Lluvias tempestuosas, de riesgo total

•Actualmente en Tuxtla Gutiérrez existen 34 arroyos que son monitoreados en temporada de precipitaciones

Edén Gómez / Marco Alvarado / Francisco Mendoza

Ainer González / Tania Selvas

Edición: Francisco Mendoza

Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

Las inundaciones de calles y viviendas, el arrastre de material pétreo y ramas, y la destrucción de avenidas en Tuxtla Gutiérrez, que caracteriza a cada temporada de lluvias; es producto del crecimiento urbano desordenado.

Sumado a estos percances se agrega la falta de interés por parte de las autoridades de actualizar el Atlas de riesgo, que desde hace más de 10 años no ha sido renovado de manera adecuada.

En la colonia Bienestar Social un arroyo que baja de Cerro Hueco está considerado como uno de los puntos de riesgo en la temporada de lluvias.

Serpentea bordeado por casas, y como en años anteriores se ha desbordado, incluso lo encausaron en un canal de concreto con una altura superior a los dos metros.

Sin embargo, pese al riesgo que implica, este afluente está sucio por dos causas: maleza y descarga de aguas negras.

Luz Marina, habitante de la Avenida Galeana, relató que no han limpiado el arroyo, lo cual les preocupa porque ya está lloviendo.

“Pedimos que vengan a quitar la maleza las ramas, que informa Isabel Vázquez, cuya casa se ubica sobre la Avenida Revolución, coincidió en el abandono por parte de las autoridades municipales, que no acuden al llamado, aunque reconocen que este arroyo tiene potencial para desbordarse.

La que recuerda bien las inundaciones es Verónica Santos, cuya casa está sobre la Calle Francisco Sarabia, justo a un lado del arroyo.

“Aquí hemos sufrido de inundaciones porque viene con fuerza y choca con esta parte del puente; además, metros adelante construyeron una casa sobre el arroyo, y actúa como una pared cuando vienen los tumbos de agua”.

A esto se suman las descargas de aguas negras y la gran cantidad de ramas y material vegetal que se ha ido acumulando en los últimos meses”.

De hecho, comentó que una cuadrilla del gobierno municipal llegó hace unos meses a limpiar, pero no retiraron nada, volvieron a dejar toda la maleza y sigue ahí, con el riesgo de que esto contribuya a otro desbordamiento.

Trabajo conjunto

La situación en la capital chiapaneca con respecto a las lluvias ha sido considerable, sobre todo en la actualidad donde se ha visto una repercusión en diversas colonias de la ciudad, por lo que es prioritario un trabajo conjunto e integral por parte de autoridades municipales, de Protección Civil y sociedad en general.

En ese sentido, Felipe Irineo Pérez, titular de la Conagua en el estado de Chiapas señaló que es preciso seguir abonando a un trabajo conjunto entre instancias de emergencia y el organismo que representa, lo que permite reducir los riesgos en la capital chiapaneca.

Hablando de Tuxtla Gutiérrez, expresó que lamentablemente mientras se siga teniendo lluvias como las que se han presentado en las últimas semanas en donde se ha superado los 60 milímetros, se tendrán inundaciones y encharcamientos considerables en la ciudad.

Aunado a esto, expresó que es necesario un trabajo integral y con diversos proyectos en las regiones y afluentes que se tienen en la ciudad, para con ello, reducir los riesgos y evitar afectaciones por las diversas inundaciones que se presentan en la ciudad.

“Es común en Tuxtla, decir aquí que haya lluvias de 40 a 50 milímetros y las inundaciones se van a seguir presentando, y eso va a pasar hasta que no se actúe con respecto a la situación pluvial en Tuxtla, ya que, actualmente tenemos 34 arroyos, analizados cada uno de esos arroyos, debe hacerse un estudio de proyecto ejecutivo para que no se provoquen los problemas que hay en cada temporada de lluvia”.

Niños en riesgo

Una de las zonas más peligrosas en momentos de precipitaciones es en Infonavit El Rosario, donde una fuerte corriente de agua arrastra todo a su paso, hasta chocar con el puente vehicular del libramiento norte.

En este torrencial caudal que se genera por las lluvias, pasa a poner en riesgo a infancias de los jardines de niños y primarias que se encuentran a las puertas de donde ocurre todo este desmán.

“Es una zona riesgosa, bastante peligrosa, como se ha visto en noticieros y en las redes, baja un caudal ahí, arrastra piedras, carros y lo que encuentre a su paso, obviamente la escuela está en la zona más peligrosa, porque todo llega a desembocar ahí, dejando piedras, lodo”.

El jardín de niños Samuel León Brindis y la primaria Juan Escutia y Martínez, son las entidades escolares que están en riesgo al presenciar la creciente de agua a sus puertas principales.

