Adam Tooze
1 PARTE
Debo admitir que cuando vi la imagen por primera vez pensé que debía ser un engaño.
Rascacielos, plantas de energía solar, buques portacontenedores, plataformas petrolíferas en alta mar: una visión de asentamiento urbano y rural idealizado, generada por la IA, que representa una ciudad-estado rica y administrada intensivamente (pensemos en Singapur o Abu Dabi), pero con una geografía vagamente familiar.
No, no es un engaño. Esta es la Franja de Gaza en 2035, tal como la prevé la Oficina del Primer Ministro israelí Netanyahu, ocho meses después de una brutal guerra de represalia contra el ataque de Hamás del 7 de octubre. En la tierra despejada por el desplazamiento de millones de personas y la matanza de más de 35.000 palestinos, en un espacio urbano densamente poblado que las FDI han reducido a escombros y hambruna, los planificadores de Netanyahu y sus gráficos de IA imaginan una zona de libre comercio de 141 millas cuadradas. Esto ubicaría a Gaza entre el puerto de El-Arish al sur de Gaza en la península egipcia del Sinaí y Sderot, una ciudad israelí al norte de Gaza.
El gobierno israelí, que circuló internamente por primera vez estos planes para el futuro en diciembre de 2023, los hizo públicos a principios de mayo de 2024, cuando se le presionaba para que explicase cuál iba a ser su estrategia de salida de la guerra. Lo que imagina no es el tipo de reconstrucción de emergencia preparada por la ONU, que ahora mismo se centra en un cronograma de una década para retirar municiones sin detonar y 37 millones de toneladas de escombros, con un coste de entre 40 y 50 mil millones de dólares. El plan Gaza 2035 de Netanyahu es un plan para completar la desaparición de Gaza. En su lugar, el gobierno israelí imagina un clon mega-rico de una ciudad comercial e industrial globalizada, entre Chicago -lo que el historiador William Cronon describió como la Metrópolis de la Naturaleza- y Dubái.
Como en muchos casos históricos anteriores, será la destrucción total la que allane el camino para el renacimiento de Gaza en su papel histórico, como centro de distribución clave en el Mediterráneo. Como observa el propio Netanyahu, Gaza 2035 implica “reconstruir a partir de la nada”. Ese vacío es lo que las FDI están creando con su trabajo diario de destrucción.
Una tabula rasa es, literalmente, una tableta raspada. Después del desmantelamiento que está realizando el ejército israelí vendrá la construcción de sistemas energéticos (plataformas de petróleo y gas y paneles solares) e infraestructura (puertos, aeropuertos y ferrocarriles) que llevarán a Gaza “de la crisis a la prosperidad”.
Pero ¿quién o qué gestionará y gobernará esta empresa de limpieza y reconstrucción? “Bajo los auspicios de Gaza 2035, la nueva zona de libre comercio sería administrada por Israel, Egipto y lo que el Primer Ministro israelí llama la Autoridad de Rehabilitación de Gaza (GRA), una agencia propuesta dirigida por palestinos que supervisaría la reconstrucción en Gaza y “gestionarían las finanzas de la Franja”.
En otras palabras, habrá un centro comercial próspero, pero ya no será una entidad política palestina.
Y Netanyahu está pensando a lo grande. Si lo que eufemísticamente llama “Plan Marshall” en Gaza tiene éxito, se podría aplicar un modelo similar en toda la región asolada por la crisis. Se podrían construir zonas de libre comercio administradas por mandatos políticos regionales en “Yemen, Siria y el Líbano”.
Incluso hay un cronograma. Durante el primer año después del fin de los combates. Los programas en Gaza se centrarían en la “ayuda humanitaria”, “desradicalizar” Gaza y erradicar a Hamás. Como sea que se imagine eso.
Como lo resume el informe de la revista Arch Paper:
“La segunda etapa duraría entre cinco y diez años, durante los cuales Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Bahréin, Jordania y Marruecos “supervisarían” la reconstrucción de Gaza. La etapa final sería cuando Palestina firme los Acuerdos de Abraham dando paso al “autogobierno palestino”, aunque sin la condición de Estado».
Si bien la propuesta política es intencionalmente confusa, no lo es el programa físico de reconstrucción. Gaza 2035 tiene que ver con infraestructura. Los servicios ferroviarios conectarían la nueva ciudad con Alejandría, Egipto, y una conexión ferroviaria Norte-Sur la uniría con NEOM, la tierra de los sueños que el príncipe Mohamed Bin Salmán (MBS) de Arabia Saudí está planeando en el desierto, aproximadamente a 130 millas al sur de Rafah. La oficina de Netanyahu continúa imaginando oportunidades para “empresas tecnológicas, fábricas y “ciudades fabricantes de vehículos eléctricos”, todas ellas centradas en la Zona de Libre Comercio Gaza-Arish-Sderot.
