Roy Gómez
¿Jamás se han dado cuenta de que los niños son muy atentos a la justicia? Si damos a un niño una pieza de pastel mayor que al otro, van a gritar, “No es justo”. Sin embargo, a menudo les faltan la experiencia y la sabiduría para discernir la justicia verdadera. Ven solo el resultado de un hecho sin considerar otros factores que se incluyen en la justicia. El niño que recibió la mayor pieza habría podido ser el último en la fila cuando se agotaron las hamburguesas.
El evangelio hoy cuenta de trabajadores a quienes asimismo les falta un sentido adecuado de la justicia. Se encuentra la parábola del viñador y los trabajadores después de la historia del joven rico que pregunta a Jesús qué deber hacer para ganar la vida eterna. Cuando Jesús le avisa que venda sus bienes, done el producto a los pobres, y siga a él, el rico lo deja entristecido. Entonces Jesús proclama que es imposible para los hombres a salvar a sí mismos, que solo Dios puede lograrlo. A este momento Pedro le recuerda a Jesús que los discípulos han dejado todo para seguirlo, y Jesús les asegura que su premio incluirá la vida eterna. Añade: “’Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros’”. Entonces, les cuenta la parábola para explicar el significado del dicho.
Los primeros en la parábola son aquellos que han trabajado todo el día bajo el peso del sol. Reciben el denario que fue prometido en la madrugada, pero esperaban más porque aquellos trabajadores que llegaron a la viña mucho más tarde recibieron el mismo denario. Cuando los trabajadores que habían trabajado más tiempo protestan al propietario, se les dice que recibieron la cantidad acordada. No fueron ni defraudados ni engañados.
La cuestión aquí es la justicia del propietario y, porque el propietario obviamente representa a Dios, la justicia de Dios. ¿Es Dios justo o injusto con los judíos que han vivido bajo el peso de Torá toda su vida, mientras que los cristianos griegos, que conocieron la voluntad de Dios aparentemente ayer, gozan de la misma gloria como su destino? Sentimos la misma inquietud cuando vemos a los ricos llegar a misa en sus Lexus y a los pobres en autobús. Aunque Dios nos parezca caprichoso por no recompensar más a quienes se han esforzado más, debemos reconocer que desconocemos todos los factores involucrados. Somos como niños que lloran: «¡No es justo!». Sin embargo, nuestro sentido de la justicia puede ser erróneo. La vida eterna no es recompensa para el trabajo sino un regalo a Dios a sus hijos. Ni los santos ni los asesinos reformados merecen el cielo más que un bebé merece nacer en los Estados Unidos, México y no en Haití. Solo por haber vivido como sus hijos demostrando el amor del Espíritu Santo a todos podemos hablar de merecer el Reino de Dios.
No debemos pensar en la gracia de Dios como arbitraria. El Concilio Vaticano II enseñó que Dios ha proporcionado a todos, aún a los no bautizados, la gracia para obtener la vida eterna. Como dice el profeta en la primera lectura, los caminos del Señor no son los caminos humanos. Puede ser que algunos no tengan que luchar tanto como los demás. Sin embargo, nadie falta las medidas para llegar a su Reino.
Una cosa más. Después de escuchar la protesta de los primeros trabajadores, el propietario responde a uno de ellos: “’Amigo, yo no te hago ninguna injusticia’”. La palabra griega usada aquí para “amigo” no pretende de significar una persona querida. El griego no dice “filos” sino “hetaire” que no lleva el afecto de “amigo». “Hetaire” es más un camarada que un amigo. Es significante porque los verdaderos amigos de Dios no se quejarían por ver a los demás recibir sus bendiciones. Al contrario, los amigos de Dios dotados con el Espíritu Santo se regocijarían cuando ven a sus otros amigos favorecidos. Que así sea. Luz.










