-Para atender afectaciones por las recientes lluvias que han azotado al país, para así activar planes de contingencia
MdeR / Agencias
Con la gobernadora de Veracruz y gobernadores de Hidalgo, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí, así como autoridades del gobierno federal, nos reunimos para actualizar afectaciones y necesidades en cada municipio.
La Coordinación Nacional de Protección Civil hará un resumen y nos reuniremos nuevamente hoy a las 7:00 p.m. Nuestra solidaridad y apoyo a todas las personas que perdieron un familiar; a la población damnificada no le faltará nada. Están desplegados integrantes y equipos del Gobierno de México para la apertura de caminos y atención a las comunidades.
En Poza Rica, Un día después de las fuertes inundaciones que anegaron gran parte de Poza Rica, este sábado comenzó para miles de habitantes de esta ciudad veracruzana la lenta y ardua tarea de remover los escombros de sus casas, buscar sus objetos más preciados, hacer el recuento de las pérdidas y tratar de recomponer todo lo que la crecida del agua se llevó.
Es una labor, dicen, que ellos han tenido que hacer por su cuenta, con sus propios recursos, ante la intervención nula o tardía de la Guardia Nacional, la Marina y otras instituciones de seguridad, que, durante algunas de las horas más complicadas de la emergencia, simplemente no se hicieron presentes.
Durante un recorrido hecho por este diario en algunas de las colonias más cercanas al río Cazones, cuyo desbordamiento provocó la inundación de Poza Rica, se pudo documentar que los vecinos enfrentan los daños con una mezcla de resignación y tristeza.
Pero hay también mucha rabia ante las declaraciones de la gobernadora, Rocío Nahle, quien afirmó que el río Cazones se había desbordado “ligeramente”.
En muchas calles, pueden verse aquí y allá decenas de autos volteados sobre el toldo, o en las posiciones y sitios más extraños donde la fuerza del agua los arrojó. Hay muebles, colchones y electrodomésticos por doquier, echados a perder por el agua y el lodo. También hay perros, gatos y hasta pequeñas lagartijas empapados de fango y productos de petróleo, cuyo fuerte olor se hace notar.
Urbano Martínez, quien vive en la colonia 27 de septiembre, se afana en escombrar la casa que comparte con cinco de sus familiares, y en donde una ola de agua mezclada con chapopote dañó o se llevó casi todo a su paso, sin darle oportunidad a los vecinos de hacer nada.
Alrededor de las 5 de la mañana del viernes, dijo, el nivel del agua del río y de los arroyos que éste alimenta subieron de manera tan abrupta, que “tuvimos un promedio de 8 a 10 minutos, ya exagerado, para salir corriendo. Si no, no lo hubiéramos logrado. La corriente del agua se oía impresionante y nos tumbó el portón”.
Su hermana Claudia, por su parte, observa con desazón cómo todos los bordados que ella y su madre realizan con figuras de flores, colibríes o jarrones quedaron empapados e inútiles. Aunque trata de darse ánimos a sí misma, diciendo que se pierde el material, pero no el conocimiento para trabajarlo, por momentos rompe a llorar de frustración y tristeza.
Ruth Verónica Cruz López, vecina de la misma colonia, dice que la única señal de alarma que dio alguna autoridad ante lo que estaba a punto de ocurrir lo dio Petróleos Mexicanos, con un silbato de emergencia que hace sonar a manera de advertencia, pero mucha gente no lo escuchó, por haber estado dormida, y perdió la vida al ser sorprendida por la tromba.










