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Razones

Tres escenas de justicia y seguridad
 
Jorge Fernández Menéndez

Comencemos por el fin de un capítulo vergonzoso de la justicia en el país. Ayer un juez federal desechó la acusación de la FGR, sin sustento alguno como aquí dijimos en varias ocasiones, contra cuatro abogados y un asesor financiero, presuntamente relacionados con el ex consejero jurídico de la presidencia, Julio Scherer, acusados de haber extorsionado al abogado Juan Collado para que éste obtuviera su libertad. A Collado, la FGR le ofreció un criterio de oportunidad a cambio de que realizara estas acusaciones. Era, en realidad, una venganza política.
Ayer, luego de 23 horas de comparecencia, el juez federal Felipe de Jesús Delgadillo Padierna, declaró inválido el proceso y rechazó todos los argumentos que presentó la FGR. Señaló que al presentar a Scherer Ibarra como parte clave de una presunta asociación delictuosa la Fiscalía intentaba hacer una “imputación ficticia” contra el exconsejero jurídico, con lo que violaba así su presunción de inocencia.
El juez sostuvo que la FGR no presentó ningún dato de prueba que llevara a determinar la existencia de un delito o la probable comisión del mismo por los investigados. Concluyó que “la Fiscalía General de la República se ha conducido con mala fe y mala intención”, dijo. E incluso ordenó dar vista a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos para que investigue y determine si Juan Collado o los fiscales encargados del caso violaron los derechos humanos de Scherer, de los abogados Juan Araujo, César González e Issac Pérez y del asesor financiero David Gómez. No hay mucho más que agregar.
Segundo capítulo. Es inútil debatir si la ciudad de México es hoy más segura que Nueva York. La seguridad es un tema de realidades, pero también de percepciones. Y la percepción no se condice con esa afirmación. Pero, por eso, en lugar de hacer esas comparaciones habría que insistir en los hechos. Y estos lo que muestran es un avance notable en la seguridad pública de la ciudad de México, desde que asumió esa dependencia Omar García Harfuch.
Hoy la ciudad tiene un promedio de 1.9 homicidios diarios, la tasa más baja en 15 años. Los delitos de alto impacto han pasado de 208.9 en abril de 2019, a 86 delitos de alto impacto diarios, una reducción de casi 60 por ciento.
La percepción de inseguridad sigue siendo, sin embargo, relativamente alta por varias razones. Una de ellas es que estas cifras son de la ciudad de México, y en los municipios conurbados del estado de México, Hidalgo y Morelos, los índices delictivos son mucho más altos. Operativamente, se ha logrado evitar la contaminación hacia la capital, pero para la gente, cono toda razón, Cuautitlán, Ecatepec o Naucalpan son parte de la ciudad.
Pero son cifras reales y es una demostración de cómo una estrategia de seguridad se puede implementar con éxito. Nadie ha descubierto aquí el hilo negro, lo que se hace es tener voluntad política, inteligencia, coordinación con la fiscalía, el sistema de justicia y las fuerzas armadas, e insistir en que se debe golpear a los grupos criminales, a todos, todos los días. La tesis de que si se descabeza un grupo criminal se incrementa la violencia es falsa. Puede haber un pico de violencia, pero si se aplica una política sistemática, los índices se reducen. Y lo que ha ocurrido en la ciudad de México lo demuestra. Ello ha ido de la mano con la limpieza de elementos corruptos en la secretaría y en la fiscalía. No sé en otros temas, pero en éste sin duda Claudia Sheinbaum tiene un logro que presumir y una política que ofrecer de cara al 2024.
Un tercer punto. Desde agosto pasado la Defensa Nacional, sin anunciarlo públicamente, ha ido modificando algunas de sus políticas de seguridad, y ha logrado, en términos nacionales, comenzar a reducir el índice de homicidios producto de la delincuencia organizada. Sin embargo, hay picos importantes en algunos momentos y territorios. Para eso también hay muchas razones, una de ellas son los enfrentamientos que genera sobre todo el Cártel Jalisco Nueva Generación, sobre todo en ocho estados del país.
No es que los otros grupos criminales no sean violentos, lo que sucede es que, por su forma de operar, el CJNG usa mucho más la violencia intimidatoria y de esa forma buscan penetrar en distintos territorios, aliándose o eliminando a grupos locales, como es su momento lo hicieron también los Zetas.
El paralelismo entre las dos organizaciones es notable, desde su origen: el CJNG nació como un grupo para enfrentarse a los Zetas e incluso se hicieron llamar los matazetas. Pero su propia dinámica criminal los hizo crecer e independizarse adoptando, paradójicamente, las formas y métodos de sus enemigos originales. Esa es su fortaleza y también su debilidad. Es una organización que opera en torno a unos mandos centralizados, en torno al Mencho y su familia, pero que crecieron como una suerte de franquicia criminal. En la medida en que el centro se debilita, las fracciones se independizan, se dividen y comienzan a enfrentarse entre sí. Lo que estamos viendo, por ejemplo, en Colima es exactamente eso.
En 2011 hubo el mayor pico de violencia que coincidió con la derrota de los Zetas y los Beltrán Leyva lo que generó una disminución acelerada de la misma, que inició en 2012 y duró casi dos años más. Hoy estamos en un trance similar con el CJNG. Son escenarios, pero es un escenario muy probable.

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