aguilera: “Con AMLO por Florida. Vivan los migrantes. Viva la 4T. Viva México”. Pero no es así.

Sabines ha sido siempre un oportunista. Si se ha acercado a tal o cual persona y si alguna vez se mostró solidario con algunos de ellos, no fue con buenos propósitos sino para alimentar su hambre de poder y dinero.

De esto saben mucho algunos priistas, a los que traicionó, persiguió y en varios casos encarceló injustificadamente después de que le dieron trabajo, dinero para que alimentara a su familia y especialmente la oportunidad para que construyera una carrera política en Chiapas, pues cuando vino de la Ciudad de México no tenía ni para comer.

Algo similar hizo con algunos empresarios prominentes en el estado. Quienes desinteresadamente le consiguieron un lugar decente donde vivir y hasta le regalaban ropa para que se vistiera él y su esposa. Muy bien sabe concretamente a quien nos referimos. Al final, Sabines le propinó una puñalada en la espalda en su memoria.

La lista de traiciones es larga, pero con esto basta para representar que si Sabines marchó el domingo no fue para darle respaldo al presidente, sino para obtener ganancias políticas de ello. Principalmente, protección. Sabe que, si cae de la gracia, si es despedido de la titularidad del Consulado en Orlando, Florida, podría caer en las manos de la justicia por los delitos que cometió y por los miles de millones de pesos con los que defraudó las arcas de Chiapas durante su gobierno (2006-2012).

A todo esto, ¿en qué sentido podría favorecer al gobierno de AMLO si él es uno de los más reprobables símbolos de la corrupción de Chiapas y México?

Siendo gobernador de Chiapas bursatilizó ilegalmente 5 mil millones de pesos del impuesto sobre nóminas, desapareció miles de millones de pesos de los fondos del Isstech, expropió bajo actos ilegales inmuebles y terrenos propiedad del Estado, creó una red de empresas fantasmas para el desvío de recursos públicos y terminó por hipotecar la vida de los chiapanecos con una deuda por 40 mil millones de pesos.

Se comenta que parte de ese dinero que obtuvo vía la corrupción está invertido en bienes raíces en el estado de Guerrero, donde tiene diversos negocios.

Esto sin mencionar que tiene una demanda en su contra desde 2013 en la Fiscalía General de la República, antes PGR, por delitos como peculado, tráfico de influencias, asociación delictuosa, abuso de autoridad, desvío de recursos públicos, entre otros, que hasta el momento está congelada, pero que podría reactivarse si llegara a perder la protección que le proporciona dicho cargo diplomático.

En una situación similar se encuentra su esposa, que al término del sexenio saqueó el inventario de la Casa de las Artesanías de Chiapas, entre prendas de vestir, objetos decorativos, alhajas de ámbar, etcétera, que pasaron a ser de su propiedad de manera ilegal.

Tal vez por eso Juan Sabines Guerrero e Isabel Aguilera siguen juntos, incluso después de los muchos años en que él le ha propinado todo tipo de agravios y bajezas de toda índole, que son del dominio público. Como dice el dicho: son tal para cual.

COCHAMBRE

En resumidas cuentas, la marcha de AMLO cumplió con su propósito, sin dejar de ver la mancha que le deja el evidente acarreo de gente, coaccionada o pagada con presuntos recursos públicos. Y la presencia de funcionarios non gratos además de hampones como el caso de Juan Sabines, cuyo oportunismo la ensucia todavía más.

@_MarioCaballero

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