Letras Desnudas
Mario Caballero
Un reconocimiento a Cecilia Flores
Hoy quiero reconocer el trabajo de la secretaria Cecilia Flores Pérez. Los motivos son los siguientes:
En primer lugar, por haberle devuelto credibilidad a la Secretaría General de Gobierno. Sabemos que hay mucho trabajo por delante, que hay todavía muchos dilemas y conflictos que deben resolverse.
Sin embargo, nadie podrá negar que desde que ella tomó las riendas de la institución ha habido desde el gobierno una interlocución más abierta con todas las fuerzas políticas que divergen y convergen en el estado. Lo cual ha permitido la solución de diversos conflictos, la toma de acuerdos y una mejora considerable en el humor social de los chiapanecos.
Dicho en otras palabras, la secretaria ha podido dar mayores garantías de gobernabilidad. Insisto: falta mucho por hacer todavía, pero lo avanzado hasta ahora es muy significativo.
También hay que notar que la funcionaria no se ha extraviado en las ambiciones intrínsecas del poder. No ha abusado de su autoridad y tampoco se le ha visto utilizar su posición para obtener beneficios personales. Todo lo contrario, se ha enfocado en cumplir con su misión.
Sobre este punto, el de la credibilidad del organismo, habría que darle el valor que merece. Porque la Secretaría Gobierno no fue siempre una entidad garante de la gobernanza, que buscara la armonía y la conciliación de los pueblos a través de la buena ejecución de la política interna, sino más bien fue un instrumento para la represión y la persecución política, destinada a satisfacer los caprichos más deleznables de cada gobernador en turno.
Durante el mandato de Pablo Salazar, por ejemplo, desde la Secretaría de Gobierno se reprimieron los movimientos sociales y todo tipo de protestas. Los maestros fueron humillados y los alumnos de la Normal Mactumactzá fueron tratados con crueldad.
En aquellos años, los normalistas emprendieron una serie de acciones para conseguir mayores beneficios y apoyos por parte del Gobierno del Estado. Empero, la respuesta de éste no fue el diálogo, como ha sido en la actual administración, sino las amenazas, los golpes y la represión con uso de la fuerza pública.
Hemos de recordar que tras los enfrentamientos de los normalistas con la autoridad murió un chofer de la escuela, quien recibió un disparo en el pecho de un agente de Seguridad Pública. También decenas de estudiantes y padres de familia fueron golpeados, incluso dentro de la propia institución educativa, y muchos de ellos pasaron varios meses encerrados injustificadamente en la vieja penitenciaría de Cerro Hueco, donde no les respetaron sus derechos y fueron tratados como cualquier delincuente.
Tampoco hemos de olvidar que desde esa Secretaría se ordenaron amenazas de muerte, campañas de difamación, golpizas y hasta el desafuero del entonces ombudsperson Pedro Raúl López Hernández, quien tras los amagos del secretario Rubén Velázquez tuvo que huir del estado en medio de la noche escondido en un automóvil con rumbo a Villahermosa, Tabasco, donde tomó un vuelo hacia la Ciudad de México.
El crimen de López Hernández había sido protagonizar una auténtica defensa de los derechos humanos y encarar los agravios y arbitrariedades del pabliato.
Durante el gobierno sabinista la situación no fue para nada diferente. Mientras el titular se limitaba a ser el que aparecía en la foto y el que firmaba documentos, el subsecretario de gobierno, Nemesio Ponce Sánchez, era el encargado de reprimir a la disidencia, de aplacar los movimientos magisteriales y estudiantiles, pactar con los partidos políticos, negociar los cargos públicos, someter a los presidentes municipales que no accedían a satisfacer los caprichos del gobernador Juan Sabines Guerrero y subyugar tanto al Congreso del Estado como al Poder Judicial, que en esos seis años sirvieron a los intereses del grupo en el poder y no de los chiapanecos.
Nada más por ello habría que valorar el trabajo político que ha venido realizando Cecilia Flores.
DIÁLOGO Y CONFLICTOS
El segundo motivo de este reconocimiento es por la estrategia del diálogo. Si ahora son las mesas de trabajo y los acuerdos tomados en un marco de civilidad, antes para resolver los conflictos se lanzaban amenazas y se hacía uso de la fuerza.
Esto me recuerda la anécdota del Fiscal de Hierro, Javier Coello Trejo, secretario de Gobierno durante el periodo del exgobernador Absalón Castellanos Domínguez.
Se cuenta que, una tarde, Coello Trejo se encerró en su despacho con tres líderes magisteriales que exigían enardecidamente una respuesta a su pliego petitorio. Él los recibió en su oficina, pero no les ofreció donde sentarse. Estuvieron parados frente a su escritorio todo el tiempo que duró la plática. Detrás de ellos, también de pie, había cinco guaruras del funcionario.
Javier Coello les propuso una alternativa, que nada tenía que ver con lo que los maestros solicitaban. Hasta eso, con condiciones. Obvio, los líderes se opusieron y dijeron que no había ningún acuerdo, afirmando que seguirían con las protestas. En ese momento, el secretario abrió una gaveta y sacó una pistola, que puso sobre el escritorio. Luego los volteó a ver y les dijo que o aceptaban sus términos o todos iban a la cárcel.
Desde luego, nadie fue a parar a la cárcel esa vez, pero así era como se trataban los asuntos en Chiapas.
Por tanto, es de reconocer la voluntad política y la cortesía que se viven en esta nueva etapa en la Secretaría de Gobierno. En la que a través del diálogo con las diferentes manifestaciones y corrientes sociales se han tomado acuerdos de paz y soluciones sobre diversos conflictos.
Los recientes acuerdos de no agresión firmados entre los representantes de Chenalhó y Aldama es muestra de ello. Así, mientras la secretaria Cecilia Flores ha refrendado su compromiso por seguir acompañando a todos los implicados en ese conflicto de origen agrario hasta llegar a una solución que beneficie a ambas partes, ellos se comprometieron a frenar las agresiones.
Algo similar ha hecho sobre el tema de Venustiano Carranza, en el cual se están desarrollando mesas de trabajo en las que están involucradas autoridades estatales, federales, los representantes de los grupos en disputa, entre otros, con el objetivo de lograr un pacto armonioso entre las partes, poner fin a la violencia y obtener la estabilidad social que merece el municipio.
TERCER MOTIVO
Por último, esta forma de hacer y entender la política, y llevarla a cabo desde esa importante dependencia de gobierno, fue elemental para que las recientes elecciones en Chiapas se realizaran en paz y seguridad.
Sin duda, el buen tacto político, la sensibilidad, el respeto y el trabajo conjunto de la Secretaría General de Gobierno con los partidos políticos, presidentes municipales, con los poderes Legislativo y Judicial, con la Federación y con las autoridades electorales hizo de estas votaciones un ejercicio democrático ejemplar. Por eso se desarrollaron sin el mayor inicio de violencia y con plena libertad.
Gracias, de veras, a la secretaria Cecilia Flores. Ahora la Secretaría de Gobierno es una institución en la que los chiapanecos podemos confiar.









