Letras Desnudas
Mario Caballero
Siempre ha sido conocido que en el mundo de la política todos tienen sus pecadillos. Algunos más, otros menos. Algunos los tienen ante la claridad del sol y otros en la oscuridad del sospechosísmo. Hay, inclusive, los que tienen hasta las manos manchadas de sangre. Por eso cuando un político sale con alguna declaración que contradice su comportamiento que es del dominio público, se le considera cínico.
Aquiles Espinosa es uno de ellos. A pesar de sus muy, muy, muy conocidos abusos de poder busca ser candidato a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez. ¿Y qué se lo impide? Nada. Un cínico no tiene memoria y menos todavía capacidad de autocrítica.
En Aquiles Espinosa es asqueroso su cinismo. El solo hecho de querer convertirse en alcalde de la capital cuando su actuación al frente de la Secretaría de Movilidad y Transporte da para enderezarle varias carpetas de investigación por uso indebido de recursos públicos, tráfico de influencias, nepotismo, abuso de autoridad, extorsión, entre otros delitos, provoca arcadas.
Pero su cinismo queda en segundo lugar frente a su hambre de poder, desprecio por la legalidad y su falta de empatía por el dolor humano. Es más, no creo que quede en segundo lugar, sino sumando todo lo acrecientan.
De lo primero puede hablarse de que ni bien ha dejado de ser del PRI y ahora busca la postulación por Morena.
Tonto no es. Su cabeza podrá no estar del todo amueblada, es decir, es un político hecho al porrazo, que inició en la política cargando maletas y lamiendo cuantas suelas pudo de priistas importantes, pero parece que debajo de tanto pelo ha logrado concebir que su tiempo de alcanzar la presidencia municipal es ahora y que debe aprovechar las relaciones actuales que tiene con los líderes del movimiento lópezobradorista para ser lanzado por Morena, partido que muy probablemente repetirá en el gobierno capitalino.
Esto, por sí mismo, también refleja su falta de vocación por el servicio público y de ideales. Pues durante tantos años de carrera política, ¿qué ha hecho por la ciudad? Nada. En su paso como diputado local por el PRI, ¿qué gestión realizó? Ninguna. Y ahora como secretario de Movilidad, ¿ha abonado a la gobernabilidad del estado? Tampoco.
Los cargos públicos los ha utilizado en su beneficio personal. Por eso su trayectoria se caracteriza por su enriquecimiento, abuso de poder y oportunismo. Eso, en buen castellano, se llama hambre de poder.
ATRABILIARIO
Respecto a la segundo, no alcanzarían mil páginas para describir cómo, cuándo y cuántas veces ha trasgredido la ley para salirse con la suya y embolsarse una buena lana. Por lo que me limitaré a mencionar las arbitrariedades que Aquiles ha cometido recientemente en la dependencia a su cargo, quien ha dicho que es un “funcionario ético, de respeto y valores”, y que su parte favorita en la administración pública “es resolver problemas”. ¡Hágame usted el favor!
Comienzo con la entrega que realizó en enero de este año de mil 854 concesiones de taxis a mujeres y hombres del volante.
Aquiles, obviamente, con esa pose de fanfarrón que lo identifica, dijo, y lo cito: “no sólo se trata de un acto de justicia social para el pueblo, sino que es una fuente de ingreso de una familia y certeza en las y los usuarios de ese servicio”. Pero…
Los verdaderos transportistas acusaron que Aquiles no dio las concesiones tal como lo anunció, sino que ignoró, despreció y relegó a cientos de personas que llevan trabajando hasta 16 años en el transporte público y nunca han logrado obtener ese beneficio.
Incluso, afirmaron que la mayoría de las personas que obtuvieron el bien ni siquiera se dedican al transporte y que muchas de ellas recibieron hasta cinco concesiones.
Por si fuera poco, revelaron que fueron estafados por funcionarios de la Secretaría, quienes les habían pedido hasta 140 mil pesos para que les dieran una concesión, pero no recibieron nada. Y esto es del conocimiento de Aquiles Espinosa, ya esos servidores públicos, de acuerdo con las declaraciones, forman parte de su círculo cercano.
Como cereza en el pastel, se sabía que en ese entonces había unas dos mil unidades de taxi laborando bajo amparos y unos 500 colectivos piratas, tan sólo en Tuxtla Gutiérrez. Lo cual afecta directamente a los transportistas que operan en la legalidad.
Ahora bien, ¿recuerda que Aquiles se describe como un servidor público de ética, respetuoso, de valores y que le gusta resolver problemas?
Bueno. Aquiles no puede llamarse ético cuando hay denuncias de que su dependencia defraudó a un grupo de transportistas que pagaron por concesiones que nunca les entregaron, como lo acabamos de ver.
A más, ¿qué ético puede ser si ha estado envuelto en actos de corrupción, en casos de extorsión a taxistas a los que deja laborar sin que cuenten con los permisos debidos y cuando desde hace algún tiempo anda en una abierta campaña política anticipada por las colonias de Tuxtla bajo el pretexto de realizar acciones de la Secretaría? Si en verdad fuera ético, cumpliría con el trabajo por el que todos le pagamos con nuestros impuestos.
Por otra parte, tampoco es respetuoso ni un hombre de valores. Sobre todo, cuando hay un video que lo exhibe gritándoles y a punto de írseles a los golpes a los socios del extinto Sistema de Transporte Conejobús, entre los que se encontraban mujeres y personas de la tercera edad.
¿Saben por qué les gritaba e insultaba? Por el hecho de que le reclamaban la falta de pago de la deuda que la Secretaría tiene con ellos y que asciende a casi los 150 millones de pesos.
A saber, estas personas que son los concesionarios de las rutas uno y dos de Tuxtla Gutiérrez, recibían alrededor de tres millones de pesos mensuales por el usufructo que el Estado hacía de sus concesiones. Empero, Aquiles no sólo se niega a pagarles la deuda, sino tampoco quiere devolverles las placas para que vuelvan a trabajar y recuperar su fuente de ingresos. Es decir, los ha dejado en el desamparo.
Esto sucede sabiendo que le gusta resolver los problemas. Se imagina si no le gustara.
INDOLENTE
Respecto a su falta de empatía, basta mencionar la indolencia que mostró ante el accidente del lunes pasado donde se vieron involucrados un vehículo particular y una unidad de transporte colectivo de la ruta 91, del que resultaron tres personas fallecidas y varios lesionados de gravedad.
Aquiles Espinosa salió con un comunicado estilo Poncio Pilatos en el que sólo se limitó a declarar que su Secretaría está en la mayor disposición de ayudar a los afectados y que la unidad siniestrada contaba con seguro de vida. Simple y llanamente, se lavó las manos.
El asunto empeora al saber que en el instante en que ocurrió el percance, Aquiles se encontraba en una reunión proselitista en la colonia Penipak, ubicada en el lado Sur-Poniente de la ciudad.
¿Y MORENA?
Las cosas como son. Aquiles Espinosa puede ser todo lo cínico que pueda y quiera, pero no podrá ocultar que es uno de los peores funcionarios que ha parido la política chiapaneca.
Si Morena termina por postularlo a la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, estará premiando a un priista con una terrible falta de credibilidad pública. Así de simple.










