Protestas contra campamentos

•          Alegan que permanencia es un problema de salud pública; migrantes piden comprensión; niñez, entre enfermedades y carencias

Itzel Grajales / Diario de Chiapas

Una falsa alarma fue el supuesto desalojo de migrantes en el barrio San Francisco de Tuxtla Gutiérrez; el operativo a cargo de la Guardia Nacional que se difundió en redes sociales no se llevó a cabo.

Las casas de campaña continúan ahí, para descontento de una gran parte de los habitantes de esta colonia ubicada al sur-oriente de la capital de Chiapas, quienes opinaron que la población migrante atenta contra su seguridad y son un riesgo de salud pública porque no cuentan con baños para hacer sus necesidades.

“Nos ha afectado en todos los aspectos; ahora sí que es un foco de infección, porque ya hasta el aire que respiramos es pura contaminación en el área de salud. No se puede hacer nada, los contenedores de basura están a reventar”, lamentó un comerciante de la zona.

Incluso se están organizando para exigir que los grupos migrantes sean reubicados; con acciones entre las que plantean bloquear vialidades, “porque aunque las autoridades han hecho rondines, no dan solución a esta problemática que ya cobró un muerto, pues entre ellos se pelean y tienen vicios”.

Mientras tanto, Jerry Samuel Rodríguez, de origen venezolano, pidió comprensión; aseguró que no es su deseo quedarse en Tuxtla Gutiérrez, sino que las autoridades migratorias le permitan avanzar hacia el centro del país, donde hay más oportunidades laborales.

“Nosotros queremos avanzar, pero cuando vamos a mitad del camino, migración nos vuelve a lanzar para acá. Entonces, no hallamos qué hacer, también nos queremos ir porque no estamos acostumbrados a vivir en estas condiciones en las que parecemos indigentes”, dijo.

En no pocos casos, como el de Johana Maldonado, las personas esperan una cita de CBP One, una herramienta gratuita en línea de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, disponible para migrantes que transitan en Mexico, con el fin de ingresar al país vecino de manera legal.

Cuando CBP One les da una cita, deben presentarse en alguno de los puentes fronterizos para el análisis de su caso y determinar si tienen fundamentos para permanecer en Estados Unidos, a través de un permiso humanitario.

Johana, su esposo y su hija están a la expectativa de una cita en este campamento; no sabe cuándo esta aplicación contestará a su solicitud: “hay quienes tienen suerte y reciben una respuesta a los tres días, otros esperan siete y hasta 10 meses”.

Se dijo desesperada; vendió su casa en Venezuela y emprendió el viaje con la esperanza de un futuro mejor, pero en México encontró una barrera. Ya tiene un tiempo viviendo en la banqueta, en una casa de campaña, esperando a que le llegue la tan anhelada notificación.

Lo que espera esta población es que el Instituto Nacional de Migración les otorgue un salvoconducto de les permitiría llegar a la Ciudad de México; no es Estados Unidos, pero han considerado que ahí podrían trabajar para recobrar fuerzas y seguir su camino rumbo al sueño americano.

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