“Es un riesgo inminente para los niños, porque si esto ocurre en horarios de clase, obviamente como padres nos angustiamos muchísimo, los maestros toman todas las precauciones y medidas para que los niños estén a salvo, pero siempre hay un riesgo inminente y esto es de muchísimos años que ninguna autoridad ni estatal, ni municipal ha tomado cartas en el asunto”.

Indicó que este problema no es de la actual administración, este problema lleva años y conforme pasa el tiempo, las afectaciones crecen más, por lo que es necesaria una intervención en la zona para que esto ya no siga ocurriendo.

El arrastre de tierra, piedras de distintos tamaños, ramas, basura y hasta árboles caídos, son comunes ya en esta zona que tapona el libramiento sur cada que llueve de forma constante o de corto tiempo, pero con intensidad.

Pidió encarecidamente la intervención de los tres órdenes de gobierno para que en conjunto se plantee una solución a esta problemática, “sabemos que hay un río que provoca todo esto; por eso ver la manera de que se haga un subterráneo o ver la manera de que toda esa agua, esos drenajes no colapsen, buscar la salida a toda es cantidad de agua”, concluyó.

Lluvia sin absorción

Las lluvias del 11 y 12 de junio de este año volvieron a desbordar arroyos, arrastrar carros, anegar calles y dejar en caos a al menos siete colonias de Tuxtla Gutiérrez. Protección Civil registró hasta 75 mm de precipitación en solo unas horas y alertó que los aguaceros “muy fuertes a intensos” continuarán el resto del mes.

Tuxtla Gutiérrez ha enfrentado durante décadas recurrentes inundaciones en temporada de huracanes, lo que se ha agravado por una planificación urbana municipal deficiente al ignorar las necesidades de sostenibilidad de la ciudad.

El arquitecto Joseliny Díaz Torres, integrante del colectivo “Menos Puentes, Más Ciudad”, sostiene que el problema de las inundaciones en Tuxtla no es la lluvia, sino la manera en que la urbe ha sellado su suelo con pavimento hidráulico y ha permitido el crecimiento urbano en zonas de recarga hídrica.

“Pues a la luz de los instrumentos de planeación que tiene la ciudad, podemos hacer un análisis de lo que está pasando, y eso deja en evidencia lo que hemos estado dejando de hacer. En nuestra planeación está priorizar para evitar, justo, que la ciudad entre en estos caos a raíz de lluvias”.

El contraste: 116 millones

para más concreto

El proyecto que el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez mantiene desde hace varios años, busca ampliar el canal con concreto hidráulico por 116 millones de pesos.

“Si amplían el canal, que es una solución que no resolvería [el problema], porque un canal lo único que provoca es que el agua agarre más velocidad, cuesta 116 millones. Y hacer esta presa de infiltración con el jardín de lluvia y las intervenciones en la cuenca baja cuesta solo 8 millones. Entonces, no es en realidad un tema económico”.

Díaz Torres concluye que el problema no es económico, sino de voluntad política, porque se necesitan políticas integrales que involucren a la comunidad y que prioricen la infraestructura verde, una solución más viable, amigable con el medio ambiente y con un retorno financiero más rápido.

A esto, el arquitecto hace un llamado a la sociedad y a la academia a exigir que la obra pública se oriente a las necesidades climáticas de la ciudad y a sumarse a los procesos de reforestación, acciones fundamentales para una gestión sostenible del agua y la mitigación de los efectos del cambio climático.

Atlas de riesgo

La falta de interés de actualizar el Atlas de Peligros y Riesgos por parte de las autoridades municipales es un serio problema; desde hace más de 10 años no ha sido actualizado este mapa de manera adecuada, reveló Romeo Palacios Suárez, coordinador de la región Sur-Sureste de la Asociación Nacional de Profesionales en Resilencia.

La falta de actualización de este Atlas de riesgo, explicó el especialista, no permite identificar de manera precisa las zonas inundables por los principales ríos que cruzan la ciudad, como el San Roque, el Potinaspak y por supuesto El Sabinal; así como no aplicar medidas preventivas efectivas.

“Es algo que le hemos venido diciendo a las autoridades que se tiene que hacer. El Atlas de peligros y riesgos de Tuxtla Gutiérrez no se ha actualizado desde el 2013, donde se hizo un buen ejercicio de modelar el río Sabinal para saber con exactitud hasta dónde se puede desbordar, para diferentes avenidas, diferentes períodos de retorno. En el 2015 se hizo una actualización, pero también no fue válida. Entonces el ejercicio importante realmente, del Atlas en Tuxtla fue en el 2013 y a la fecha no se ha actualizado. Es importante para poder tomar decisiones, priorizar acciones tiene que ser un Atlas de riesgo actualizado”.

