Superstición no salva de los sismos

  • En definitiva, no es septiembre el mes de los temblores, y tampoco las nubes tienen alguna relación con el fenómeno
  • Hace cinco años ocurrió un terremoto que obliga a tomar en serio las acciones de prevención, porque en algún momento el fenómeno se va a repetir

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

El terremoto que afectó a Chiapas el 7 de septiembre de 2017 demostró la importancia de estar preparados y saber qué hacer ante un evento impredecible.

Una lección que cuando se toma en serio puede ayudar a prevenir que haya víctimas fatales; septiembre es el mes emblemático para hablar de los sismos, no solo porque fue un día 19, de 1985, que la capital del país fue sacudida por uno, y que coincidentemente ocurriera lo mismo en 2017, sino porque la población tiende a olvidar.

De acuerdo con un sondeo, en Tuxtla Gutiérrez está “fresco” el recuerdo de aquel 7 de septiembre cuando el suelo se movió con una fuerza inusitada: 8.2 grados magnitud de momento, superando a movimientos sentidos durante el siglo XX.

Si bien los sismos son eventos aleatorios, aún impredecibles, hay quienes minimizan los segundos que hay entre la primera sacudida y las posteriores, que pueden marcar una clara ventaja para ponerse a salvo o estar en riesgo de muerte.

“Claro que recuerdo el terremoto y las medidas de protección que debemos seguir, como buscar un sitio seguro o salir a la calle sin empujar a nadie”, responde Mónica Vicedo.

Otro joven, de nombre Carlos, cuenta que en su casa saben a dónde caminar cuando ocurra un sismo, o quedarse en alguna parte de la casa para esperar a que pase.

“En mi casa, como viven adultos mayores, despejamos las áreas de acceso y acordamos que saldremos al patio”.

Enrique Solís ya no desestima los simulacros que hacen en el trabajo, participa y aprende, porque aquella noche de 2017 el terremoto lo sorprendió en un centro comercial, y recuerda cómo es que más que el movimiento era el estallido de las ventanas y las caídas de los objetos lo que hacía parecer más terrible ese momento.

“Creo que estamos poco preparados emocionalmente para enfrentar algo así. La gente grita, llora, te desesperas, entonces los simulacros ayudan a tener claro qué debemos hacer, aunque es difícil mantener tanta calma en un evento de estos.

Otro aspecto que ocurre con los sismos y con el mes de septiembre, es que están ligados a creencias que solo aumentan el temor, y no la preparación, que resulta primordial al ser Chiapas uno de los estados donde más sismos ocurren en México.

Ni es septiembre el mes en el que hay más sismos, ni hay una relación entre la forma de las nubes y el riesgo de un temblor, como lo aclara la vulcanóloga Silvia Ramos Hernández. 

Es más, en lo que va de este 2022, en Chiapas se han contabilizado dos mil 55 temblores, aunque solo nueve de ellos han ocurrido en septiembre, pero la población no se ha sentido alarmada porque la mayoría no han tenido una magnitud superior a los cinco grados. 

Así que no hay motivo para vivir con temor en septiembre, ni por la forma de las nubes en el cielo, ni alguien que pueda predecir cuándo sucederá el próximo movimiento de tierra que active la alerta sísmica. 

Lo que sí debemos hacer es aprender a reaccionar ante estos eventos naturales, que en países como Japón, han servido para crear una cultura de autocuidado y respuesta efectiva que salva miles de vidas. 

Información que resulta valiosa si entendemos que Chiapas resiente el movimiento de la placa de cocos, ubicada debajo del océano Pacífico de la costa occidental de América Central, que tiene un patrón irregular y hace que la cantidad de sismos sea variable en cualquier mes.

Es por esta razón que las regiones Costa, Sierra, Istmo y Soconusco son los principales lugares con más movimiento sísmico, porque además el estado “flota” sobre tres placas tectónicas.

Con todo y lo valioso que resultaría, la ciencia aún no ha desarrollado un equipo tecnológico capaz de predecir un sismo, por lo tanto, nadie puede asegurar el segundo, el día o el mes en que una placa tectónica se moverá con tal fuerza que provocará un sismo en la superficie.

En cambio, lo que sí debemos hacer es estar siempre prevenidos, con la identificación de las zonas de riesgo en la casa, la escuela y los centros laborales; y el diseño de un plan de acción en caso de que la tierra presente una sacudida.

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