Letras Desnudas

Mario Caballero

Jorge Antonio Candelaria Pérez es el hijo mayor de una familia de pescadores. Nació, creció y vive en una colonia ubicada a unos 20 minutos del municipio de Arriaga, en la costa de Chiapas. Este 2023, cumplirá 55 años.

Lógico, se dedica a la pesca y de vez en cuando toma algún trabajo como peón de albañil. Cuatro de sus cinco hermanos varones hacen lo mismo. Uno de ellos dejó de trabajar hace más de siete años debido a la enfermedad de Parkinson. Su única hermana, que durante algún tiempo trabajó como asistente de un médico general, es conocida como la doctora de su colonia, aunque ni siquiera tiene estudios de enfermería, pero según cuentan los pobladores no lo hace nada mal.

El pueblo se llama Emiliano Zapata, donde de acuerdo al más reciente censo poblacional viven alrededor de mil habitantes. Ahí, las posibilidades de que una persona se desarrolle son mínimas. Por lo que la mayoría de las personas son pobres, que se dedican a las labores del campo o a la pesca. Sólo unos cuantos tienen el privilegio de vivir de la ganadería.

Esta es la razón por la que muchas familias hayan cambiado su lugar de residencia a ciudades como Arriaga o Tonalá, quizá a la capital del estado, pero para eso se requieren recursos y cierto grado de preparación académica. Jorge no es uno de ellos.

Sus padres no tuvieron ni el dinero ni las posibilidades para enviar a sus hijos a estudiar. Sólo dos sus hermanos concluyeron la secundaria y uno, con no poco esfuerzo propio, alcanzó a graduarse como contador privado, que para el colmo es el que está postrado bajo las garras espasmódicas del Parkinson. Toda una tragedia.

Hace unos quince años, ya casado y con tres hijos, Jorge hizo el intento de cambiar su condición de vida. Motivado por un primo, que había logrado comprar algunas hectáreas de terreno, construir una casa de dos plantas y una camioneta de segunda mano con el dinero que ganó como obrero en las granjas de Estados Unidos, se lanzó por el llamado sueño americano.

Su esposa no estaba del todo acuerdo, pero terminó por convencerse. No había de otra: o intentaban probar suerte en el país de los billetes verdes o se resignaban a seguir sobreviviendo con lo que sacaban de la pesca diaria. Total, Jorge vendió su lancha, sus atarrayas y consiguió 30 mil pesos prestados. Y al mediodía de un verano de 2008 metió tres mudadas de ropa en una mochila y se fue.

Veintidós días después se vio entrando a su casa por el portillo del patio. Estaba todo sucio, cansado y hambriento. El pollero lo abandonó en la frontera, los agentes de migración lo capturaron, le quitaron el poco dinero que traía y lo dejaron en algún lugar de Tijuana. Ahí durmió varios días en la calle, una persona que se compadeció de él le regaló un viejo par de tenis y compró su boleto de regreso con el dinero que juntó de franelero en el estacionamiento de una plaza comercial.

Hoy lo cuenta entre risas, pero en ese momento lloró amargamente en el regazo de su esposa.

AGENDA MIGRATORIA

¿Cuántas historias similares a la de Jorge habrán sucedido en estos últimos quince años? Miles, supongo. Tanto de connacionales como de extranjeros que han buscado mejores oportunidades de vida y de trabajo en Estados Unidos.

Nuestro amigo tuvo la fortuna de volver a casa. Pero muchos, quizá cientos, perdieron la vida en el intento de cruzar al país vecino. Quizá en el diserto, o ahogados en el Río Bravo o a manos de la despiadada e inhumana policía fronteriza. Aunque todos tenemos el derecho universal de elegir el lugar donde queremos vivir o trabajar, en los hechos la realidad es muy diferente.

Por eso una de las cosas que aplaudo del actual Gobierno de México es que haya insistido a su par estadunidense en la construcción de políticas migratorias en conjunto para atender las necesidades de la población migrante, que en su mayoría vienen huyendo de la violencia de sus respectivos países y tratando de conseguir mejores oportunidades de vida para sus familias.

Y, por lo mismo, también se debe reconocer que el gobernador Rutilio Escandón Cadenas esté y haya puesto todo de su parte durante lo que va de su administración para brindar garantías de seguridad a los migrantes y de respeto a sus derechos humanos, para que aquí en Chiapas tengan un trato digno, humano y sensible.

Hace unos días estuvo en la reunión encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, en la que se trató el tema de la atención y seguimiento a la agenda migratoria, que tuvo el objetivo de fortalecer las estrategias y mecanismos de ayuda y asistencia que permitan que la movilidad de las personas en situación de migración se siga dando de manera regular, ordenada y sobre todo segura.

En ese encuentro, el mandatario resaltó la política migratoria del presidente AMLO que, a diferencia de la del país vecino, busca que sean respetados los derechos humanos de las personas que se ven en la necesidad de cruzar por el territorio mexicano.

INTERÉS Y PROTECCIÓN

Todos los gobiernos del mundo tienen por obligación cuidar y proteger la vida de las personas que residan en sus países, sin importar el estatus legal de su residencia, sexualidad, cultura, nacionalidad, raza o posición económica y social. La vida y la dignidad de las personas es un interés supremo que deben defender y salvaguardar a cualquier costo.

En ese entendido, entre el cúmulo de acciones que ha realizado el gobierno chiapaneco en colaboración con los tres órdenes de gobierno están fortalecer las acciones de seguridad y vigilancia, la rehabilitación integral de los refugios temporales ubicados en los municipios fronterizos del estado, donde la población migrante puede contar con una estancia confortable y decorosa, además de una auténtica asistencia legal, de salud y alimentaria, en la que existe un trato preferencial a la niñas, niños, adolescentes y mujeres.

Don Rutilio Escandón será muy bien recordado por esto. Sí, por erigir una administración sensible, cálida y humana en atención a los migrantes.

En esa misma reunión refrendó su convicción por continuar contribuyendo a la seguridad nacional mediante la oportuna atención integral de este fenómeno social, considerando la trascendencia de mantener la colaboración y la suma de esfuerzos, recursos y voluntades entre todas las instituciones y organismos públicos.

El caso de Jorge es muy diferente al de muchas personas de origen centroamericano y de otras nacionalidades que buscan pasar por nuestro país en busca del sueño americano, él es de aquí y vive aquí.

Pero, ¿qué hubiera pasado si así como actúan el Gobierno de Chiapas y de México en materia migratoria lo hubiera hecho y lo hiciera ahora mismo el de Estados Unidos? Sin duda alguna, no sólo Jorge hubiera cristalizado sus deseos a una mejor calidad de vida, sino también ese país obtendría los beneficios de incrementar su fuerza laboral y de producción. Porque, dicho sea de paso, la nación del Tío Sam le debe parte de su motor productivo a los mexicanos y a los demás extranjeros que en ella trabajan.

@_MarioCaballero

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