El Hipsterbóreo
Luis Fernando Bolaños Gordillo
En el libro La humanidad aumentada: la administración digital del mundo, el filósofo francés Eric Sadin expuso que la política está cada vez más inducida por la tecnología y que su devenir en lo que va de este siglo está determinada electrónicamente. En su obra remarcó que tenemos “una gubernamentabilidad robotizada, globalizada, individualizada y movida por intereses dispares”.
Las nuevas tecnologías están presentes en casi todos los ámbitos de la vida humana y su uso mediático sirve para construir la subjetividad colectiva; las redes sociodigitales se emplean indiscriminadamente para visibilizar a los políticos de ciertas formas y esto muestra cómo la mirada de la sociedad sigue siendo colonizada en cuanto a lo que se espera ver o escuchar de estos personajes.
La alienación planteada por Marx desde mediados del siglo XIX es perceptible en el aprovechamiento que hacen los asesores de imagen o community managers de las redes sociodigitales para posicionar a sus clientes al construirles vínculos directos y permanentes con sus seguidores. Estas redes sirven para fijar una hiperrealidad donde las subjetividades del político reconstruido y las de sus seguidores dan paso a un entramado no muy distinto al de un guión.
TikTok dista de ser una plataforma que muestre el carácter ontológico de los políticos, lo que ahí prevalece es un sentido de entretenimiento determinado por la prevalencia de sistemas automatizados para gestionar y fijar las imágenes de estos personajes. En ese entorno la ecología digital es superficial y debido a que los usuarios son en su mayoría jóvenes nativos digitales, los políticos son adaptados a esos gustos y no son mostrados en su completitud.
Esto suscita la aparición de nuevas prácticas para satisfacer lo que los jóvenes desean ver en un político; un personaje que rebasa los cincuenta años de edad, por ejemplo, tiene que manifestarse jovial, lleno de energía, entusiasta, cool, fresco, dinámico, etc., para atraer la mirada de jóvenes que, paradójicamente, cada vez están menos interesados en la política. Este proceso de adaptación generacional llega a tal grado que infantiliza a los políticos y les quita todo rasgo de seriedad.
La relación entre los jóvenes que gustan del entretenimiento con políticos que buscan atraer nuevas miradas, está rodeada por un contexto videográfico donde no hay ideas, contenidos acordes a lo que debe ser la comunicación política y mucho menos donde se exprese la plataforma del partido; lo que prevalece es un escenario donde los políticos bailan, cantan, hablan de temas triviales o presumen sus logros; no hay una profundidad que haga de esta plataforma una alternativa para la democracia.
Para los pregoneros neoliberales, TikTok es vital para interactuar con los jóvenes; pero quienes enarbolan la bandera del pensamiento crítico, plantean, por el contrario, un sistema alienante. El análisis que hice a esta plataforma resalta que las estrategias de marketing y comunicación política utilizadas en lo que va de esta década anteponen la performatividad del ser y como consecuencia no es un espacio donde quepa la argumentación.
Las características de este medio no permiten la producción de contenidos donde se expresen a fondo las biografías, trayectorias o experiencias; lo que importa es agradar en pocos minutos a generaciones que no hacen valer su derecho a la información. Si vemos con atención, Tik Tok es un espacio de experimentación de estrategias de marketing y de análisis del comportamiento de los usuarios. Los algoritmos sirven para identificar los elementos de impacto y reorientar el tipo de consumo de los videos en materia electoral.
Esta plataforma también permite analizar lo que se conoce como Big Data, que sirve para segmentar votantes y construir un sentido de comunidad alrededor del político representado. Por ende, las audiencias simplemente reproducen ese sentido de superficialidad y esto trae como consecuencia que los políticos sean parte de un espectáculo donde no son muy distintos a los comediantes, coaches y otros personajes protagonistas del mundo digital en la actualidad.
Tik Tok es una manifestación del biopoder tecnológico al tener la capacidad de poner los cuerpos de los políticos que ríen, bailan o se manifiestan de manera divertida en los videos ante la mirada de millones de jóvenes que ignoran que su experiencia con los medios está siendo modificada. Los políticos aparecen como seres fragmentados cuya imagen es manipulada por un experto en videos; estos modos de subjetivación deben motivarnos a reflexionar sobre la figura del sujeto en cuanto al dominio de su conciencia, su lenguaje y su cuerpo, sobre todo por estar en un mundo digitalizado marcado por sistemas de signos y dispositivos de poder.
Concluyo con una cita de Ted Kaczynski quien afirma que “cuando se ha introducido una innovación técnica, la gente normalmente se vuelve dependiente de ella, a no ser que sea reemplazada por alguna innovación aún más avanzada. La gente no sólo se vuelve dependiente como individualidades de un nuevo producto tecnológico, sino, incluso en mayor grado, el sistema como conjunto se vuelve dependiente de él. Así el sistema se puede mover en una sola dirección, detrás de una mayor tecnologización”.










