Roger Heli Díaz Guillén.
En la vida democrática y cultura electoral en México destaca el manejo de masas ciudadanas que comparten los mismo problemas y esperanzas, además de la pobreza como distintivo social, aprovechados en la vida pública principalmente en el sistema de partidos políticos que se apoyan o crean organizaciones a modo donde la historia nos da nombres como la CNC, CNOP, entre otras vigentes que se omiten siglas para no herir susceptibilidades; destacando el trabajo de organizaciones sociales, campesinas, indígenas y afro mexicanas que trabajan en pueblos y comunidades que tienen una característica. Trabajan en la propiedad social de México que ocupa más de la mitad del territorio nacional, cuya historia agraria es una faceta histórica y un presente que requiere de rumbo hacia el desarrollo rural agraria integral, inclusivo y sostenible que garantice la sostenibilidad y soberanía alimentaria.
En tiempos electorales se difunden y reconocen diversos acuerdos nacionales para el campo; medio ambiente; los niños y las niñas, sindicatos; pequeña y mediana empresa, entre otros; sustantivamente los emanados de una larga lucha social cuya problemática no solo es conocida sino vivida por luchadores y luchadoras; estudiando las condiciones de existencia como sectores sociales; conjuntando en años muchas propuestas, expresiones e ideas que se han sistematizado, sociabilizado en muchas reuniones y medios de comunicación, dando forma a propuestas de políticas públicas, proyectos y acciones de gobierno debidamente fundadas y motivadas que han logrado entrar o ser aceptado en tiempos electorales en los proyectos políticos de gobierno nacional.
Estos procesos de “compra” y aceptación de proyectos en beneficio de pueblos, comunidades y ejidos campesinos, indígenas y afro mexicanos por parte de aspirantes que logran ser gobiernos en la historia contemporánea de nuestro país, siempre se han anunciados y sabidos y; en momentos retomados por los gobiernos; destacando como problemática interna que afecta la continuidad de ideas transformadoras el hecho que históricamente las personas y equipos que estudian, escriben, convencen y proponen proyectos de impacto nacional no son los que ocupan los puestos de dirección en la administración pública, que regularmente sirven para acomodar al equipo que dedicó tiempo, dinero y esfuerzo en los procesos de campaña y compromisos asumidos en los mismos; que han demostrado evidente desconocimiento de la materia que les correspondió asumir la responsabilidad de su dirección y ejecución de proyectos comprometidos en campaña.
El discurso de trabajar por las causas de los más pobres tiene que abrir la perspectiva que los pobres con liderazgo y base científica política sean parte de los procesos de transformación, así como la sociedad civil; ya que ello ha implicado en muchos momentos que después de haber acordado con el candidato hoy gobierno, necesariamente se hace una segunda negociación con los que dirigen la política pública de la materia que se trate, ya que regularmente no son los que gestan y construyen los grandes acuerdos a que hacemos referencia, ni cuentan con ascendencia en la materia e identidad en la política pública que ocupan. Una realidad que puede modificarse en la medida de ser consecuente en el decir, firmar y hacer.
Es de todos sabidos o por lo menos insinuado que los puestos de dirección de la administración pública desde la campaña ya están cubiertos, dispuestos y comprometidos, diluyendo los alcances de la propuesta; evidenciando que los grupos ciudadanos, comunidades y pueblos que gestan propuestas y acuerdos políticos que no resultan ser parte de los Operadores de políticas públicas que construyen programas y proyectos para materializar los acuerdos y convenios del gobierno en tiempos de campaña; que resulta objetivamente una limitante a la democracia e intervención en la vida pública; manteniendo esta ortodoxia una clase política de gobierno que media en la acción de gobernar la relación de pueblo y gobierno sin identidad y sensibilidad social en casos; siendo necesario definir una ruta en este propósito que fortalecerá sin lugar a dudas el ejercicio de gobierno y la democracia en su esencia.
El tema expuesto se sustenta en la premisa que “no basta un buen proyecto sin equipo humano con misión y visión que lo ejecute y haga realidad”, donde la intervención social comunitaria y de sectores es el cimiento para que todo proyecto tenga legitimación y responda a realidades sociales de intereses colectivos. Se considera sustantivo observarlo como faceta continua de la ciudadanía integral y critica que necesita aportar a la transformación por el bien común y bienestar social. Ver la necesidad de observar a la administración pública como una maquinaria del pueblo y para el pueblo, donde este no solo debe ser beneficiario, sino aportativo y ejecutor.
En otra óptica de la democracia, es el pueblo y sus organizaciones que hoy corresponde ser parte del cambio no solo de gobierno, sino también de sus instituciones que deben renovarse como casas del pueblo donde se resuelven y atienden temas de la vida diaria social. Instituciones que tienen que facilitar la vida diaria en la medida de recuperar el humanismo y visión por las que fueron formadas, donde el trabajador no pierda la identidad que le da oportunidad de servir al pueblo.
En este orden de ideas, un mundo ideal resulta regular la “elegibilidad” en la administración pública de los hombres y mujeres que demuestren con formación, vida, hechos y aportaciones que cumplen con elementos básicos, características y cualidades para asumir responsabilidades de dirección y ejecución de acciones que impactan la vida pública de los mexicanos. Es un mecanismo de profesionalizar la acción de gobierno a partir de identidades y perfiles que el pueblo a encubado, que sin temor a equivocarnos mejoraría la acción de gobierno con base social, científica para transformar la careta política de la transformación en la administración pública federal. Algo así como otorgar medallas al pueblo.










