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Industrias envenenan  el litoral chiapaneco 

HUELE A MUERTE Y DESOLACIÓN…

  • Fábricas alimenticias y embarcaciones abandonadas llevan años vertiendo químicos de forma directa al mar; el daño ecológico es grave y nadie sanciona o atiende el ecocidio 
  • Unas 72 especies de peces -entre ellas, tiburón, el pez cuatro ojos y la mojarra- que habitan en Puerto Chiapas, mueren lentamente desde hace más de 10 años

José Torres Cancino  / Tapachula

Huele a muerte y desolación. El muelle pesquero de Puerto Chiapas se ha convertido en un vertedero de residuos químicos y desechos que fábricas situadas en el parque industrial Francisco I. Madero, se han dedicado por más de una década a expulsar de forma directa a las aguas del Océano Pacífico, en el sur de Chiapas.

A espaldas del complejo de cruceros, que pinta una estampa de progreso y detonante turístico internacional, la contaminación que no ven las autoridades ambientales acaba de forma acelerada con flora y fauna marina, envenenada a diario por todos los tóxicos que son descargados a través de tuberías y canales de salida, sin pasar por plantas de tratamientos de aguas residuales.

El ecocidio es inmenso y no hay marcha atrás. Una enorme capa de aceite viscosa cubre la laguna del muelle donde pescadores aún se atreven a realizar la extracción de peces para el consumo humano.

La contaminación ha llegado a tal grado que, en el sitio, que trabajadores y habitantes ya no pueden más con el daño que ha comenzado a perjudicarlos.

MÁS DE 70 ESPECIES MURIENDO  

Unas 72 especies de peces que habitan en el sector del muelle pesquero de Puerto Chiapas, mueren lentamente desde hace más de 10 años a consecuencia de la grave contaminación producida por la presencia de plaguicidas, metales pesados como plomo, basura bacteriológica, grasas y aceites.

El investigador Vicente Castro Castro, del Centro de Investigaciones con Visión para Mesoamérica (CIM), adherido a la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), ha señalado en distintas ocasiones que la capa contaminante ha provocado la desaparición y extinción de algunas especies en la zona del cabildo y la dársena. Enlista al tiburón, el pez cuatro ojos y la mojarra nativa que cada día se ve menos, entre otros; pero el impacto ambiental no para ahí, ya que estas aguas turbias también llegan hasta la zona de palapas y restaurantes, donde cientos de bañistas acuden todos los fines de semana a tener contacto con ese veneno marino.

“Los niveles de contaminación están muy claros, se han hecho estudios sobre esta situación, pero a ninguna autoridad le interesa el tema y nadie se hace responsable de atender el problema”, señaló.

Añadió que los recursos pesqueros también comienzan a agotarse y que de esta actividad dependen miles de familias en todo el litoral chiapaneco, lo que traduce el impacto no sólo ambiental, también económico y social.

DAÑOS A LA SALUD

“Mire, aquí todos los días respiramos pura porquería, ya no soportamos pero tenemos que venir porque aquí está nuestro trabajo, yo apenas hace una semanas caí enfermo del estómago y de las vías respiratorias y el doctor me dijo que era por estar respirando todos los días esto”, señala uno de los despachadores de combustible que provee a yates y embarcaciones pequeñas en Puerto Chiapas.

Los daños a los sistemas respiratorios y digestivos de muchos lugareños cada día son más constantes, ante la desatención por parte de autoridades ambientales que no ven ni oyen sobre esta situación, a la luz de todos.

A unos cuantos metros de este complejo de suministro de gasolinas, varios vendedores de pescados se han posicionado para comercializar, pero el producto llega del agua a las mesas donde limpian escamas y demás impurezas, aunque esto signifique que, por dentro, vaya envenenado.

LOS BARCOS FANTASMA

Más de ocho “barcos chatarra” han sido abandonados en este muelle pesquero. Los navíos, muchos ya hundidos, hoy sólo se han convertido en un ingrediente más de este coctel letal para las especies marinas que sobreviven.

Desde hace años, sustancias desconocidas para los lugareños comenzaron a ser expulsadas de los cascos de estas embarcaciones, que muestran total deterioro y óxido.

Estas sustancias son “lavadas” por la misma agua del mar y provoca que caigan sobre estos mantos marinos, dañando directamente a especies que nadan en busca de comida y asientan sus colonias de vida en estos sectores.

De los propietarios de la embarcación nada se sabe, de las autoridades tampoco; nunca se han llegado a parar si quiera para preguntar las condiciones de estas embarcaciones.

México es uno de los 119 países inscritos en el Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (MARPOL, pro sus siglas en inglés), desarrollado por la Organización Marítima Internacional (OMI).

Los estatutos indicados en este amplio acuerdo, inscriben y ratifican la operatividad por la que deben regirse los muelles pesqueros y puntos de atraco de embarcaciones nacionales y extranjeras.

“En el Convenio figuran reglas encaminadas a prevenir y reducir al mínimo la contaminación ocasionada por los buques, tanto accidental como procedente de las operaciones normales, y actualmente incluye seis anexos técnicos. En la mayoría de tales anexos figuran zonas especiales en las que se realizan controles estrictos respecto de las descargas operacionales”, refiere la OMI en su página oficial.

En el parque industrial de Puerto Chiapas no sólo las embarcaciones han incurrido en este tipo de situaciones, también las fábricas aledañas que al final vierten sus sustancias directamente al agua. Nadie salva de este naufragio a la zona de Puerto Chiapas, olvidada en el sur de México.

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