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Putin y AMLO: los peligros del poder

Plaza Cívica

Fernando Núñez de la Garza Evia

Existen tres graves errores en los que caen las personas de gran poder: se creen excepcionales, piensan que están por encima de las reglas, y no buscan el consejo de los otros. Esa es la radiografía del poder que extrae la académica de Oxford, Ngaire Woods, con motivo de la invasión de Vladimir Putin a Ucrania. Sin embargo, aclara, los errores suceden tanto en líderes autocráticos como democráticos. Y las semejanzas entre quien habita el Kremlin con aquel que duerme en Palacio Nacional son considerables.

“El poder a menudo convence a quienes lo ejercen de que son excepcionales, que las reglas no se aplican a ellos” nos dice la también filósofa. Putin recientemente se comparó con Pedro el Grande, el estadista ruso que llevó las fronteras de Rusia al Mar Báltico y fundó San Petersburgo. AMLO ha proclamado la Cuarta Transformación, poniéndose a la par de los héroes nacionales que pelearon por la Independencia, la Reforma y la Revolución. Ambos personajes creen estar inmersos en un contexto histórico excepcional, llevado a cabo por ellos, por lo que las reglas deben irse de vacaciones. Ejemplos abundan en el caso mexicano: consultas populares abiertamente ilegales, nombramientos en organismos reguladores no apegados a derecho, promoción electoral contraria a la ley, violación a tratados internacionales en materia de inversión, memorándums que tienen como objetivo suplantar ordenamientos jurídicos, entre muchos otros.

“El poder también puede convencer a los líderes de que son demasiado fuertes para estar limitados por reglas” comenta la autora. Putin no tiene mayor problema, ya que es el líder indiscutible en una de las grandes autocracias de la historia: Rusia. Sin embargo, si las normas nacionales se encuentran supeditadas al líder ruso, las normas internacionales no lo están, y por ello la debacle internacional con la invasión ilegal a Ucrania. Con Andrés Manuel López Obrador es diferente, ya que es el presidente en una democracia y, por lo tanto, está limitado por los pesos y contrapesos propios de todo régimen democrático. Sin embargo, su personalidad populista, aunada a un contexto de victorias electorales contundentes, ha hecho que aquél que habla por el pueblo haga más evidente aún su desprecio por las reglas. Y ahí su confrontación continua con toda persona, organización o poder formal e informal que intente constreñir su poder: desde la Iglesia católica, pasando por el Poder Judicial y los medios de comunicación, y terminando con innumerables periodistas, por decir lo menos.

“Así como el poder puede hacer que los líderes piensen que son más fuertes de lo que realmente son, también puede aislarlos y alentarlos a no escuchar a los demás”. Es bien conocido el aislamiento al que se sometió el líder ruso por la pandemia, el despido masivo de generales y oficiales de alto rango durante las primeras semanas de la invasión a Ucrania, y las humillaciones públicas a las que suele someter a sus funcionarios. Con AMLO, la historia es sumamente parecida. Su otrora cercano colaborador, José Agustín Ortiz Pinchetti, comentó para Proceso: “Sí, confío en su instinto político. Prácticamente nunca lo vi, antes de tomar una decisión, solicitar consejo o acuerdo de sus colaboradores”. Asimismo, los secretarios de Estado no tienen voz, y en diversas ocasiones ha corregido públicamente a sus funcionarios con humillaciones de por medio (recordemos los episodios que involucraron a su exsecretario de Hacienda, Arturo Herrera).

Putin y AMLO son diferentes, pero comparten idiosincrasias: se creen excepcionales, por encima de las reglas y no escuchan consejo alguno. Es la mentalidad del autoritario, esperable en personas que gobiernan autocracias, incomprensible y peligroso en aquellos que gobiernan democracias.

@FernandoNGE

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