Robert Kuttner
Las clasificaciones de la revista U.S. News and World Report han sido siempre objeto de sospecha y han corrompido a su vez las universidades de los Estados Unidos. Ahora, varias de las principales facultades han iniciado un boicot. Esto podría terminar en un derrumbe del sistema de clasificación si las facultades de grado lo siguen. Esperemos que así sea.
Las clasificaciones se lanzaron en 1983, cuando el U.S. News and World Report, la más débil de las tres principales revistas de noticias [junto a Time y Newsweek], ideó la estrategia para aumentar su visibilidad y rentabilidad. Sorprendentemente, las universidades colaboraron en ello. El momento era perfecto. Las clasificaciones se convirtieron en emblema y motor de la mercantilización de la enseñanza superior norteamericana.
Como han señalado innumerables críticos, las clasificaciones utilizan indicadores arbitrarios de calidad, entre ellos criterios intrínsecamente subjetivos y circulares como la reputación. Pero mucho peor que las propias clasificaciones es la forma en que las universidades intentan manipularlas.
Uno de los principales objetivos consiste en atraer a los solicitantes con mejores notas y promedios, lo que a su vez les hace subir en la clasificación del año siguiente. Una clasificación más elevada atrae a más solicitantes y una menor proporción de admisiones respecto a las solicitudes, lo que hace subir más puestos en la clasificación y atrae a más solicitantes, y así sucesivamente. Las carreras académicas suben y bajan en función de las clasificaciones.
Desde que las clasificaciones se convirtieron en algo supremo, las universidades han contratado departamentos enteros dedicados a manipularlas. Un objetivo financiero anejo a ello consiste en conseguir el mayor número posible de estudiantes de pago completo combinado con los mejores expedientes académicos.
He aquí un truco para atraer a los niños ricos de bajo rendimiento cuyos padres pueden pagar la matrícula completa: como las notas y las calificaciones se tienen en cuenta en las clasificaciones para los estudiantes admitidos en otoño, pero no en primavera, algunas universidades han ideado el truco de crear programas en el extranjero para esconder a los estudiantes de primer año durante el semestre de otoño, y luego traerlos al campus de casa en el semestre de primavera, cuando sus mediocres expedientes de bachillerato no influyen en las clasificaciones.
De este modo, las universidades pueden admitir a más chicos con notas más bajas cuyos padres no necesitan ayuda financiera. Esto se anuncia como una suerte de enriquecimiento preuniversitario: un semestre sabático. Puede que funcione así para algunos estudiantes; sin embargo, su diseño no era principalmente pedagógico, sino que tenía como objetivo manipular las clasificaciones.
Las becas al mérito tienen una larga historia. Pero algunas universidades utilizan ahora la «ayuda al mérito» como una beca simbólica de prestigio para atraer a estudiantes con altas calificaciones cuyos padres no necesitan realmente la ayuda y pueden pagar la mayor parte del coste total. Esto se hace a expensas de una ayuda financiera más profunda y que se base en la necesidad. Todos estos ardides ayudan a explicar por qué los estudiantes acomodados con malos resultados tienen más probabilidades de asistir a universidades de primera categoría que los chicos de familias pobres con buenos resultados.
Estos patrones de clase social y educación superior están profundamente arraigados en la desigualdad intergeneracional de la vida norteamericanos. Lo irónico es que las universidades pretenden ser vías de movilidad ascendente. La mayoría de las cosas que podrían hacer para cambiar esos patrones son difíciles. Boicotear las clasificaciones de U.S. News debería ser relativamente fácil.







