Letras Desnudas

Mario Caballero

Era previsible que, cuando Zoé Robledo se convirtiera en aspirante real por la candidatura de Morena al Gobierno de Chiapas, comenzarían los ataques en su contra. Así de ruda es nuestra política, hoy más gracias a las redes sociales.

En este caso, lo están acusando de todo. Corrupción, tráfico de influencias, nepotismo, acoso sexual y hasta de asesinato.

Como todos los que utilizamos las redes sociales, me llega mucha basura. Noticias falsas a las que no les presto la menor atención. Sin embargo, me van dando una idea de cómo va la cosa y por dónde van los ataques de las campañas de odio en esta temporada electoral.

El asunto es cómo entender el ataque desproporcionado e irascible en contra del director general del Instituto Mexicano del Seguro Social. Propongo, para tal efecto, dos posibles respuestas que, inclusive, podrían combinarse en una sola.

La primera es que Zoé Robledo es visto por sus adversarios políticos como el rival a vencer. Ahí el motivo de que le hayan enderezado una cruenta campaña negativa.

La segunda es que ante la falta de argumentos de sus detractores para debatirle en el terreno político, lo atacaron con insultos, epítetos y difamaciones para dañar su imagen. De la misma manera en que se resuelven las disputas en el mundo animal, se le fueron a golpes (mediáticos) al director el IMSS.

ARGUMENTEMOS

Yo no tengo duda de que el golpeteo contra Zoé Robledo viene de sus contrincantes que también aspiran a ser candidatos o candidatas al Gobierno del Estado por el partido gobernante. Sería ridículo pensar que alguien ajeno a ellos y sin ningún propósito político quiera afectarlo. Sobre todo, después de ver la furia con que lo atacaron en los últimos días.

Inclusive, ¿a quién le favorecería más que Robledo resulte perjudicado? Obvio, a los que igualmente persiguen señalada candidatura.

Pero abundemos un poco sobre el primer planteamiento.

La rudeza de los ataques contra Zoé Robledo revela la desesperación de sus detractores. No fueron uno, ni dos, ni tres, sino muchos los artículos periodísticos que se dedicaron en cuerpo y alma a denigrar su trabajo como director del Seguro Social tras el lamentable fallecimiento de la niña que murió prensada en el elevador de un hospital del IMSS en Playa del Carmen.

A estos se sumaron notas, videos, imágenes y hasta memes en las redes sociales cuyo objetivo era que la ciudadanía dejara de ver a Robledo Aburto como un buen funcionario o, como se expresara el presidente Andrés Manuel López Obrador de él, “un servidor público ejemplar”.

Con Zoé Robledo he platicado una sola vez, y de eso tiene muchos años. Empero, su proyecto político al Gobierno del Estado es fuerte. Sólido. Primeramente por su imagen. A diferencia de sus calumniadores, goza de credibilidad y buena reputación como funcionario público. Prueba de ello son sus resultados en el IMSS.

Además, no sólo tiene la cercanía y la aprobación del presidente López Obrador, sino también es una figura pública muy bien recibida por la clase política y la sociedad chiapaneca. Tal como lo demuestran diversas encuestas.

Hoy sus opositores podrán descalificarlo, tacharlo de incompetente. Lo cierto es que ha sabido liderar a más 500 mil trabajadores y trabajadoras y dirigir 7 Centros Médicos Nacionales que agrupan a 25 Unidades Médicas de Alta Especialidad, 251 Hospitales, mil 526 Unidades de Medicina Familiar, 123 Centros de Seguridad Social, cinco Centros y 41 Unidades de Investigación Médica, Biomédica, Epidemiología y de Servicios de Salud; asimismo, 12 unidades deportivas, 38 teatros, 60 tiendas, 18 velatorios, mil 323 guarderías y cuatro centros vacacionales pertenecientes al IMSS, que operan con normalidad y proveen servicios de salud de calidad a los derechohabientes y a personas sin seguridad social.

Respecto a esto último, durante la gestión de Zoé Robledo se ha realizado una inversión en el IMSS Bienestar por un total de 2 mil 483 millones de pesos para distintas obras de dignificación que equivalen a 123 veces el tamaño de la cancha del Estadio Azteca.

Se han remodelado, reconstruido o mejorado 81 salas de urgencias, 79 áreas de hospitalización y 69 quirófanos que se encontraban sin funcionar, sin equipo y, en algunos casos, sin personal.

Aparte, otros 5 mil 393 millones de pesos se han invertido para la compra de equipo médico como tomógrafos, mastógrafos, esterilizadores de vapor y ventiladores.

Con toda esta inversión, que de hecho puede ser consultada a través de los canales correspondientes, ¿de dónde sacan sus detractores que hay corrupción?

Es más, cómo explican la supuesta corrupción cuando en el IMSS Bienestar han aumentado en 64% las consultas de medicina familiar, 127% las consultas de especialidad, 54% las cirugías, 30% los partos atendidos y el abasto de medicamentos pasó del 54 al 96 por ciento.

¿Cómo opacar estos resultados? ¿Cómo minimizar los alcances de la gestión de Robledo Aburto? Peor todavía, ¿qué podrían ofrecer sus adversarios políticos que sea superior a lo que él ha logrado?

Que alguno de ellos haya alcanzado puestos relevantes en la era de la Cuarta Transformación es irrelevante, sobre todo cuando no tiene resultados. Por eso decir que están desesperados, no es una exageración sino la realidad.

SEGUNDA PROPOSICIÓN

En cuanto a la proposición de que los infamadores de Zoé Robledo carecen de argumentos para debatir, confrontar los perfiles y demostrar quién es quién en la carrera por la gubernatura de Chiapas, es fácil observarlo en la monstruosa cantidad de dinero que gastaron en el pago de notas y artículos de opinión en periódicos de circulación nacional y local. Así como en la difusión de videos e infografías en redes sociales que lo ponían casi casi como “un peligro para Chiapas”.

No obstante, los aspirantes a la gubernatura podrán tener un perfil desacreditado, no contar con buenas tablas y, sin mencionar ningún nombre por el momento, pero es imperdonable que para desprestigiar a su principal oponente hayan explotado la tragedia de la niña Aitana, cuya vida valía más que cualquier aspiración política.

El sólo hecho de que hayan utilizado la muerte de Aitana habla mucho de su falta de ética y de respeto por la vida misma. Si ahora que son sólo simples aspirantes fueron capaces de servirse del dolor ajeno para sacar ganancias políticas.

Lamento, profundamente, que medios y periodistas se hayan prestado a esta majadería. En la guerra y en el amor todo se vale, pero hay que tener límites. Como la decencia y el profesionalismo. La moral y la honorabilidad. Ahí una de las razones de que el periodismo sea mal visto y considerado como terreno fértil para la corrupción.

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