Elecciones 2021
Si todos los partidos pregonan que ganaron ¿quién perdió?
Juan Carlos Gómez Aranda
Analista político y experto en comunicación estratégica
Aún no cerraban las casillas el 6 de junio y algunos candidatos ya celebraban el triunfo, pero horas después reconocían su derrota. La realidad es que muchos de quienes festinaban tenían datos de su pérdida, pero las viejas mañas dictaron dosificar la cruda realidad: de las urnas sólo puede resultar un ganador.
Pero como nadie pierde ni gana todo para siempre, veamos que protagonistas del proceso ganaron y perdieron al mismo tiempo.
El presidente López Obrador ganó porque los comicios se realizaron con tranquilidad a pesar de las abominables señales de violencia que los precedieron y no han ocurrido problemas poselectorales que amenacen la paz social. Mientras, el resultado en la elección de diputados le resultó agridulce, porque si bien su partido no logró con 196 curules la indispensable mayoría para hacer reformas constitucionales, con sus aliados las creará para aprobar el presupuesto y seguir impulsando los programas sociales prioritarios y sus proyectos de infraestructura, así como mantener dominio político en varios campos, vía las participaciones federales.
Al mismo tiempo, su partido perdió terreno en la joya de la corona que es la Ciudad de México, viejo bastión y plataforma que lo impulsó políticamente y ahora, de paso, desestabilizó momentáneamente, junto con el accidente de la línea 12 del Metro, el encuadramiento de su propia sucesión.
El INE gana porque no es cualquier cosa instalar casi 163 mil centros de votación, capacitar a un millón y medio de ciudadanos, presentar a tiempo los resultados y realizar los cómputos casi sin incidentes, pues nadie propuso bloquear la avenida Reforma ni carretera alguna. También gana por los nuevos equilibrios en el Congreso, que obligarán a buscar mayores consensos a la hora de debatir las reformas a los órganos electorales.
Morena gana porque consigue control de la mitad de las entidades del país, así como de 13 capitales estatales, 658 municipios y mayoría en 19 congresos locales, lo que es relevante porque se requiere de 17 legislaturas para aprobar reformas constitucionales. Pero pierde por el retroceso que sufre en la Cámara de diputados donde pasa de contar con 247 a 196 por lo que no alcanza mayoría simple ni calificada, perfilándose un Congreso dividido que aumenta la dependencia de Morena de sus aliados y lo obliga a negociar con opositores.
Mientras, la coalición Vamos por México conformada por el PRI, PAN y PRD, gana un avance significativo en el legislativo lo que prefigura una oposición con mayores recursos. El PAN logra gubernaturas y crece en el legislativo, mientras que el PRI perdiendo entidades donde era gobierno avanza en diputados y tiene triunfos regionales como los del Estado de México. Por su lado, el PRD mantiene su nivel, pero sobre todo su registro que muchos daban por perdido.
El Partido Verde consigue quizá el mejor desempeño y pasa de 16 a 44 diputados federales, gana una gubernatura, triunfa en muchos municipios y confirma su preeminencia en estados como Chiapas donde es el segundo partido más votado y el primero en triunfos municipales. También pierde en materia de reputación por la cuestionada participación de última hora de los llamados influencers digitales.
Por su lado, Movimiento Ciudadano gana visibilidad con su rotundo triunfo en Nuevo León y ratifica su fuerza en Jalisco, entidades fundamentales para la vida política y económica de México. A la vez, pierde curules y se derrumban triunfos anticipados como el que ya presentía en Campeche.
Ganaron los 144 diputados federales que lograron reelegirse y perdieron los partidos Encuentro Social, Redes Sociales Progresistas y Fuerza por México que, teniendo algunos éxitos locales, no lograron sostener su registro.
Ganaron las mujeres que hoy tienen más cargos de representación, así como los jóvenes que encontraron nuevos espacios de participación, como las redes sociales que ratificaron su papel como plataformas de movilización, especialmente en Nuevo León.
¿Daremos vuelta a la página para pasar al terreno de la reconciliación? No será así. Queda por desahogar una agenda legislativa y de gestión pública compleja y polarizante que obligará a los contrarios a utilizar todos los recursos de la comunicación y de la política para arrostrarlos con resultados.
En este momento, en tribunales se dirimen las discrepancias de la jornada electoral, mientras espera respuesta la pregunta de por qué no estamos inmersos en problemas poselectorales graves. ¿Será porque todos los partidos ganaron algo, porque quienes hacían las movilizaciones de inconformidad pasadas las elecciones hoy son gobierno o porque los malandrines que cuentan con recursos para patrocinar inconformidades también alcanzaron algún objetivo?
Twitter: @JCGomezAranda









