Soberanía como método de negociación

Razones

Jorge Fernández Menéndez

Hay discursos que se escriben para el calendario y otros que se escriben para la coyuntura. El del general Ricardo Trevilla Trejo este 13 de septiembre, en el Altar a la Patria, fue de los segundos, aunque tuviera la forma de los primeros.

El General Secretario sostuvo la mañana del domingo que la conmemoración de los Niños Héroes no debe limitarse a recordar el pasado, sino para reafirmar la confianza en México, sus instituciones y en las generaciones que conducirán su futuro. Hasta ahí, la liturgia. Lo relevante vino después: «México determina su propio destino, ejerce plenamente su soberanía y cuenta con instituciones sólidas para preservarla».

La soberanía que los cadetes protegieron con valor, dijo, no es solamente una aspiración histórica ni una expresión de patriotismo, sino un mandato constitucional. En la Carta Magna, subrayó, reside la voluntad soberana del pueblo de México y el deber irrenunciable de preservar la independencia, la integridad y los intereses de la Nación.

El general Trevilla evocó las memorias del general estadounidense Ulysses Grant, quien reconoció la resistencia y el patriotismo de los defensores mexicanos de Chapultepec. Recordó la invasión citando al invasor que respetó al invadido. Fue un lazo hacia el presente. Porque, más allá de declaraciones y vicisitudes, la puerta en la relación militar está abierta como no lo ha estado en décadas.

Hay que retrotraernos a julio pasado: el general Trevilla y el secretario de Marina, almirante Raymundo Morales, se reunieron con el general Gregory M. Guillot, comandante del Comando Norte, del 19 al 22 en el puerto de Veracruz. El encuentro se realizó dentro de los mecanismos de cooperación bilateral militar que México y Estados Unidos mantienen desde 2016, la Mesa Redonda de Cooperación Bilateral Militar.

El comunicado mexicano sobre el encuentro fue escueto. El estadounidense fue amplio. Según el jefe del Comando Norte, los mandos discutieron formas efectivas de enfrentar a las organizaciones criminales transnacionales, oportunidades de entrenamiento para operaciones especiales, intercambio de información y cómo defenderse de sistemas aéreos no tripulados no autorizados. Cuatro temas de una agenda operativa.

En su mensaje tras la visita, el Gral Guillot habló de expandir la colaboración militar hacia nuevas áreas estratégicas, reforzando el compromiso con la confianza mutua, el respeto a la soberanía, la integridad territorial y la responsabilidad compartida y diferenciada. Esa fórmula: “responsabilidad compartida y diferenciada, respeto a las decisiones y territorios soberanos” es exactamente la misma que la Defensa mexicana ha impuesto como marco de cada reunión y que el General Trevilla reiteró en su discurso en Chapultepec.

Esos acuerdos se reflejan en hechos. El 3 de agosto un contingente de Fuerzas Especiales del Ejército mexicano llegó a Camp Shelby, Mississippi, para participar en el evento SOF 28 de capacitación de fuerzas de operaciones especiales, que concluye el 25 de septiembre. Y el propio Guillot había reportado ante el Congreso que en 2025 personal militar mexicano se entrenó junto a la 82ª División Aerotransportada. En estos días llegarán soldados estadounidenses a entrenarse al rancho de Santa Gertrudis, en Chihuahua.

El caso más concreto es la operación binacional antidrones. México y Estados Unidos ejecutan la operación Águila Alta en Tijuana y San Diego para detectar e inhabilitar drones que los delincuentes usan para vigilar a las autoridades; el despliegue comenzó el 31 de agosto y concluirá el 21 de septiembre.

La franja abarca cinco kilómetros con la Mesa de Otay como centro y 500 metros de profundidad en cada territorio; participan alrededor de 800 elementos militares mexicanos con equipos antidrones capaces de inhibir aparatos hasta a tres kilómetros de distancia, mientras Estados Unidos realiza una operación espejo. Cada corporación actúa estrictamente dentro de su propia jurisdicción. Operación conjunta, territorio separado.

Según el Comando Norte y la Fuerza de Tarea Conjunta-Frontera Sur reportaron haber neutralizado más de 300 aeronaves no tripuladas en lo que va de 2026, cerca de 100 durante agosto. El Comando Norte elogió la cooperación de la Defensa mexicana para «adaptarse y derrotar» las operaciones con drones del crimen organizado. Fue un día antes del discurso de Chapultepec.

La respuesta mexicana a la coalición hemisférica de Trump no fue política, sino militar: en lugar de entrar a la coalición, se profundizó la relación bilateral vía el Comando Norte. La Defensa logró ir así un paso adelante en la relación bilateral, con una mirada estratégica que trasciende al sexenio, entre otras razones porque los objetivos de las Fuerzas Armadas, no son, no deben ser, sexenales.

Desde allí podemos entender el discurso de Chapultepec. Trevilla no habló contra la cooperación, habló de las condiciones en las que ésta se desarrolla. En la Constitución, está el límite de lo que puede y no puede aceptar: adiestramiento sí, intercambio de información sí, operaciones espejo sí; tropas extranjeras operando en territorio mexicano, no. Es el mismo mensaje que Guillot escuchó en Veracruz y que el Comando Norte repite, palabra por palabra, en sus propios comunicados.

La soberanía, de esta forma deja de ser una fórmula de discursos vacíos, para convertirse en un instrumento, en método de negociación. Así lo da a entender el general Trevilla. Del otro lado de la frontera, por lo menos en el ámbito militar, así lo entienden.

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