Mtro. Misael Núñez Acosta A 41 Años Del Asesinato

Mtro. Misael Núñez Acosta A 41 Años Del Asesinato

30 DE ENERO DE 1981

Dr. Gilberto de los Santos Cruz

Al igual que el profesor Misael Núñez Acosta, los maestros eran egresados de escuelas Normales. Herederos del pensamiento del viejo maestro rural que recorrió el país, tras el triunfo de la Revolución Mexicana, ellos abrazaban los ideales plasmados en la época de oro de la escuela rural mexicana. En la obra El maestro rural: una memoria colectiva, Edgar Robledo Santiago destaca: “el maestro rural era un verdadero líder de la comunidad, un orientador eficaz, un guía que jamás torcía el camino; decía siempre la verdad, su interés era servir a todos, para lo cual no escatimaba tiempo y esfuerzo. Enseñaba con el ejemplo, coordinaba esfuerzos, iluminaba voluntades. Todo su trabajo fue desinteresado desde el punto de vista personal, pero profundamente comprometido en servir a la comunidad y a sus moradores. El maestro rural era un incipiente sociólogo de la época, no sabía nada de teoría, pero tenía la habilidad de penetrar, analizar y deducir. La comunidad toda era una enorme aula donde el maestro enseñaba, por eso la recorría en todas las direcciones, y la sentía como objetivo general de su incesante actividad”. Los testimonios de quienes enfrentaron en aquella época a caciques locales, no eran muy distintos de los que 50 años más tarde enfrentarían dirigentes magisteriales como Misael Núñez Acosta. La profesora Ana María Ontiveros García, en enero de 1929 era directora de la Escuela Rural de Niñas, en el ingenio de San Antonio de las Huertas, Mpio. de Nocupétaro, Michoacán, narra en Remembranzas de mi vida como maestra rural, sus primeros enfrentamientos con los dueños del poder: “la hacienda en la que yo prestaba mis servicios funcionaba de manera semejante a las de la época de la Colonia. Me causaba pena ver cómo se medía el frijol, maíz o carne según el número de miembros de la familia de los peones. En cambio, los sábados al entregarle la raya semanal, recibían todas las botellas de vino que pedían. “Como al dueño no le convenía que tratara de orientar a los peones, empezó a hacerme sentir que mi presencia no era grata, primero en forma sutil, pero luego paso a la acción directa: pagó a tres personas para que me asaltaran, pero como un padre de familia me alertó a tiempo, salí por la noche a escondidas y lo denuncié en el municipio.  Los maestros de las décadas de los años 60 y 70 tenían una sólida formación normalista, en la que aún prevalecía el compromiso de lucha con las comunidades. Misael Núñez Acosta a su paso por las aulas de las Normales de El Mexe y Tenería, consideradas como importantes centros de divulgación del pensamiento marxista, dejaron su huella en el que años más tarde sería uno de los principales líderes del movimiento magisterial del Valle de México. En 1966 ingresó a la Escuela Normal Luis Villarreal, ubicada en el Mexe, Hidalgo. Como miles de hijos de campesinos, para Misael la escuela Normal es el único espacio de formación a su alcance. Fundadas a principios de los años 30, las Normales rurales surgen como espacios no sólo de formación profesional para hijos de campesinos, también son importantes centros de divulgación del pensamiento socialista. Bajo la visión de un Estado posrevolucionario, el maestro debe ser más que un educador. Se incide en la formación de un docente con una visión integral de la comunidad, donde su tarea no sólo es atender la instrucción de sus alumnos, sino atender las necesidades de sus comunidades. Se planteaba que el profesor debería tener una formación con seis características, entre ellas: enseñar por las noches a los adultos, trabajar para el mejoramiento de la comunidad en todos sus aspectos y ser líderes sociales del pueblo. Durante su campaña presidencial, el Gral. Lázaro Cárdenas, había delimitado el perfil del maestro normalista diciendo que el maestro revolucionario debía ser líder social, consejero, orientador, no sólo debía enseñar a leer y a escribir, sino mostrar también al proletariado la manera de convivir mejor, de crear una existencia más humana y más justa. Tres décadas después, los estudiantes de las normales rurales aún mantenían las banderas de la reivindicación de la justicia social, y el servicio a la comunidad. Sin embargo, pronto comienzan los problemas para Misael. Tras denunciar los malos manejos en los recursos que se destinan a la alimentación de los alumnos, y en los que están involucradas autoridades del plantel, es expulsado del Mexe. Finalmente logra su traslado a la Normal de Tenería, ubicada en el municipio de Tenancingo en el Estado de México, donde finaliza sus estudios en 1970. A diferencia de muchos de sus compañeros de lucha, una vez concluida su formación normalista, extendió su interés hacia diversas agrupaciones como la Organización de Obreros Independientes. Al inicio de la década de 1970, impulsa la creación de “círculos de estudio” para unificar al movimiento obrero y popular. Se consolidan en Tlaxcala, Hidalgo y Estado de México; en este último surgen con mayor fuerza en los municipios de Tlalnepantla, Xalostoc y Tulpetlac. Es precisamente en esta comunidad donde Misael se sumará a la organización de los obreros. Pronto comienza a impulsar entre los colonos mecanismos de apoyo a los trabajadores en huelga. Crea el programa el kilo de ayuda, con el que vecinos de colonias como La Loma, Texalpa, Tecuexcónac y Los Reyes, entre otras, se suman llevando víveres y acompañando en las guardias nocturnas a los obreros. Una vez más, se hace presente su formación de corte socialista que consolida durante su preparación como docente en las escuelas rurales del Mexe y Tenería. Ahí también surgen acercamientos con corrientes de izquierda. Años más tarde, preocupado por las condiciones de marginación y explotación que enfrenta la clase obrera, decide ingresar a la Universidad Autónoma Metropolitana, fundad en 1974. Ahí inicia sus estudios en Derecho en 1978, y poco después también se inscribe en la carrera de Sociología. La represión, sin embargo, para la década de 1970, confrontar los intereses de terratenientes y caciques locales o sindicales aún representaba no sólo un riesgo de convertirse en víctima de la represión administrativa, también había una creciente represalia física y laboral. El viernes 30 de enero de 1981, minutos antes de ser asesinado, Misael Núñez había concluido una asamblea con padres de familia y obreros de la colonia La Loma, en Tulpetlac, Estado de México, donde se ultimaron los detalles del paro indefinido de maestros que estallaría 48 horas después en demanda de mejores condiciones salariales y por la democratización del SNTE. Coordinaba las acciones para mantener a cargo de la comunidad, la vigilancia de la escuela de La Loma, y evitar que fuera tomada por grupos afines al charrismo sindical. Para esa época, la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tenía poco más de un año de haber sido fundada. Se vivían momentos de movilizaciones en Oaxaca, Michoacán, Morelos, Guerrero, Chiapas e Hidalgo, pero principalmente en el Valle de México y Distrito Federal. Miles de maestros participaban en paros, y mítines en demanda de mejores condiciones laborales y salariales, y sobre todo por la democratización del magisterio. Al ser asesinado, Misael tenía 31 años de edad. Padre de tres hijos, maestro normalista y líder social, había acumulado en su corta existencia una larga lista de luchas por la defensa de obreros, colonos y maestros. Hijo de campesinos, creció en la pobreza. Comprometido desde su juventud con la organización popular, sus primeros pasos en el magisterio estuvieron acompañados de una profunda vinculación con las comunidades y sus demandas sociales, que perduraron a lo largo de su vida.

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