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Antros de Tuxtla: golpes, homicidios y tortura

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Diversos actos violentos e incluso muertes han ocurrido en varios antros de la capital chiapaneca, sin tener respuesta o consecuencia alguna por parte de las autoridades

José Salazar / Diario de Chiapas

Muchas situaciones han robado la tranquilidad de los tuxtlecos. Las noches de fiesta, de parranda, de salir de salir con los amigos, las anécdotas de cantar al amanecer, han tomado otro color, el rojo de la sangre y la violencia, incluso la muerte.

No importa el lugar o el estatus social, se llame Royce, Leonor, Alebrijes, Bar Privatt o Versace; todos son lugares de enfrentamientos. Ya sea de peleas entre clientes, de golpes de meseros a clientes, de gerentes a clientes o torturas de dueños a trabajadores, y pese a que todos ellos tienen evidencias, videos de que circulan en redes, denuncias ante la Fiscalía General del Estado (FGE), siguen operando.

De las denuncias y pruebas, nadie dice nada.

 El 17 de octubre, Óscar “N” fue asesinado afuera del Bar Leonor. Este asesinato, según relatan testigos y de acuerdo a la viuda Yesalín Torres, la policía pudo evitar el homicidio de su esposo, quien fue tundido a golpes por más de 20 trabajadores del antro.

 Óscar “N” de 41, era originario de Veracruz, le sobreviven dos hijos de seis y ocho años, a la fecha y con la exigencia de la viuda, el asesinato sigue sin ser esclarecido, pese a que enfrente del lugar hay una cámara de vigilancia de C5, lo más terrible es que el antro nunca fue cerrado, aun con una denuncia ante la fiscalía.

 El 22 de enero de este año en el Bar Nocturno Privatt Speakeasy, mediante videos que fueron difundidos por el padre de la víctima, se observa cómo el gerente del lugar golpeó de manera excesiva a un cliente que se encontraba completamente en estado de ebriedad. Las imágenes fueron captadas por cámaras de seguridad que documentaron la agresión.

Ricky “B”, no solamente es gerente de Privatt, también administra Royce Night club, Bartina Dayclub y Cosa Nostra; estos lugares se han presentado agresiones, pero nunca han sido clausurados.

El 14 de febrero afuera del bar “La Chula”, un hombre quien respondía al nombre de William “N”, fue asesinado a cuchilladas sobre la 18a Sur y 8a Poniente cerca de las 19:45 de la noche.

De acuerdo con el testimonio de Fernando “N” de 35 años, había ingresado a este lugar cerca de las tres de la tarde en compañía de su amigo identificado como William de 35 años de edad. A las 19 horas un sujeto que vestía una camisa a cuadros, pantalón de mezclilla de color azul abordó a William y le pidió que saliera del bar, después se encontró muerto.

De la tortura y batallas campales.

El efecto de los tritones de alcohol a bajo precio, la entrada de jóvenes sin identificación, han hecho de Royce y Alebrijes, los establecimientos preferidos por los jóvenes, quienes bailan y cantan hasta el amanecer, pero al salir reina el caos.

En las redes sociales, grupos de whatsapp circulan los vídeos de jóvenes que pierden el control y se enfrentan a golpes, ya sea uno a uno o en grupos, la tolerancia de las autoridades y la falta de orden de los establecimientos que prefieren lavarse las manos, porque salen borrachos de adentro, pero se golpean afuera, es la excusa perfecta para no hacer nada.

Los hechos están en videos, las autoridades sólo acuden a levantar a los heridos cuando estos no son llevados por sus amigos o parientes, generando un grave problema. La violencia y la impunidad reinan, mientras las autoridades  se hacen de la vista gorda.

Un caso que muestra otra cara de estos lugares es el de tortura, denunciado por dos empleados de la Galería o Bar Versace, un lugar clandestino en el que dos personas acusadas por el dueño de cobrar dos copas de más fueron golpeados, humillados y torturados.

Pedro Fabián Alfaro Ruiz y Erick Alexander Zenteno, dijeron que fueron llamados por su patrón, Hugo “Z”, para que acudieran al negocio, debido a que trataría algunos temas importantes en materia laboral.

La pesadilla comenzó cuando observaron que en una mesa del lugar había tres artefactos: un tolete de hierro, una lámpara de descargas eléctricas y una tabla de 80 centímetros de largo.

Nos dieron a elegir entre esos tres objetos – señalaron en su relato-, con eso nos pegarían, porque de lo contrario el castigo sería peor.  Decidieron por la tabla, con la cual los golpearon en reiteradas ocasiones; “nos humillaron, porque nos pasaron enfrente del escenario, nos bajaron el pantalón, la ropa interior, nos pegaron con la tabla, y el personal solo observaba, pero creemos que no hicieron nada por miedo”.

Algo está pasando en la administración municipal, porque desconocemos si existe algún apartado en las leyes municipales o no, que permite que pese a estos actos estos lugares sigan en funcionamiento. No es Secretaría de Salud, no es Verificaciones y Clausuras, no es Seguridad Pública Municipal, no es Protección Civil Municipal, no es el reglamento municipal; no lo son porque no se han aplicado y estas empresas siguen operando.

Tampoco son las cámaras de la ciudad, porque estas no han servido para que estos lugares cierren de manera definitiva, y obligue a los otros establecimientos que mejoren sus normas de seguridad, con ello la violencia que se ha vuelto una constante se detenga. 

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