José Cancino / Tapachula
En medio del anuncio de la reunión entre el presidente Andrés Manuel López Obrador con su homónimo de Guatemala, Alejandro Giammattei, la próxima semana, la vigilancia en la frontera sur es nula y no existen hasta hoy filtros de seguridad y sanitarios.
La estrategia de contención de los gobiernos mexicano y guatemalteco ha quedado en discurso político, dado que la implementación de operativos militares se ha enfocado en apenas unos kilómetros de la ribera del Río Suchiate en la frontera Tecún Umán- Ciudad Hidalgo.
Pero en otros puntos de internamiento al país, como es el paso Talismán – El Carmen, los balseros y tricicleros han adoquinado su ruta de trasiego de mercancías y paso de personas que van por la vía ilegal. Amplían su imperio ante la mirada indiferente de las autoridades militares y migratorias puente arriba.
“Aquí nosotros pasamos a toda hora, nadie detiene nada porque saben que es nuestro sustento, de esto comemos nosotros y nuestras familias, tanto de Guatemala como de México”, relata uno de los balseros chapines que habita en El Carmen.
Los encargados de estas balsas improvisadas inician sus jornadas desde las 6:00 de la mañana y hasta que el Sol se oculta. Las ganancias son buenas; le cobran de 25 a 30 pesos a las personas por cruzar de un lado a otro.
– ¿Al día cuántos pasas? – se le cuestiona. “¡Uf!”, rechista el trabajador del Río mientras afirma que, sólo en su balsa, unas 150 personas atraviesan a diario de Guatemala a México.
El hombre afirma que entre los grupos de personas pasan hondureños y guatemaltecos que ya no retornan. Van con todo y mochilas en busca de llegar a Estados Unidos.
En medio de esta ruta libre para traficantes de mercancías que burlan los cercos fitosanitarios y de seguridad, el presidente Joe Biden ha anunciado la puesta en marcha del plan anticoyotes, el cual busca frenar a los tratantes de personas que enganchan a migrantes para trasladarlos desde Centroamérica hasta la Unión Americana.
Pero en la frontera sur no trasciende nada. Todo sigue igual y nadie pone freno a los flujos migratorios y comerciales.
Ni la lluvia pertinaz pone tope al cruce de un país a otro.










