Retenidos por días por negarse a cooperar para la fiesta del pueblo, en Simojovel; pagaron seis mil pesos de “multa”; persiste la intolerancia religiosa para quien se cambia de religión

Marco Alvarado/ Diario de Chiapas

En algunas comunidades de Chiapas no ser católico todavía es peligroso, como lo constató recientemente Gilberto Díaz Pérez, quien fue privado de su libertad, junto con otras cuatro personas, entre ellas su esposa, por predicar la creencia presbiteriana a otros habitantes del ejido Berlín, en el municipio de Simojovel, de donde es originario.

Fueron las autoridades de esta comunidad, católicos tradicionalistas que se amparan en los usos y costumbres para imponer sus intereses, los que se llevaron por la fuerza a estas personas, para tenerlas retenidas por varios días, primero en una casa y luego en una “cárcel” ejidal, y por las que pidieron además la cantidad de seis mil pesos para liberarlas este 26 de agosto.

Este hombre, que ejerce la docencia bilingüe, cometió dos delitos a los ojos de las autoridades católicas tradicionalistas: haberse convertido en evangélico y negarse a cooperar para sostener la fiesta patronal.

Un caso que muestra la intolerancia religiosa latente en Chiapas, especialmente entre algunas comunidades indígenas y rurales, donde las interpretaciones bíblicas pueden enfrentar a familias y terminar en expulsiones, agresiones o hasta en la muerte.

FOROS PARA EL ENTENDIMIENTO

Si bien esta intolerancia ha disminuido, no debe ignorarse la urgencia de promover la paz y el respeto entre las diversas expresiones de fe que hay en el estado, opinó el presidente del Consejo Interreligioso de Chiapas, Francisco Javier Napavé Chanona, quien lamentó lo ocurrido a Gilberto Díaz Pérez, a su esposa, Mónica Gómez Díaz, y sus hermanos de fe, Irma González Ruiz, Patricio González Ruiz y Bartolo Díaz Hernández.

“En la comunidad se inconformaron porque se volvió pastor evangélico y regresó a predicar, pero ahí solo hay dos familias evangélicas, el resto son católicos, eso fue lo que no les gustó”, comentó Napavé Chanona.

Sobre este caso, también dijo que se reunieron con sacerdotes católicos de la Zona Altos, quienes actuaron como un puente de entendimiento, y que tampoco comparten las actitudes de algunos pobladores que llegan a estos extremos, tergiversando no solo su fe, sino los usos y costumbres, para imponer su voluntad.

Francisco Javier Napavé Chanona, consideró que debe haber un acercamiento con aquellas poblaciones donde está latente la intolerancia religiosa, para llevarles información sobre los derechos humanos y la libertad religiosa, incluso se pronunció a favor de que, junto con el gobierno, a través de la Dirección de Asuntos Religiosos, se realicen foros en las poblaciones originarias, con el objetivo de construir la paz y el entendimiento, y que se prevengan situaciones como la ocurrida en Simojovel.

En entrevista, el presidente del Consejo Interreligioso de Chiapas opinó que, lamentablemente, en algunas poblaciones del estado es peligroso no ser católico, y este caso es una muestra, ya que tras varios días de intentar resolver el conflicto, incluso se atrevieron a intercambiar al pastor presbiteriano por su esposa y tres personas más.

“Comenté con los obispos que nuestra fe no debe ser motivo de conflicto, por eso tenemos que hablar con los feligreses para que se respeten todas las creencias”, destacó.

Sin embargo, en Chiapas están arraigadas muchas costumbres, la mayoría relacionadas con creencias religiosas católicas, como sucede con las fiestas patronales, en las que fluye e influye el dinero, y crean conflictos con aquellos que se niegan a cooperar; un escenario complejo, si se piensa que durante siglos se han promovido estas festividades, y prácticamente en cada ciudad, pueblo o ejido hay un santo al que se le festeja cada año.

MAÑAS Y COSTUMBRES

La Iglesia Nacional Presbiteriana de México no se mantuvo al margen de lo ocurrido en Simojovel. En un comunicado exigieron al Estado mexicano no sólo su intervención, también denunciaron el incumplimiento del Artículo 24 Constitucional, referente a la libertad de culto, al considerar que “en México estas garantías no se aplican igual para todos, luego de haber sido privado de su libertad por varios días, en condiciones de hambre y tortura, nuestro hermano fue liberado, en un intercambio que valientemente aceptaron cuatro personas, entre ellos su esposa”.

También denunciaron que las autoridades comunales del ejido Berlín, amparándose en el ejercicio de sus “usos y costumbres”, han retenido, violentado y amedrentado a otros miembros de la Iglesia Nacional Presbiteriana, violentando sus reuniones y el ejercicio legal de su fe, en el marco de las libertades que ampara el Estado mexicano, pero que estos grupos no respetan.

Abdias Tovilla, pastor y representante legal de la Iglesia Presbiteriana en la República Mexicana, informó en una entrevista que Gilberto Díaz Pérez salió de esta experiencia “delicado de salud”, que las otras personas están bien, aunque él, por el impacto de lo vivido, es quien más atención necesita.

Una imagen que circuló en redes sociales, muestra el momento en el que Díaz Pérez era liberado, se le ve cansado, con aparente deshidratación y confuso.

Sobre este incidente, Tovilla calificó de “mañas y costumbres” las que amparan estos atropellos sobre aquellos que profesan una fe distinta, porque se niegan a dar dinero para sostener borracheras, algo que en algunas comunidades aún les parece imperdonable.

“La iglesia se movilizó en Chiapas y a nivel nacional, porque estas personas no le hacen caso ni a las órdenes de gobierno, incluso se ríen de las órdenes federales cuando ocurren expulsiones y deben aceptar el retorno de las familias”, comentó.

Señaló además que en algunas comunidades indígenas de alta influencia católica las leyes que protegen los derechos humanos y la libertad religiosa “son letras muertas”.

Tras la liberación de Gilberto Díaz Pérez, Mónica Gómez Díaz, Irma González Ruiz, Patricio González Ruiz y Bartolo Díaz Hernández, en la Iglesia Presbiteriana de Chiapas hay dos posturas: unos apelan al perdón y que se olvide este suceso, en cambio otros exigen justicia, y que termine la intolerancia religiosa.

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