Letras Desnudas

Mario Caballero

Cuando yo tenía cinco años, México sufrió uno de los robos electorales más grandes de la historia de nuestro país, que fue justificado por un fallo eléctrico conocido como “la caída del sistema”.

A partir de ese momento, con muchos sacrificios, sudor e incluso sangre, México vivió la transición a la democracia. Los mexicanos pasamos de tener elecciones amañadas a comicios limpios y transparentes. Pasamos de una etapa donde un partido siempre ganaba todo a conquistar la alternancia en el poder; de que el gobierno organizara las elecciones y contara los votos a la participación ciudadana que se encargó de llevar a cabo esas funciones.

¿Cómo fue posible este proceso? Simple, gracias a la creación de un órgano autónomo, legalmente constituido, con atribuciones jurídicas y financieras, construido con la responsabilidad de vigilar y garantizar la legalidad y legitimidad de las elecciones: el Instituto Federal Electoral, actualmente INE.

Cuando el INE apareció como órgano responsable de la elección del presidente de la República, senadores y diputados federales, yo estaba todavía muy lejos de tramitar mi credencial de elector y, por ende, de experimentar mi primera votación que fue en las elecciones intermedias de 2003.

Sin embargo, para generaciones mayores a la mía, la aparición del INE cambió el panorama político electoral. Comenzaron a tener mayores garantías de que su voto contaría y sería contado. Sintieron que su decisión en las urnas podía en verdad modificar el tablero, cambiar el gobierno, castigar a los que los habían defraudado y cerrarle la puerta al partido que gobernó el país ininterrumpidamente durante más de setenta años.

El INE, además, era una muestra viviente de que cuando se quieren hacer las cosas bien, impulsar el progreso y promover los derechos de los ciudadanos, se pueden crear instituciones que son auténticos baluartes de la democracia y la legalidad.

La voluntad política de aquella clase gobernante que decidió invertir en recursos materiales, humanos y financieros para tener una institución garante de la democracia, les permitió a los mexicanos quitarle el poder al PRI para dárselo al PAN, devolvérselo al PRI y, cuando éste volvió a traicionarlos, entregárselo a Morena a través de un caudillo llamado Andrés Manuel López Obrador.

LO ACABARON

De octubre de 1990 a abril de 2023, el INE nos dio la confianza de ir a votar. De hecho, diversos organismos internacionales le entregaron múltiples premios, certificaciones y reconocimientos por la vanguardia de sus sistemas, la seguridad de sus documentos y sus aportaciones técnicas a la democracia global.

Después del cuatro de abril de 2023, todo eso se acabó.

Con la llegada de Morena al poder, no sólo el INE sino todos los órganos autónomos desaparecieron. Entre ellos, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), el Coneval, la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación, entre otros.

¿Por qué desaparecieron? Porque según López Obrador y la presidenta Sheinbaum eran instituciones plagadas de corrupción e inútiles, aunque nunca aportaron pruebas para sustentar sus acusaciones.

El INE no desapareció como tal, pero sí su autonomía. Le pasó lo mismo que a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación e incluso la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es decir, fue poblada por gente ligada y cercana al partido gobernante.

Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Corte, es amigo cercano de López Obrador. Antes de presidir el máximo tribunal, se desempeñó como coordinador general de Derechos Indígenas en el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas durante el sexenio pasado. En ese cargo, fue el responsable de planificar y coordinar las consultas ciudadanas necesarias para validar obras insignia como el Tren Maya, el Corredor Interoceánico y el Plan de Justicia Yaqui.

Rosario Piedra Ibarra, por otro lado, ha sido cercana tanto de AMLO como de Morena. Incluso, es miembro activo del partido desde 2015, y fue candidata a diputada federal y activista pública a favor del proyecto de la 4T desde sus inicios.

Es la misma situación con la exconsejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei. Aunque Morena, y hasta la presidenta Sheinbaum, hoy la desconoce y alega que no fue impuesta o designada directamente por el partido, nadie olvida aquella conferencia de prensa de López Obrador de marzo de 2023 en la que la calificó como gente progresista, honesta y demócrata.

Fue impuesta y son inocultables los nexos familiares de Taddei con funcionarios del lopezobradorismo. Prueba de ello es la pérdida de autonomía e imparcialidad del árbitro electoral frente al partido en el poder. Protege, tolera y defiende a los morenistas acusados de cualquier delito electoral. Como Pío López Obrador, a cuya investigación dio carpetazo debido a supuestas limitaciones legales y la falta de pruebas financieras que permitieran emitir una sanción.

Otro caso es el de las llamadas “boletas planchadas”. En septiembre de este año, el Consejo General liderado entonces por Guadalupe Taddei aprobaron la contabilización de papeletas encontradas sin marcas de doblez en las urnas, a pesar de que los lineamientos del INE ordenan que no deben contabilizarse por la sospecha de que pudieran haberse introducido de manera irregular.

Por fortuna, el Tribunal Electoral canceló por unanimidad esta determinación que le abría el paso a posibles fraudes electorales.

Ahora, como todos sabemos, Morena no sólo tomó el control del INE, sino también lo corrompió.

Diversas investigaciones periodísticas revelaron que proveedores de materiales electorales, como José Alfredo Hernández Casillas, simularon licitaciones del instituto y desviaron los recursos mediante presuntas empresas factureras.

Peor todavía, una investigación presentada por el periodista Carlos Loret de Mola en Latinus expone un video de febrero de 2026 en la que Lupe Taddei revisa documentos junto a su pareja sentimental y contratista consentido, Alfredo Hernández, quien le dice a la expresidenta del INE: “primero lo mío y luego lo tuyo” al calcular porcentajes de ganancias vinculados a contratos del órgano electoral.

Es decir, por cada contrato otorgado se repartían buenas tajadas que se contabilizaban en decenas e incluso cientos de millones de pesos.

PÉRDIDAS

En fin, en la era de Morena, el INE ha perdido tanto dinero como credibilidad.

Dijeron que Lorenzo Córdova era corrupto, pero nunca le comprobaron que hubiera robado siquiera un simple lápiz. A Taddei ahora la desconocen y la obligaron a renunciar, aunque no por principios y compromiso con la honestidad, sino por conveniencia política y por la terrible incapacidad de ocultar el monstruoso robo.

“Lo que Morena no gana, lo arrebata”, dice una consigna política y periodística. Agrego: …lo arrebata y lo destruye.

En tres años, el partido de la transformación logró acabar con el último bastión que nos quedaba para expresar nuestra inconformidad con el gobierno: el INE. ¡Agárrense! Sobre el 2027, se posa la sombra del ochenta y ocho.

Ojalá me equivoque.

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