EL HIPSTERBÓREO
Luis Fernando Bolaños Gordillo
El devenir de esta década muestra cómo las fronteras culturales han adquirido nuevas formas de diferenciación; las plataformas digitales han sido convertidas en escenarios llenos de pensamientos racistas y clasistas donde ciertos grupos sociales pueden estereotipar a otros a través del sentido del humor sin que haya de por medio derechos de réplica.
Memes, stickers, canales de YouTube y Tik Tok, así como posts en Facebook e Instagram, sirven para legitimar la discriminación y la burla. El sarcasmo que acompaña a estas publicaciones complementa un posicionamiento que no es solo una ocurrencia chistosa, es un desprecio hacia los personajes ridiculizados y sus circunstancias.
Mi atención se centra en esta entrega en los estereotipos recreados alrededor de la familia Buchona; estos mensajes son hechos con imágenes de los personajes de la película Shrek y se emplean para marcar diferencias entre las personas ricas y pobres; estos memes y video memes se distinguen por ridiculizar el carácter aspiracionista de estos últimos.
Los mexicanos somos capaces de reírnos hasta de nuestra propia desgracia, pero los memes de la gente Shrek propicia el relajo alrededor del estilo de vida de personas precarizadas; este tipo de publicaciones se adscriben a actos biopolíticos porque distorsionar el cuerpo de otros para destacar su obesidad, por ejemplo, obedece a la reproducción de estereotipos promovidos por el capitalismo.
La familia buchona es revestida con prendas ajustadas con logotipos gigantes de marcas de prestigio y accesorios -gorras, bolsas de diseñador, aretes, collares, calzado, relojes, lentes, etc.- que remarcan su aspiracionismo porque no tienen los recursos para adquirir las marcas originales; así mismo, estos personajes son expuestos consumiendo comida chatarra y, en el caso de los videos, hablando de forma extravagante.
Lo existente en la exterioridad de la denominada gente Shrek va más allá del chascarrillo superficial, ya que hay una reducción unilateral de los personajes; quienes elaboran estos mensajes expresan su clasismo al asociar la naquez o el mal gusto con la pobreza. Esto muestra cómo la digitalización es empleada para transformar a los grupos sociales bajo nuestra conveniencia.
El humor negro que distingue a Shrek como antihéroe quedó atrás y lo que queda visible es el carácter clasista y racista de quienes promueven estos estereotipos que han desplazado paulatinamente a los “alucines” que eran caracterizados como sujetos que presumían de estilos de vida que no les correspondían. Probablemente el origen de este nefasto concepto sea el afán de Shrek por convertirse en un hombre blanco, apuesto, poderoso y libre.
El Shrek buchón es presentado como un tipo violento, mal hablado, carente de formación académica, relacionado con el crimen organizado, y ataviado con atuendos y accesorios piratas; mientras que la Fiona Buchona es recreada como obesa, tatuada, madre soltera de varias “bendis”, floja, desordenada y promiscua. Ambos viven en zonas periféricas, violentas y en casas humildes pero llenas de electrodomésticos de lujo y pantallas gigantes.
Los mecanismos de blanqueamiento, de esbeltez y de clase son expresados a través de la imposición de ropa de marca pirata, cabello teñido de rubio o nombres anglosajones para los hijos. En la saga original Shrek pretende alejarse de sus rasgos de ogro y los ahora denominados shrexicans aparecen como personas que buscan ocultar sus rasgos indígenas o su pobreza a través del consumismo.
Esta expresión del colonialismo digital traza desafortunadamente de manera arbitraria infinidad de paralelismos entre el aspecto físico y el contexto de Shrek con la clase baja. Quienes hacen este tipo de memes omiten un dato importante: Shrek detesta a la realeza y su sentido de refinamiento. Este humor expresa un clasismo que mezcla incongruentemente elementos cognitivos, emocionales y contextuales.
Los shrexicans han sido estigmatizados como el espejo de la gente pobre e ignorante que gusta de consumir caguamas los fines de semana, perder el tiempo viendo la televisión e incluso de simpatizar con Andrés Manuel López Obrador; estas imágenes son reflejo de todo aquel que anhela la blanquitud fenotípica e ideológica.
Estos mensajes proyectan una valoración negativa de la carencia y sus contextos, es decir, patologizan espacios como parques, callejones, calles, cantinas, burdeles, etc. Esas narrativas ayudan a analizar cómo perciben los creadores de esos memes a la gente de escasos recursos económicos y cómo ésta se ve a sí misma en su relación con otros.
Los denominados shreikans son atados a un predeterminismo socioeconómico y sus códigos son ridiculizados y recreados en situaciones jocosas; esto muestra que no solo hubo una parcial construcción sociocultural del entorno sino también de la mentalidad de las personas en cuanto a sus carencias, sus frustraciones y su conformismo en relación con su capacidad de consumo.










