Letras Desnudas

Mario Caballero

“De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”.

Napoleón Bonaparte

Cuando un político ha perdido el sentido del ridículo es porque también ha perdido el sentido de la realidad.

Lo comento por el cónsul Juan Sabines Guerrero, quien para conmemorar el Día de Muertos se mostró en redes sociales, junto con su esposa Isabel Aguilera, disfrazado de Beetlejuice, aquel personaje de película que fue personificado por el excelso actor Michael Keaton.

Lo cierto es que no debería extrañarnos que Juan Sabines haga este tipo de ridículos. Si fue capaz de mostrarse ante los chiapanecos como hijo de don Juan Sabines Gutiérrez, uno de los más queridos gobernadores de Chiapas quien negaba que fuera su hijo, ¿por qué no tendría que salir irrisoriamente pintado como una entidad fantasmal?

Pero si lo pensamos bien, el acto de Sabines Guerrero maquillado como Beetlejuice va más allá del ridículo, es revelador. Demuestra que no le importa la forma y el motivo de sus apariciones públicas, así sea nomás en las redes sociales, sino el hecho de mostrarse, tener presencia mediática.

Porque, así como podemos verlo, todo pintarrajeado, pretende volver a tener injerencia en las grandes decisiones de Chiapas a través de un alto funcionario del Gobierno Federal que aspira ser gobernador del estado, inclusive varios de sus ex colaboradores ya comenzaron a operar políticamente, entre ellos, Juan Carlos López Fernández y Nemesio Ponce Sánchez, por mencionar algunos.

OPORTUNISMO

En la política hay que saber que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Todas las apariciones públicas que ha tenido Juan Sabines en meses recientes no pueden nombrarse de otra manera que de oportunismo y cinismo.

Por oportunismo se entiende la actitud de aprovechar las circunstancias del momento para el propio interés o para el beneficio personal. Así, por oportunismo Sabines se ha servido del consulado a su cargo para aparentar ser un político de altos vuelos. Como hizo en junio de 2021, uno de los periodos más críticos de la pandemia, dejando abandonas sus oficinas en Orlando para trasladarse a la ciudad de Kissimmee, donde estuvo la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden. ¿Y para qué? Sólo para tomarse la foto y presumirla en las redes sociales.

Mientras la esposa del presidente Biden llegaba al lugar para fortalecer las acciones contra el Covid-19 y la vacunación, ya que en citada ciudad había un fuerte rebrote de contagios y fallecimientos, Sabines iba sólo por sus cinco minutos de fama.

Por oportunismo también abandonó sus responsabilidades consulares para reunirse con el embajador Esteban Moctezuma, ¡en la Ciudad de México!, ¡en días laborales!, y en un restaurant-bar fifí, no en un despacho de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Y ahí están las fotos colgadas en Facebook, estando Sabines con el pecho inflado de tanto orgullo posando afuera de dicho establecimiento, del cual se dice que salió embrutecido de alcohol.

También por oportunismo se martirizó frente a la muerte de su madre, doña María de los Ángeles Guerrero, que cayó víctima del coronavirus. Esto fue mayo de 2020.

Días antes había dado a conocer a través de su cuenta de Twitter que él también había contraído el virus y que con su madre estaba internado en un lujoso hospital de Estados Unidos, llamado Mocel, donde estuvieron recibiendo un tratamiento. Asimismo, señaló que su progenitora padecía cáncer, pero que en ese momento se encontraba estable.

Si de por sí el fallecimiento de la señora Guerrero era algo lamentable, ahora que su propio hijo se aprovechara de ello para inmolarse en las “benditas” redes sociales, para provocar algún sentimiento de consuelo a su favor entre los ciudadanos, para dejarse ver como un buen hijo con expresiones de dolor y tristeza, fue algo ruin, reprobable, aborrecible.

Pero el resultado fue el contrario de lo que esperaba. La gente, sobre todo los chiapanecos, le recriminaron su falta de sensibilidad. Lo calificaron de arribista y le hicieron un recordatorio de todas las tropelías, excesos, corrupción y abusos de poder que cometió durante su mandato.

Algo similar sucedió cuando queriéndose mostrar como un gran operador político del aspirante presidencial Marcelo Ebrard, ordenó publicaciones en algunos medios en Chiapas durante la visita del canciller al estado de Guerrero, donde por cierto Sabines presume y se ostenta de ser el principal asesor de la alcaldesa de Acapulco, ciudad donde supuestamente tiene importantes negocios en el giro inmobiliario.

Estas publicaciones también fueron reprochadas por los chiapanecos. Corrupto, oportunista y drogadicto, fueron algunos de los calificativos vertidos sobre su persona.

A lo que abundo: ¿qué tipo de respaldo político podría obtener Ebrard para su proyecto a la presidencia de la República venidas de un exgobernador que está identificado como el mayor saqueador que haya tenido Chiapas en la historia reciente, causante además de una deuda que supera los 40 mil millones de pesos? Lo mejor sería que se deslindara de él.

CINISMO

Ahora bien, por cinismo Juan Sabines Guerrero no entiende o no quiere entender que en Chiapas su sola mención merece desprecio e indignación.

Por eso a su publicación disfrazado de Beetlejuice le merecieron comentarios como “parece un panda bolo”, “ladronazo que saqueó a Chiapas “Lactoso”, “Mandara, pero la paga que se llevó”, “El Sargento Harinas”, “Ahora se puso el polvo en la cara, se equivocó”, “Uno de los verdugos de Chiapas”, “El mero mero quesero de Chiapas”, entre otros.

No puede Juan Sabines disimular sus intenciones. Cualquiera que sea el motivo de sus apariciones en los medios de comunicación, siempre reflejará su oportunismo y cinismo.

Si cuando tuvo el poder y la autoridad para resolver las diversas problemáticas del estado y procurar el bienestar de los ciudadanos no lo hizo, sino sólo satisfizo sus apetencias políticas y monetarias, ¿para qué busca ahora volver al poder en el estado? La única respuesta concebible es que lo busca para llevarse todo lo que antes no pudo.

PARA MAGDALENA

Prima de mis amores, en estos días se vio deambulando en su particular estilo de caminar como zombi por la capital chiapaneca a ni más ni menos que a Óscar Muñoz, (alias el chorrito) ex titular de la Consejería Jurídica del Gobierno del Estado durante la administración anterior, otro arribista acusado de corrupción y tráfico de influencias. Se dice que, abusando de su autoridad sobre la dependencia, misma que tenía bajo su control al Catastro y al Registro Público de la Propiedad y del Comercio, se apropió ilegalmente de una serie de propiedades en Chiapas. No me dejarás mentir, pero el Tribunal Electoral del Estado y la Fiscalía General de Chiapas deberían andarse con mucho cuidado con este chueco personaje que según tiene metidas las narices en el tema de Teopisca, que ya de por sí está bastante grave. No vaya ser que en una de esas meta mano en el caso y termine convertido en el responsable de incendiar el municipio, generar violencia entre los ciudadanos e ingobernabilidad. No cabe duda que los Días de Todos los Santos traen incluso hasta a los más apestados.

@_MarioCaballero

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