Letras Desnudas

Mario Caballero

El tema del momento es Xóchitl Gálvez. Ni dudarlo.

De pronto, pasamos de hablar de las famosas “corcholatas” del presidente López Obrador a la “xóchitlmanía”: un fenómeno mediático que, hasta ahora, configura un tanque de oxígeno para la oposición que apenas hace una semana se encontraba en terapia intensiva, moribunda, sin ningún virtual candidato con la capacidad y talento para hacerle frente a la candidata o el candidato del oficialismo en la contienda presidencial.

Irónicamente, quién se iba a imaginar que el presidente sería su principal promotor. De hecho, de no haber sido porque él le negó la entrada a Palacio Nacional para que ejerciera su derecho de réplica, la senadora de origen hidalguense seguiría soñando con ser candidata pero por el gobierno de la Ciudad de México.

LAS MAÑANERAS

El presidente creyó que atacando a Xóchitl Gálvez desde su conferencia de prensa matutina, conocida popularmente como “mañaneras”, obtendría el mismo resultado que en sus anteriores embestidas contra sus opositores. Es decir, achicarla, desvalorarla, acabar con todas sus aspiraciones políticas, cualquiera que fuera. No fue el caso.

Las mañaneras le han servido al presidente no tanto para informar, sino más bien para proponer, manejar y controlar la agenda política nacional. Y hasta ahora, no le había fallado la estrategia.

Desde ellas gobierna y promueve su gobierno, enaltece los supuestos resultados de los programas sociales, informa sobre los avances que hay en materia de seguridad, salud, educación y obra pública y asegura que el país ha entrado a una nueva etapa de la vida pública, que él llama como Cuarta Transformación.

Especialmente, las ha utilizado para acusar a los partidos de oposición de promover la corrupción y ser causantes del atraso y la pobreza moral, económica y política de México; asimismo, ataca a los intelectuales, periodistas, políticos, medios de comunicación, empresarios y organizaciones civiles que cuestionan su gobierno y sus decisiones.

¿Quién pudo contra eso? Hasta hace poco, nadie. No hubo líder político que lo contradijera, que argumentara en su propia defensa y menos que saliera ileso. Todo lo contrario, el que osó enfrentarlo salió peor de lo que estaba. Y ejemplos hay muchos.

En esa lista se encuentran Ricardo Anaya, Felipe Calderón, Vicente Fox, Alejandro Moreno, Marko Cortés y un largo etcétera; escritores como Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze, quienes pese a sus buenos argumentos no han logrado reivindicarse como intelectuales y menos todavía producir un raspón a la envestidura presidencial; medios como Reforma, El Universal, Proceso y organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, que por más alegatos que hizo no pudo quitarse la acusación de servir a los intereses políticos del gobierno estadunidense.

Claro está, todos los antes mencionados, más los que no, tienen cola que les pisen, unos más corta y otros más larga. Una historia poco transparente que los liga de alguna manera al pasado corrupto y neoliberal que tanto ha criticado el presidente López Obrador.

LA ESTRETEGIA FALLÓ

Pero algún día, más pronto que tarde, la estrategia de las mañaneras tenía que fallar. Y ya falló.

Xóchitl Gálvez no es Fox, ni Calderón, ni Cortés, ni Anaya, ni ninguno de los muchos que el presidente ha arrollado en las mañaneras.

Es una empresaria de la que no se conoce que haya recibido privilegios de los gobiernos pasados, no es una política con escándalos de corrupción sobre sus espaldas y al contrario de las corcholatas, en especial Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, cuyos pasados se relacionan con las élites y las familias privilegiadas de México, ella viene del México profundo, de las clases más humildes del país, inclusive más pobres de las que proviene el mismo AMLO.

Así, al atacar el presidente desde el tribunal de las mañaneras la precandidatura de Xóchitl, no hizo más que fortalecerla. Al calificarla de ser “la candidata de la oligarquía opositora” y de ser parte de la “mafia del poder”, anunció que era un perfil digno de desafiar.

A la sazón, no hizo un buen cálculo político. Sabiendo que las mañaneras son una poderosísima herramienta mediática, las convirtió sin querer en la plataforma política con la que la hidalguense catapultó sus aspiraciones, y todo lo que ha hecho hasta ahora para el control de daños ha sido por demás infructuoso.

Algo de lo que también se olvidó o no consideró el presidente López Obrador es la regla no escrita que dice que “la relevancia de un contendiente la establece el tamaño de su rival”. Con ello, creo que ni la misma Xóchitl se imaginó estar algún día al tú por tú, intercambiando golpes, con el mismo presidente de la República.

¿Dónde quedan en todo esto las corcholatas? En segundo plano. Es más, en esta batalla Marcelo y Claudia deberían ser los que enfrenten a Xóchitl, pero lo hace su jefe. Situación que a la verdad funciona más a favor de Gálvez: la capitaliza políticamente, le da mayor exposición mediática y los que antes de esto la desconocían, ahora ya saben quién es y a dónde se dirige.

BATALLA PERDIDA

Incluso me atrevo a decir que esta batalla la tiene perdida el presidente. Veamos.

En primer lugar, cuando Vicente Fox lo atacó obsesivamente para mermar sus posibilidades de alcanzar la Presidencia en 2006, López Obrador terminó convertido en figura nacional. Algo parecido está sucediendo en este momento: mientras más ataca a Xóchitl Gálvez, más crece la imagen de ella y más se posiciona entre el electorado.

Segundo, como se ha dicho, que sea él quien la enfrente en el ring mediático, le otorga a Xóchitl una extraordinaria exposición y eleva su jerarquía. Ella ya no podrá desde ahora ser vista como una simple senadora que aspira a gobernar la capital del país, sino como una rival que va fuerte por la Presidencia.

Tercero, al convertirla en objeto de ataques desde el poder y con evidentes recursos del Estado, sólo la victimiza. Y como sabemos, Xóchitl no es ninguna tonta, ha sabido beneficiarse de ello. Ha dicho: “En Morena me atacan porque están muertos del pánico”, y “le digo al presidente: usted me va a entregar la banda presidencial y yo se la voy a recibir con una amplia sonrisa”.

Cuarto, porque la embestida es ilegal. No hay que olvidar que actualmente hay normas electorales que impiden que los mandatarios utilicen su posición privilegiada de poder para atacar a los candidatos a sucederlo.

Quinto, no hay manera o línea de argumentación en su contra. Descalificar a Xóchitl por su condición de indígena es discriminarla. Aducir que sus logros profesionales provienen del respaldo de los hombres y no de su esfuerzo propio, es un argumento machista además de misógino. Y valorar que por ser un personaje con lenguaje florido y ocurrente no tiene los mínimos necesarios para hacerse cargo de los destinos del país, pone en evidencia la falta de ideas y argumentos para enfrentarla.

¿ABANDONARÁ LA BATALLA EL PRESIDENTE?

Creo que el presidente se equivocó. En lugar de dejar que las cosas se acomodaran en la oposición para tener en Santiago Creel un rival más a modo, hizo crecer a una posible candidata que al final le puede ocasionar serios problemas en la sucesión presidencial.

Lo mejor que podría hacer es abandonar la batalla. Nunca lo ha hecho. ¿Lo hará ahora?

Twitter: @_MarioCaballero

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