Letras Desnudas

Mario Caballero

Mario Rápalo es de Honduras. Lo conocí en un salón de billar que solía frecuentar hasta hace algunos meses.

Mi tocayo es de tez morena clara, estatura media y habla hasta por los codos. El día que lo conocí vestía playera, bermuda, tenis y gorra, visiblemente desgastados. Los otros días que coincidimos en el mismo lugar vestía casi igual. Supuse que esta condición se debía a que enviaba la mayor parte del dinero que ganaba a su familia, que habían quedado bajo el cuidado de su madre, el resto de las ganancias las utilizaba para medio comer y pagar el cuarto donde vivía en compañía de un amigo.

¿Cómo lo conocí? Se acercó a mí para ofrecerme una pulserita. Debo agregar que no era robada. Él mismo las hacía, o mejor dicho, las tejía.

“Amigo mexicano, llevo de todos colores, figuras y si gustas te puedo hacer una con tu nombre si es que no ves ninguna con el tuyo de las que tengo aquí”, me dijo. En un tubo de cartón forrado con terciopelo rojo, exhibía unas 60 o 70 de diferentes tamaños, estilos y colores.

Un primo que estaba conmigo en ese momento le compró para su sobrina una pulserita negra, con rombos formados con hilos en color morado, amarillo y verde. Yo, en cambio, le invité un refresco y una sopa Nissin, que es el alimento más sustancioso que vendían en el billar.

TRAGEDIA

La vida de Mario ha sido una tragedia. O, por los menos, está llena de ellas.

Entre cucharada y cucharada de aquella sopa, me contó que salió huyendo de su país por la violencia. A su padre lo mataron los miembros de una pandilla durante un asalto. Era albañil. Regresaba del trabajo cuando fue interceptado a dos calles de su casa. Le quitaron la paga de la semana, sus herramientas de trabajo y, no contentos con ello, le clavaron una navaja en repetidas ocasiones en el estómago. Los testigos del crimen dijeron que don Ramón ni siquiera se había resistido.

La terrible inseguridad que vive Honduras radica en la narcoactividad de las pandillas, especialmente la Pandilla 18 y MS-13 (Mara Salvatrucha 13), cuyas estructuras son como las del crimen organizado, que operan en los barrios pobres de las principales ciudades, como Tegucigalpa y San Pedro Sula.

Mario, que radicaba en nuestro país desde octubre del año pasado, ya no experimentó el “estado de excepción” que decretó el gobierno de su país a cargo de Xiomara Castro para combatir a estos grupos criminales, medida que surgió ante la presión de la ciudadanía que reclamaba seguir el ejemplo del vecino país de El Salvador, donde el gobierno de Nayib Bukele logró reducir la acción de las pandillas amparado en un estado de excepción que permite detenciones sin orden judicial.

Sin embargo, personas como Victoria Ruiz, quien fue asaltada en su tienda en el barrio La Alemán, cuenta que el estado de excepción “está bien por la inseguridad”. A ella las pandillas le pusieron una pistola en la cabeza, le quitaron su celular y la policía no hizo nada.

Ahora, con esta medida que entró en vigor el 6 de diciembre de 2022 y concluyó el seis de enero pasado, la Policía Nacional fue facultada para detener a las personas que considerara responsables de asociarse, ejecutar o tener vínculos en la comisión de delitos y crímenes.

La muerte de don Ramón fue la primera de la serie trágica de Mario. Cuenta también que una noche, más bien de madrugada, la MS-13 entró a la casa que él había logrado construir con mucho esfuerzo en una colonia de Tegucigalpa (de la que no recuerdo el nombre) y lo echaron a él, su esposa y sus tres pequeños hijos, un varón y dos niñas.

Fue con las autoridades para solicitarles apoyo para recuperar su casa, pero “la policía no tuvo el valor ni para entrar a la colonia” (sic). Así que se quedó sin hogar propio para ofrecerle a su familia, que vive desde entonces con su madre.

Otra tragedia de Mario es la que incluye a su hermano Pablo, quien fue el primero de su familia que salió de Honduras en busca del sueño americano. ¿Lo consiguió? No. Su cuerpo fue devuelto a su país en una caja de madera.

A mediados de 2018, Pablo tomó un atajo de ropa, se hizo de un poco de dinero y al llegar a México trató con un “pollero” para que lo pasara al otro lado. Pero en uno de los muchos caminos de extravío que utilizan los traficantes para burlar los controles policiales de la Frontera de Estados Unidos, una banda criminal lo atacó a tiros junto con el grupo que lo acompañaba.

A pesar de ello, Mario dejó su tierra para buscar los billetes verdes. “¿Qué más me quedaba hacer?”, dice. “Sólo tenía dos opciones: o me arriesgaba a llegar a los Estados Unidos y conseguir un trabajo de lo que sea, ya que en Honduras ni eso hay, o me resignaba a ver crecer a mis hijitos en la pobreza, muriéndose de hambre, sino es que las pandillas los mataban antes y a ellos conmigo”.

CHIAPAS Y LA MIGRACIÓN

Mario llegó a Chiapas por uno de los 61 puntos de cruce informal que se tienen identificados. Y su estadía en el estado, hasta el último día que tuve contacto con él, fue buena. Podía dormir tranquilo en la habitación que logró alquilar, recibía de la gente amabilidad, algunas personas le brindaron ayuda económica, con la que adquirió el material para sus pulseritas y el trato que ha recibido por parte de las autoridades estatales ha sido la más adecuada.

La verdad, me alegra. Y me satisface saber que nuestro estado, que es la ruta natural para los que migran hacia Estados Unidos, tiene una estrategia bien definida para atender a los hombres, mujeres y niños que buscan el anhelado sueño americano.

El Dr. Rutilio Escandón Cadenas desde que inició su gobierno tuvo claro que lo primero que debía hacerse era mejorar la seguridad, y eso incluía sin duda la migración ordenada, regular y segura. Además de combatir con la ley en la mano a los polleros, a los que engañan a las personas que salen o huyen de sus países con la esperanza de conseguir mejores oportunidades de vida para sus familias.

En Chiapas se ha impulsado una política migratoria que busca, por un lado, cuidar a los migrantes, dándoles alimentación, cuidado de la salud y educación a los menores a través del Sistema DIF estatal; por otro lado, enfrentar los delitos como la trata, el tráfico ilegal de personas, los secuestros, las violaciones y asesinatos.

¿Y cómo lo ha venido logrando? Primero, siendo sensibles a las necesidades de las personas en situación migratoria, humanizando las prácticas gubernamentales y, segundo, fortaleciendo las instituciones.

Hace varios meses que no sé nada de Mario, quien me platicó su plan de que en abril continuaría su camino hacia la Unión Americana. Deseo de todo corazón que haya alcanzado su propósito. Se lo merece. Su familia se merece una vida mejor, así como la nuestra en este bello estado llamado Chiapas, donde después de tres sexenios tormentosos se recuperó lo mejor de nuestra política.

PARA MAGDALENA

Querida prima, no te pierdas mi columna del próximo martes. Estará sabrosa. Hablaré del sueño guajiro de Aquiles Espinosa, quien pretende ser presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez cuando no ha podido con la Secretaría del Transporte en el estado.

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