Niños Dios “disfrazados”, una grosería

Para Florinda Guadalupe Álvarez, vestirlos de futbolistas, parachicos, chiapanecas o personajes de moda, desvirtúan a la tradición “que trata de recordar la santidad, las obras o personajes caritativos con el nacimiento de Jesús”

Marco Alvarado/Diario de Chiapas

Vestir a los Niños Dios de futbolistas, parachicos, chiapanecas o personajes de moda es, en opinión de Florinda Guadalupe Álvarez, “una grosería para nuestro señor, porque nunca se vistió así no representa nada de eso”.

Para esta mujer que desde hace 38 años confecciona los ropones para estas imágenes, las modas en las vestimentas desvirtúan a la tradición “que se trata de recordar la santidad, las obras caritativas o personajes que ofrecieron su vida a la santidad”, tal es el caso de los niños que se visten con las ropas del Papa Juan Pablo II, elevado a los altares por la Iglesia Católica.

Doña Florinda tiene entre sus vestimentas las dedicadas a la misericordia, la de ángel de la guarda, salvador del mundo, San Juan Diego y, una muy solicitada, la de Niño Doctor, profesión que ayuda a salvar vidas; en cambio, consideró que vestirlo de un equipo de fútbol o de otras formas es grosero.

“Que me disculpen, pero el niño no anduvo de parachico y mucho menos de chiapaneca, si es niño, no niña”.

La tradición de las vestimentas debe mantenerse, opinó esta mujer, quien posee entre sus colecciones los “clásicos” ropones que por años las familias piden para tener bien presentables a sus niños en las festividades de La Candelaria.

“Aquí tengo los modelos de rostro de Cristo, ángel Uriel, el señor de la misericordia, modelos que la gente pide mucho”, destacó.

Dedicada a este oficio durante casi cuatro décadas, consideró que algunos modelos han tenido ligeras variaciones, sobre todo en las telas y hechuras, para hacerlos más vistosos y duraderos, pero se conserva la esencia, que es lo primordial.

Aunque vestir a un Niño Dios no es barato, reconoce, porque el precio de las telas aumentó, y ahora los modelos se ofrecen entre los 180 y 240 pesos, en función de la “galanura” que busque el cliente.

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