Obispo de San Cristóbal, Rodrigo Aguilar, reconoce que se ha vuelto un cáncer para la sociedad
Marco Alvarado / Diario de Chiapas
Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de San Cristóbal y administrador apostólico de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, se refirió al asesinato de ocho jóvenes, ocurrido en Salamanca, Guanajuato, algunos de ellos integrantes de la pastoral juvenil de la Parroquia de San José de Mendoza.
En el marco del itinerario cuaresmal, expresó su dolor por la terrible realidad que hay en México “por estos ocho jóvenes y muchos más que han muerto a manos de la delincuencia organizada, nos hace reflexionar en la violencia que azota a nuestra nación, y que también por mucho tiempo se ha hecho sentir en Chiapas. Como hemos dicho más de una vez, la violencia se ha vuelto un cáncer para nuestra sociedad; la delincuencia presume impunidad, manifiesta el desprecio por la vida y hace imperar la inseguridad en nuestros espacios vitales comunitarios; esta realidad hiere el corazón de todos los mexicanos, nadie puede sentirse fuera de ella”, expresó.
También se sumó a la indignación de la Conferencia del Episcopado Méxicano (CEM) ante lo ocu-rrido en Salamanca, puesto que las juventudes actuales enfrentan un panorama preocupante “las personas adolescentes y jóvenes son las más afectadas por esta ola de violencia en México y cada muerte nos llama a cuidar su vida y poner los medios para protegerlos de la maldad que busca atraparlos y llevarlos a la oscuridad”, destacó el obispo durante el mensaje que compartió este domingo desde la Catedral Metropolitana de San Marcos, en esta ciudad.
En este sentido, recordó los compromisos que surgieron del Diálogo Nacional por la Paz, que ha querido inspirar y motivar a la sociedad civil, a los gobiernos y a la Iglesia en esta urgente necesi-dad de la reconstrucción del tejido social y la construcción de la paz.
De entre las 14 acciones locales para la sociedad civil, dijo que se destacan impulsar el apoyo ha-cia las víctimas de la violencia; generar espacios de diálogo interinstitucional para la construcción de la paz; promover procesos de salud mental en las familias y comunidades para atender las secuelas de las violencias, así como promover en las escuelas una educación para la paz.
Sin embargo, en este trabajo hizo un llamado al gobierno en sus tres niveles para tener una es-trategia que fortalezca la seguridad y bienestar de las adolescencias en sus riesgos asociados con adicciones, crimen organizado y economías ilícitas, incluyendo su participación, así como la de la sociedad civil y los distintos órdenes de gobierno.
“Desarrollar políticas de cuidados como condición para la paz”, dijo.










