Por la Conciencia
Dr. Roger Heli Díaz Guillén
Tema cultural y patrimonial comunitario.
El movimiento campesino, indígena y sociedad civil denominado “Sin Maíz no hay País” logró el apoyo del gobierno de la cuarta transformación para que el 31 de diciembre del 2020 se emitiera decreto para reducir gradualmente el consumo de maíz transgénico y herbicida glifosato; que en su momento fue combatido por decenas de demandas de amparo promovidos por las empresas afectadas como Monsanto y grupos económicos y políticos de oposición.
En este caminar, se destaca que el 25 de abril del 2024 Monsanto se desistió de demanda en contra del decreto de diciembre del 2020 antes citado en razón de haber ganado amparo 313/2021 en resolución del 12 de julio del 2022 que conoció y resolvió juez sexto de distrito en materia administrativa Francisco Javier Rebolledo; el cual quedó sin efecto al haber sido abrogado el decreto materia del amparo para publicarse el 13 de febrero del 2023 un nuevo decreto sobre la prohibición del uso de semilla de maíz transgénico para siembra agrícola y consumo, evitando contaminar los maíces nativos y alterar la biodiversidad.
Esta lucha siguió su curso, donde la transnacional traslado sus intereses y poder para que a través de las relaciones comerciales internacionales se pudiera frenar el interés del gobierno de México por regular en el derecho mexicano el tema del maíz transgénico y herbicida glifosato; logrando que el 20 de diciembre de este 2024 un panel de solución de diferencias del tratado comercial de América del Norte T-MEC fallara en contra de México, dejando sin efecto para los fines comerciales internacionales lo relativo al comercio y prohibición del maíz genéticamente modificado.
Ante el resolutivo citado de organismo internacional la presidenta de México fijó su postura de pasar de los decretos antes referidos a las reformas constitucionales que atiendan el derecho por la vida; la soberanía alimentaria y; los derechos humanos ciudadanos y derechos humanos colectivos de última generación de pueblos y comunidades indígenas; dueños del saber, uso y sostenibilidad de lo que significa y representa el maíz como patrimonio cultural y biocultural.
En este marco de referencia, emerge el interés por separar los intereses comerciales y de política internacional, sin restarle importancia; de los intereses sociales de representación del poder legislativo por atender la voz y razones del poder ejecutivo y; la de millones de mexicanos que nuestra vida culinaria, salud y vida está relacionado con el maíz y la protección del medio ambiente; que reclaman ser consecuentes con lo dispuesto en decretos del 2020 y 2023 para establecer este tema en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En este orden de ideas hablemos del MAÏZ como componente del inventario cultural y patrimonial comunitario de pueblos y comunidades indígenas y afro mexicanas expresados en ejidos y comunidades; quienes les corresponde y les asiste el derecho originario, natural y legítimo del maíz en sus variedades domesticadas bioculturalmente desde tiempos inmemoriales, porque el maíz es de ellos antes de ser país. Derivando de esta pertenencia e identidad genética 64 variedades o tipos de maíz organizados en siete grupos básicos, de los que 59 son nativos; correspondiendo a Chiapas 8 de las 64 variedades: Olotillo, Tehua, Olotón, Tepecintle, Vandeño, Zapalote Grande, Tuxpeño; aunque en la región frailesca se siembra 9 variedades como maíz amarillo, mezcla, huisteco, comiteco, señorita, señorita blanco, señorita amarillo, precoz y parraleño.
Como bien lo destaca Fabricio Mejía Madrid en video que circula en redes sociales, los mexicanos debemos identificar al maíz como expresión biocultural de pueblos y comunidades para valorar las variedades del maíz y sus usos culinarios, destacando que sin el maíz bolita no existirían las tlayudas; sin el maíz cacahuacintle no se podría preparar pozole; sin el maíz palomero no comeríamos palomitas; o la diversidad de atoles; colores y sabores de tortillas de maíz; sus capacidades nutrientes y; sustantivamente conocer las regiones donde se producen, sostienen, preservan y mejoran. Saber que el maíz es un valor de vida y pertenencia; es valor con el infinito y el Dios de Baruch Espinoza, la naturaleza y el espacio; es unidad de deidades Tierra-Naturaleza-Cielo-Lluvia.
Debemos reconocer que si bien es cierto el desarrollo de la genética en la biología ha desarrollado la agricultura y la alimentación adecuando sabores, olores, colores, texturas, adaptación natural y resiliencia de productos naturales; también es cierto que este desarrollo se ha traducido en patentes de transnacionales que se han apropiado en abuso del derecho de autor y propiedad industrial de genes y ADN que manipulan con virus y bacterias aplicadas a células para producir nuevas alternativas agrícolas. La idea es uniformar el maíz buscando el monocultivo y monopolio mediante el consumo comercial de semillas; logrando Monsanto patentar semillas estériles de maíz donde el campesino no puede sembrar la semilla de su cosecha, teniendo que comprar semillas para cada cosecha. Destacando Fabricio Mejía que esto es como si se comprara un libro y si lo quiero volver a leer tengo que comprar otro.
Para revalorar la importancia del maíz basta destacar que somos el país con mayor consumo en el mundo con un promedio de producción entre 25 y 27 millones de toneladas anuales, identificándose un consumo promedio de 196.4 kilos anuales por persona adulta; siendo importante observar que el maíz no solo es mercancía, comercio y consumo; es identidad; es valor patrimonial cultural; es soberanía alimentaria; es fuente económica del mundo rural agrario; es vida y sustento; es una razón de vida y sostenibilidad de millones de campesinos e indígenas.
Se concluye destacando que el uso irracional razonado de los saberes originarios para apropiarse de productos naturales que no crearon, como la actividad de Monsanto, Syngenta, Corteva y empresas chinas con el maíz y agroquímicos, resultan ser actos de privatización de la naturaleza; monopolio de los alimentos humanos y; privatización de la genética de los componentes naturales de los territorios indígenas, afro mexicanos y campesinos. Es genocidio de largo plazo con daños a la salud de mediano plazo. Es un atentado al medio ambiente y a la biodiversidad. Es contravenir la soberanía nacional; autonomía y libre determinación de los pueblos y comunidades. Ocasiona daño moral; daño económico patrimonial; daño ambiental; daños a la salud y a derechos humanos.