Si todo esto suena una fantasía, en realidad tiene su pedigrí en la vieja visión de Netanyahu de una “paz económica” que normalizará las relaciones con los estados árabes ricos de la región sobre una base económica, permitiendo que se pase por alto la cuestión palestina.
Como señaló Mohamad Hasan Sweidan en The Cradle semanas antes de que estallara la guerra de Gaza, la diplomacia ferroviaria es un ámbito querido por el pensamiento israelí para la estabilización y la hegemonía regionales:
“Desde 2017, en una iniciativa conocida como “Vías para la paz regional”, Israel ha estado tratando de promover un proyecto ferroviario que una el puerto de Haifa con los estados del Golfo Pérsico, incluidos los Emiratos Árabes Unidos. Esta iniciativa, que ya se ha puesto en marcha, cobró mayor importancia tras el acuerdo de normalización entre Abu Dhabi y Tel Aviv en 2020. En julio, se informó que Israel y Estados Unidos estaban trabajando en un plan para un proyecto de conexión terrestre para camiones que viajen entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos a través de Jordania y Arabia Saudí. Los dos proyectos juntos pretenden conectar el mar Mediterráneo y el golfo Pérsico”.
El político del Likkud, Yisrael Katz, entonces ministro de Transportes, más tarde ministro de Energía y ahora cómplice voluntario de Netanyahu como ministro de Relaciones Exteriores, ha sido durante mucho tiempo portavoz de esta visión, que sigue el esquema histórico de la construcción de infraestructura de la era imperial. En la época actual tiene la clara ventaja de evitar tanto el golfo Pérsico como la estrecha entrada al Mar Rojo. Aqui se puede ver en un video en You Tube.
Y esta visión no se limita a los estrategas israelíes empeñados en neutralizar la cuestión palestina. El Consejo de Cooperación del Golfo lleva tiempo imaginando una red ferroviaria que conecte la región y se extienda a lo largo de 2.100 kilómetros desde el Estado de Kuwait hasta el Sultanato de Omán, pasando por Dammam en Arabia Saudí, hasta la capital de Bahréin, Manama.
Ésta es la nueva geoeconomía de nuestra era. Vastas visiones de transporte, infraestructura y logística alentadas e inspiradas por una mezcla de interés comercial, fascinación tecnológica y rivalidad geopolítica. Dadas sus propiedades físicas, la infraestructura es una herramienta preferida de los ricos y poderosos. Encierran selectivamente conflictos políticos y geopolíticos, dándoles forma monumental, mientras suprimen y concretan las cuestiones más intratables, por ejemplo, la cuestión palestina. Estos movimientos de poder son a la vez enormemente políticos, porque definen quién está dentro y quién está fuera, y al mismo tiempo agresivamente antipolíticos. Una vez que haya un tren y un tren que circule a tiempo, la esperanza es que otras cuestiones parezcan irrelevantes. Esta idea es tan poderosa que la promesa misma tiene efectos. Ni siquiera es necesario tender las líneas del tren. La promesa misma tiene efectos. En realidad, construir y operar trenes es otra cuestión y conlleva sus propios riesgos.
Los proyectos de infraestructura siempre plantean la cuestión de la interconexión. ¿Quién enlaza, quién es compatible y quién no? El proyecto Vías Árabe-Israelí para la Paz puede ser marcadamente regional, pero desemboca muy claramente en un esquema aún mayor: el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC) que se lanzó con fanfarria en el G20 organizado por el Primer Ministro Modi de la India, en septiembre de 2023. Como lo expresa Mohamad Hasan Sweidan en otro útil artículo de The Cradle:
“Durante la cumbre del G20 en septiembre pasado, el presidente estadounidense Joe Biden anunció la iniciativa IMEC, que involucraría la participación de India, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, junto con Israel, Francia, Alemania, Italia y Estados Unidos. Según una declaración de la Casa Blanca, el corredor comercial previsto contará con una línea ferroviaria, gasoductos de hidrógeno limpio y zonas económicas que se extenderán desde la India a través de los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Israel hasta el puerto del Pireo en Grecia”.
*Fuente de la foto: Archpaper y Oficina del Primer Ministro de Israel










