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 Porqué debe importarnos cómo se preparan las juezas (y los jueces)

Luis Octavio Vado Grajales

Si usted no es abogado o abogada, ¿le debería importar como se forman las personas que se dedican a juzgar? La respuesta de botepronto sería, probablemente, ¿y eso qué es? Pero la realidad es que, tanto en lo individual como en lo colectivo, es un asunto que debe interesarnos.
Esta semana se realizó un encuentro entre dos escuelas judiciales, la Escuela Federal de Formación Judicial, y la Escuela Judicial Electoral; la primera como parte del Poder Judicial de la Federación, y la segunda como la academia especializada en asuntos comiciales.
Las escuelas judiciales se encargan, en general, de dos cuestiones fundamentales: primera, de capacitar y actualizar al funcionariado de los juzgados y tribunales; segunda, a desarrollar los procedimientos de ingreso, permanencia y promoción de la judicatura.
El tener título de licenciatura en Derecho no es garantía suficiente de que una persona sabrá juzgar correctamente. Es un documento que demuestra que se han aprobado las materias y, por tanto, que se han desarrollado ciertas habilidades y adquiridos conocimientos mínimos. Pero nada más.
Pongamos por caso: el tener título en Contaduría no significa que la persona sea una experta en impuestos al comercio exterior.
Así, un buen juez, una buena magistrada, deben desarrollar habilidades específicas para el cargo, conforme un perfil del puesto. Por ejemplo, se espera que cuenten con conocimientos actualizados de la rama del Derecho de que se ocupan; pero también de otras conexas, como los temas constitucionales.
Además, es necesario que su bagaje en materia de derechos humanos sea suficiente, debido a que estos tienen efecto no solo en las relaciones autoridad-particular; sino también entre particulares. Hoy no puede afirmarse que hay un área jurídica en la que no impacten los derechos de las personas (y las colectividades)
Se requiere también que desarrolle habilidades de comunicación. Por ejemplo, para la correcta elaboración de sentencias, más en estos momentos en que la sociedad exige resoluciones entendibles, versiones traducidas al lenguaje llano que todas y todos tenemos, y no solo redactadas con la terminología propia de la técnica jurídica.
Cierto, normalmente quien juzga cuenta con personal que le apoya en la redacción de sentencias, pero ese personal también debe ser adecuadamente instruido; y al final, la responsabilidad es de quien firma.
Además de lo anterior, es necesario que cuente con habilidades de argumentación. Todo acto de autoridad, y más las sentencias, deben contener las razones de la decisión que se toma, ya que somos un Estado democrático en el que la autoridad no puede simplemente afirmar “esta es mi voluntad”, sino que tiene que mostrar el apoyo jurídico, así como buenos motivos para decidir tal como lo hace.
En suma, a lo anterior, si le corresponde desahogar pruebas, su formación en técnicas de interrogatorio deberá ser completa.
 
Además, el titular de un juzgado o de un tribunal, debe desarrollar habilidades de liderazgo y administración de personal y recursos, así como manejo del tiempo. En esto también debe ser formado por las escuelas judiciales.
No olvido las cuestiones éticas, a las que siempre debe atender.
Como puede verse, ser un buen juez o una buena jueza, es una labor de toda la vida, que no se agota con los conocimientos adquiridos en la Licenciatura; los poderes judiciales no pueden simplemente abdicar de su responsabilidad y dejar que cada integrante suyo se mantenga actualizado o no, sino que deben desplegar un esfuerzo institucional para diseñar, planear y ejecutar programas de capacitación que, además, permita un desarrollo profesional y la renovación de cuadros.
Por eso debe importarnos cómo se forman las personas juzgadoras en México. Eventos como el encuentro de esta semana nos muestran los retos que el entorno y la pandemia han puesto a esta labor, y cómo han sido enfrentados utilizando principalmente el internet, no como mero apoyo para las actividades de capacitación, sino como la plataforma principal de las mismas, lo que exige un diseño de cursos distinto que el de los presenciales.
Mejor judicatura para una mejor justicia.

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