Letras Desnudas
Mario Caballero
Los tiempos para México son complejos, con crisis por todos lados. La violencia no cede, la inseguridad permea en casi todos los rincones del país, hay una degradación latente en los servicios prestados por el gobierno, la economía no levanta, la inflación presenta las tasas más altas en más de veinte años y vivimos inmersos en un grave clima de polarización política que ha hecho imposible transitar a la estabilidad gubernamental, la pacificación y la seguridad.
¿Qué hacer ante ello? Primeramente, serenarnos. Después hablar con la verdad por delante, ser congruentes, respetar el Estado de Derecho y comunicar bien. Esto último con oportunidad, sin escamoteos, validando la información y procurando que lo que se transmite no llame a la confusión de la sociedad sino a la correcta toma de decisiones, con claridad y con apego a la realidad.
Desde luego, esta será una labor ardua, difícil y que seguramente presentará oposición por parte de algunos grupos políticos, y del gobierno mismo, que se negarán a actuar con honestidad y a ajustar su desempeño público conforme a los dictados de la ley. Pero tiene que hacerse si es que queremos mejores tiempos para México.
Un paso fundamental, y que nos daría un enorme respiro, sería emprender acciones por la fortaleza de nuestras instituciones. Entre ellas el INE y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, principalmente. Seguir por el camino de la devastación o la sujeción, que ha venido transitando el régimen de la llamada cuarta transformación y su partido, tan sólo abonará más a la ingobernabilidad, polarización y la zozobra social.
EL INE
Respecto al tema del INE hay que hablar bastante claro.
Sí es cierto lo que muchas veces ha afirmado el presidente Andrés Manuel López Obrador de que esta institución nos sale muy cara a los mexicanos. Sin embargo, el costo que se ha pagado por mantener en operación al árbitro electoral durante todos estos años bien ha valido la pena.
Cada peso que en él se ha gastado nos ha permitido, por ejemplo, tener elecciones confiables y resultados apegados a la ley, en las que los votos de los ciudadanos contaron y se contaron para tener gobiernos elegidos voluntariamente.
Asimismo, la oportunidad de contar con un organismo autónomo en la materia, que organiza el proceso, capacita a los funcionarios, fomenta la participación ciudadana, cuenta los votos, resuelve las controversias e impugnaciones y emite resultados en tiempo y forma, ha sido el factor indispensable que ha posibilitado la alternancia democrática en el país en tres ocasiones. Del PRI al PAN, del PAN al PRI y del PRI a Morena.
Ahora bien, la reforma impulsada por Morena y el presidente nada tiene que ver con abaratar la democracia mexicana. El fin, indiscutible y reprobable, es que quieren capturar las autoridades electorales.
Esto podemos verlo no sólo en el acoso al INE y de sus consejeros, en especial Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, sino especialmente en el empecinamiento por cambiar la legislación que rige la funcionalidad de este organismo.
Primero quisieron reformar la Constitución que tenía como primer objetivo desvirtuar la manera en que se elige a los consejeros del Instituto Nacional Electoral, pero al no lograrlo salieron con la chicana del “plan B” (modificaciones a leyes secundarias en la materia) que los legisladores morenistas y sus aliados aprobaron con mayoría simple.
Al respecto, hasta el coordinador de Morena en el senado, Ricardo Monreal, admitió que dichas reformas violaban la Constitución.
Por eso la razón de que se comunique bien, sin engaños ni mentiras.
Pero habíamos quedado que lo que México necesita es caminar por la ruta de la concordia y la estabilidad. Dar paso a la reconciliación y dejar de lado las hostilidades y las descalificaciones, que mucho han afectado el ánimo social y el respeto por la institucionalidad.
En ese sentido, es responsabilidad de todos, sobre todo de la clase política en el poder, atender el reclamo ciudadano de miles de personas que en dos ocasiones han salido a las calles a defender no sólo al INE sino también a la democracia y el voto, ya que el llamado plan B estipula que las votaciones sean nuevamente controladas y contadas por el gobierno, tal como sucedía en los viejos tiempos del PRI.
Dicho sea de paso, la marcha del domingo no fue a favor del exsecretario Genaro García Luna, quien ya está en la cárcel y ahora tendrá irremediablemente que pagar por sus errores y los actos delictivos del que fue encontrado culpable por la justicia estadunidense.
También es responsabilidad de todos permitir que la Suprema Corte de Justicia resuelva, sin presiones ni acosos de ningún tipo, la avalancha de amparos y acciones de inconstitucionalidad interpuestas contra estas reformas.
LA CORTE
Ya que tocamos el punto de la SCJN, corresponde a los ministros y legisladores solucionar el problema que encierra a la ministra Yasmín Esquivel Mossa, que sin duda de ningún género está dinamitando la credibilidad y el prestigio del máximo tribunal del país, lo que no es un asunto menor.
¿Es posible que la ministra renuncie al cargo? No lo creo. ¿Deben los ministros y el Congreso dimitirla por haber mentido y plagiado para alcanzar su titulación? Eso es un asunto que ellos tienen que discutir y deliberar conforme a la ley. Pero el tema no es sencillo, puesto que no hay ningún antecedente sobre un caso similar.
Mientras tanto, el senador Germán Martínez, del Grupo Plural, ya dio el primer paso para poner punto final al problema al haber interpuesto ante la Cámara de Diputados una solicitud de juicio político contra la ministra.
En su escrito, el ex director general del IMSS exige que la ministra sea condenada a la “destitución inmediata del cargo por mentir, robar y traicionar a la Constitución General de la República”.
Y argumenta que “la permanencia de la servidora pública denunciada dentro del Alto Tribunal lastima seriamente la buena fama en el concepto público que se tiene de la Suprema Corte; su permanencia en ese Alto Tribunal redunda en perjuicio de los intereses públicos fundamentales y de su buen despacho, particularmente aquel relativo a la debida administración de justicia y procuración del Estado de Derecho, causando un perjuicio grave contra referida institución, que además motiva un trastorno en su funcionamiento normal” (sic).
Y es cierto. ¿Qué confiablidad podría haber en las resoluciones y fallos de esta ministra sabiendo que es una servidora pública que obtuvo su título de abogada plagiando sus tesis de licenciatura y ahora se sabe que también la de su doctorado?
Además, ante la posibilidad de que su título de abogada sea invalidado o cancelado, no estaría cumpliendo con los requisitos indispensables para desempeñarse en el cargo de ministra de la Corte.
Por tanto, resolver el tema de Yasmín Esquivel, ya sea destituyéndola mediante juicio político, es un paso fundamental a favor de la credibilidad de todo el Poder Judicial.
SUMMA
Entonces, a serenarnos todos, hablemos con la verdad, seamos congruentes, respetemos el Estado de Derecho y comuniquemos bien. México y las instituciones nos lo reclaman.
@_MarioCaballero










