II PARTE
Ben Davis
La segunda son las circunstancias reales. La mayoría de las acusaciones de antisemitismo contra la izquierda tienen poco o nada que ver con la discriminación o el odio manifiestos; se basan casi por completo en la opinión sobre el Estado de Israel. A medida que Israel continúa su genocidio de los palestinos y sus ambiciones eliminacionistas y revanchistas a largo plazo, y conforme se acerca cada vez más a la extrema derecha en los Estados Unidos, los votantes demócratas norteamericanos van llevando a cabo una transición rápida e histórica hasta simpatizar con los palestinos frente a Israel por un margen de casi 3 a 1. Todavía el año pasado, esta cuestión, lo mismo que el dinero, pudieron hacerse con las primarias demócratas. Ahora ya no.
Por último, Mamdani supone en muchos sentidos una continuación de la tradición de la izquierda judía en los Estados Unidos. Nueva York ha sido durante largo tiempo el hogar de la izquierda socialista electoral más poderosa de los Estados Unidos. La base del Partido Socialista de Norteamérica (SPA) o del Partido Laborista Norteamericano, vencedores en numerosas elecciones, estaba en la comunidad judía. A lo largo de decenios, los judíos de Nueva York han votado en número de cientos de miles a los socialistas. Son las mismas políticas del llamado «socialismo del alcantarillado» (en el que los socialistas dirigían ciudades como Milwaukee y presumían de excelentes sistemas de alcantarillado), los mismos partidos (los DSA son herederos directo del SPA), la misma tradición e incluso los mismos barrios de hace un siglo. Los cimientos de la izquierda norteamericana. Una línea ininterrumpida. Mamdani es heredero de la tradición de Baruch Vladeck [político y periodista socialista judío activo en la política municipal neoyorquina] y de los socialistas y sindicatos que levantaron Nueva York. Incluso los miembros de los DSA y el personal de su campaña lo reflejan.
Entonces, ¿cómo se ganó apoyos Mamdani? Volvió a hacer de la clase la cuestión definitoria de la política. La clase como división política es algo que ha disminuido en todo el mundo industrializado durante décadas, empezando por los Estados Unidos. Aunque Sanders volvió a inyectar un mensaje de clase y cierto grado de polarización de clase en la coalición demócrata, seguía habiendo deficiencias. Bernie obtuvo peores resultados entre los votantes negros de todas las clases. Y Bernie y otros socialistas democráticos dependían en gran medida de la simpatía de los profesionales socialmente progresistas de clase media-alta, lo que convertía a los socialistas en subordinados o coaligados con los intereses y organizaciones de aquellos. Tras casi una década de trabajo de la izquierda, esta polarización de clases parecía inquebrantable. Hasta ahora.
Mamdani obtuvo resultados inferiores a los de anteriores candidatos de izquierdas en zonas progresistas profesionales como el Upper West Side. Pero rompió la barrera racial que había dividido a la clase trabajadora. Pocos lo esperaban antes de que llegaran los votos. Su base la constituirían, por supuesto, los profesionales blancos socialmente descendentes. Pero su mensaje claro y su innovadora campaña resucitaron la verdadera política de clases, algo que parecía un mito en la era contemporánea.
Según el New York Times, Mamdani obtuvo mejores resultados entre los votantes de color que entre los blancos. Aunque perdió votos progresistas entre los liberales de Manhattan que leen el New York Times y odian las máquinas, los recuperó muchas veces entre la gente de color de clase trabajadora que con anterioridad no se había fijado nunca en los candidatos de izquierdas. Con ello, le ha dado la vuelta a casi 30 años de teorías antimaterialistas de la ciencia política.
Puede parecer que esto es algo que se limita a la ciudad de Nueva York, un bastión progresista en un estado profundamente demócrata. Pero señala un camino a seguir para la izquierda y para los defensores de la justicia social y de una política liberadora. Los avances más impactantes y profundos de Donald Trump en 2024 se produjeron entre votantes jóvenes, en particular entre hombres, votantes hispanos, votantes asiáticos y votantes urbanos en general. Estos son exactamente los grupos demográficos que apoyaron en masa a Mamdani.
La izquierda ha eludido durante mucho tiempo su responsabilidad de luchar contra la extrema derecha, dejándosela al centro como si el espectro político fuera una línea rigurosamente impuesta en lugar de un concepto fluido. Pero el centro ha fracasado. Y sacrificaron estos grupos demográficos a Trump porque estas masas estaban hartas del statu quo. El centro nunca podría recuperarlas. Pero la izquierda radical sí podría, a través de un mensaje bien enfocado, económico y anti-establishment. Eso es lo que ha logrado la campaña de Mamdani, y así ha recuperado a la gente de la extrema derecha a escala masiva, más de lo que podría hacerlo cualquier mitin anti-Trump. De este modo, campañas como la de Mamdani están practicando activamente el antifascismo de forma real, al conseguir llevarse los objetivos de la derecha de vuelta a la izquierda.
La izquierda tiene que estudiar estas impresionantes elecciones y tomar notas a fondo. La primera es que Mamdani es producto de una organización real, orgánica y de trabajadores en los DSA. El tipo de organización que se ha ido extinguiendo en este país durante medio siglo y que la mayoría desconoce. Esta falta de organización es el rasgo definitorio de nuestro tiempo político. El único camino hacia el futuro es que haya más gente en los DSA, más gente en los sindicatos, más gente en las organizaciones cívicas y la reconstrucción de la comunidad de la clase trabajadora. Nuestras instituciones están huecas, pero Mamdani y sus 50.000 jóvenes voluntarios son la prueba de que se pueden reconstruir, y de que eso es lo que anhela hacer la gente.
En 2017, un organizador y filósofo de los DSA llamado Michael Kinnucan afirmó: «La cultura cívica norteamericana está tan vaciada en su base que en cualquier ciudad de los Estados Unidos, si tu organización puede reunir ocasionalmente a 40 o 50 personas comprometidas en una sala, probablemente te estés manejando con una de las cinco o seis organizaciones de base potencialmente más poderosas de tu ciudad».
Esta idea fue fundacional para los DSA, especialmente en Nueva York, y dio forma a Mamdani. Para muchos, parecía una fantasía. Quinientos mil votos después, en casi todos los idiomas y nacionalidades del mundo, suponen una advertencia. Para derrotar a la derecha, la izquierda debe aprender de Mamdani y de los DSA y reconstruir la organización de masas de la clase trabajadora. Claro que el carisma ayuda, pero en el fondo, esta victoria fue un proyecto de ocho años que debe repetirse en todas partes si queremos derrotar al fascismo y detener los peores horrores de la crisis climática. Mamdani es un talento político de la envergadura de Obama, pero sobre todo es una apelación a volver a una verdadera organización de clase trabajadora. Se trata de algo a lo que las vacuas entidades de los partidos demócrata o republicano nunca pudieron derrotar, y algo que aprendieron el martes por la noche.