Sumado a las proyecciones de inundaciones de los 23 ríos que cruzan la ciudad capital, el Atlas deberá de modernizarse bajo los conceptos de impacto pluvial cero, de resilencia hídrica y ser visto como un documento de planeación para la prevención de anegaciones y no como un programa de reacción para instituciones como protección civil.

De acuerdo al trabajo de campo y de investigaciones realizadas por especialistas en resilencia, son cinco puntos que han sido ubicados como focos rojos, que requieren de atención urgente para evitar que continúe poniendo en peligro vidas y dañando el patrimonio de la ciudadanía tuxtleca.

Las soluciones a las anegaciones en algunos de estos puntos, incluso bajo el concepto de sustentabilidad, comprenden estructuras de control de flujo como un sistema de represas que regule y dosifique el agua para evitar inundaciones, que no requieren una inversión mayor a los 10 millones de pesos.

Sin embargo, hasta ahora ninguna administración municipal se ha interesado por resolver estas problemáticas que cada año dejan cientos de casas inundadas, automóviles dañados e incluso la pérdida de vidas.

Zonas de riesgo

Uno de los temas que más ha perjudicado o ha generado afectaciones en cuanto a inundaciones en la ciudad, son las malas prácticas que se ha tenido por parte de la sociedad, ya que los drenes pluviales existentes en Tuxtla Gutiérrez funcionan bien, así lo dio a conocer el secretario de Protección Civil en Tuxtla Gutiérrez, Eder Fabián Mancilla Velázquez.

En ese sentido, el funcionario municipal refirió que los drenes pluviales han tenido un funcionamiento adecuado, sin embargo, ha sido la urbanización lo que ha propiciado que después de lluvias que superan los 90 milímetros se tengan inundaciones,

Explicó además que los drenes pluviales tienen un funcionamiento óptimo, ya que en su tope de funciones llegan a tener profundidades de hasta dos metros, sin embargo, los drenes son trabajados y se desazolvan de manera rápida.

“El problema aquí es que ahora hay más calles y avenidas pavimentadas Y es ahí donde el escurrimiento es mayor considerando también que llueve más, por eso las inundaciones”.

En ese sentido, refirió que son 25 puntos que se han determinado como puntos de riesgos en la capital chiapaneca, situación que se ha logrado gracias a obras e intervención de instancias como Protección Civil del ayuntamiento capitalino; además de obras que se han realizado de manera conjunta y han permitido mejorar esta situación, ya que en el 2018 se contaban con 81 puntos de riesgo, lo cual habla de acciones que han surtido efecto.

Historia

A lo largo del último siglo, Tuxtla Gutiérrez ha sido una ciudad que, cada temporada de lluvias, revive la misma historia: calles inundadas, viviendas anegadas, autos arrastrados por la corriente y promesas institucionales que, año tras año, se diluyen como el agua sobre el concreto. Más que fenómenos naturales aislados, las inundaciones han sido un reflejo persistente de la fragilidad de su planeación urbana, marcada por la falta de estrategias integrales ante un clima cada vez más extremo.

Los registros históricos documentan con precisión el inicio de esta relación tensa entre ciudad y agua. En 1921, una lluvia torrencial desbordó por primera vez el río Sabinal, causando graves daños materiales. Fue apenas un aviso de lo que vendría. Treinta años después, en 1951, barrios como Juy-Juy, Colón y La Pimienta quedaron bajo más de metro y medio de agua, confirmando que las márgenes fluviales no eran territorio seguro.

Durante los años ochenta, la situación se agravó. En 1984 y luego en 1988, las colonias Los Laureles y Fovissste fueron invadidas por las aguas del afluente San Agustín.

Pero fue en 1996 cuando se vivió uno de los episodios más dramáticos: el 25 de junio, el Sabinal volvió a desbordarse con fuerza, inundando más de 1,500 viviendas y 300 comercios; en algunas zonas, el nivel del agua alcanzó los 2.5 metros.

Solo dos años más tarde, en 1998, una tromba azotó la ciudad, provocando el arrastre de vehículos y cobrando al menos una vida en las inmediaciones de Potinaspak y Totoposte.

Ya en el siglo XXI, los desastres no cesaron. En 2010, en los meses de agosto y septiembre, las lluvias fueron tan intensas que se declararon dos emergencias federales, con diversos sectores urbanos completamente anegados. En 2015, una tormenta de apenas 50 milímetros bastó para paralizar el tráfico y llevar al río Sabinal al 90 por ciento de su capacidad. Las cámaras captaron imágenes impactantes en 2017, cuando el 24 de junio varios vehículos fueron arrastrados por corrientes en el Libramiento Norte, dejando en evidencia que la infraestructura seguía siendo insuficiente.

En años recientes, las tragedias cobraron vidas. En junio de 2023, dos personas murieron por arrastre de agua en eventos separados, ocurridos el 24 y 26 de junio. Y en 2024, el 9 de julio, el Potinaspak volvió a desbordarse.

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