Letras Desnudas
Mario Caballero
Arranco este artículo con una precisión: la crítica siguiente no se basa en el género, sino en la conducta pública de la diputada federal por el PRD, Olga Luz Espinosa Morales, quien hace algunas semanas anunció sus aspiraciones por ser candidata del Frente Amplio por Chiapas al Gobierno del Estado. Es decir, no la cuestiono por ser mujer, sino por su desempeño en la función pública.
Dicho esto, sería una barrabasada, un despropósito, un disparo en la rodilla, que los partidos de la alianza PRI-PAN-PRD impulsaran la postulación de Olga Luz Espinosa. Entiendo que si quieren ir a la contienda por la vía del género, creo que tienen mejores opciones: menos desacreditadas y más competentes en todos los sentidos.
UNA ELECCIÓN DIFERENTE
No hay ninguna duda que las elecciones del próximo año serán muy diferentes a las últimas cuatro. Primero, por la vuelta de un partido hegemónico que busca con todo lo que tiene a su disposición continuar en la Presidencia de la República y refrendar su dominio en los siete estados donde es gobierno y alcanzar dos más que están todavía en poder de la oposición. No sólo eso, sino también pretende lograr la mayoría calificada en el Congreso para poder cambiar la Constitución a su antojo y sin cortapisas.
En otras palabras, será una elección tipo PRI, pero con esteroides. Pues como en los gloriosos tiempos del priiato, el gobierno morenista goza en la actualidad de una gran popularidad, aprobación y tiene a la cabeza a uno de los presidentes de México más fuertes de los últimos 30 años, Andrés Manuel López Obrador, quien a diferencia de sus antecesores llega a la recta final de su administración con un alto respaldo ciudadano. Aquí una primera y enorme diferencia.
La segunda es que si hacemos un poco de memoria, caeremos en la cuenta de que en las elecciones del 2000 al 2018 había oposición política en el país, equilibrios en el poder, competencia electoral y el partido gobernante carecía totalmente de la supremacía de la que dispone Morena el día de hoy.
Habrá quienes digan lo contrario, pero es palpable que la oposición en México está borrada del mapa. Ya han pasado cinco años de que fueron atropellados por el tren lópezobradorista y es el momento en que no logran levantarse.
Claro, han dado señales de vida, como en la elección de 2021, en la que le quitaron a Morena la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y la mitad de las alcaldías de la Ciudad de México, pero de ahí en adelante no se ve una consolidación de los partidos del Frente Amplio por México, ni unidad, tampoco un programa y una agenda política en conjunto.
Peor todavía, de no haber aparecido repentinamente Xóchitl Gálvez en escena, ni siquiera tendrían un candidato visible. Aunque por la misma desunión de los tres partidos, parece que su globo se les está desinflando.
Ahí que la elección presidencial se vea como una lucha entre David y Goliat.
La tercera diferencia, y no menor en importancia, es que el partido gobernante ha lanzado a una mujer como candidata a la Presidencia, lo que ha propiciado el sentimiento de que el próximo proceso electoral estará marcado por la fuerza política de las mujeres. Lo cual es bueno. Ya viene siendo la hora de que las más grandes decisiones de gobierno se tomen con menos testosterona.
Pero una cosa es que se diga que es el tiempo de las mujeres y otra muy distinta es que cualquier mujer merezca llegar al poder.
¿OLGA?
En el caso de Olga Luz Espinosa no es censurable su aspiración por la candidatura al Gobierno del Estado, ya que está en su derecho, pero sí sus cartas credenciales.
En primer lugar, ¿qué méritos tiene?
Todo mundo sabe que Olga Luz le debe su carrera política al corrupto exgobernador Juan Sabines Guerrero, quien es responsable de endeudar al estado por más de 40 mil millones de pesos, y para cuyo gobierno ella fue una pieza clave.
Durante ese tiempo, Olga realizó diferentes operaciones políticas teniendo como jefe inmediato a Nemesio Ponce Sánchez, ex subsecretario de gobierno, quien fue denunciado por desvío de recursos públicos, enriquecimiento ilícito, abuso de funciones y, entre otros ilícitos, tortura.
Por eso, en pago de favores, fue impulsada para ocupar un cargo como ministerio público en la PGR (hoy Fiscalía General de la República) y después fue nombrada titular de la Procuraduría Regional de la Familia y Adopciones del Sistema DIF estatal, de donde salió por la puerta trasera para luego asumir una diputación federal plurinominal en la LXI Legislatura.
De hecho, este último cargo lo obtuvo a la mala, ya que ella llevaba como suplente al químico Carlos Esquinca Cancino, quien a lo largo de los años se ha ganado un lugar especial entre la clase política.
Resulta que Olga tenía que renunciar para que Esquinca tomara protesta del cargo, pues así estaba el acuerdo, pero al final ella se negó. Y lo primero que hizo fue buscar a Juan Sabines para suplicarle que la dejara en el puesto legislativo. A la sazón, Nemesio Ponce le entró al quite y arremetió en contra del químico, quien tuvo que dar un paso al lado para que las amenazas de ser enviado a la cárcel cesaran.
Segundo, ¿qué ha hecho ella por Chiapas?
Antes de culminar su reprobable mandato, Sabines colocó a Espinosa Morales al frente del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Chiapas (CECyTECH) y su desempeño no fue el mejor. Todo lo contrario, se vio envuelta en casos de corrupción, nepotismo, abuso de poder y malversación de recursos públicos.
En ese entonces, su hermano César era dirigente estatal del PRD y junto con él planearon meter a la nómina del CECyTECH a todos los perredistas amigos suyos, que cobraron un jugoso sueldo sin trabajar durante varios años.
Es más, tuvieron el descaro de usurpar la identidad de la joven Abigail Morales Ramírez, persona que le entregó sus documentos a César Espinosa que le había prometido un empleo en dicha institución educativa, pero nunca le dio nada. Lo que sí hicieron los hermanos Espinosa Morales fue falsificarle la firma, formularle un contrato de trabajo apócrifo, falsear su nivel de estudios y con ello cobraron en su nombre alrededor de 414 mil pesos por concepto de sueldos, aguinaldo y otras prestaciones.
Prueba de ello está la querella 11/008/2015, interpuesta en la extinta PGR, que simplemente se engavetó.
No es todo. Hay otras denuncias en contra de Olga Luz Espinosa por el despido injustificado de decenas de trabajadores del Colegio y, en 2015, fue señalada por el desfalco de 54 millones de pesos, que según fueron a parar a las manos de su hermano y de varios militantes del PRD.
Estos millonarios recursos los desvió a través del pago de facturas por cursos, diplomados y capacitaciones de los que no hay evidencias de que se llevaron a cabo y que fueron supuestamente impartidos por “colegios profesionales” que nunca fueron localizados, es decir, empresas fantasma.
SUICIDIO POLÍTICO
En resumen, si el llamado Frente Amplio por Chiapas decide postular a la gubernatura a Olga Luz Espinosa estaría cometiendo un gravísimo error que sólo favorecería a la alianza de Morena. Pues si por un lado Olga Luz no tiene reconocimiento de nombre entre el electorado; por el otro, los pocos que la conocen la identifican como una sabinista de lo más corrupta y arrogante.










