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40 años del volcán Chichonal

Tenía 12 años cuando el cielo ardió: Isabelino Gómez Díaz de viejo Guayabal, Chapultenango

Ramiro Gómez / Diario de Chiapas
El volcán hizo erupción el día 28 de marzo de 1982, primero subió como un fuego al cielo, luego comenzó a tronar como sin un volteo estuviera descargando piedras. Después los tronidos de los rayos fueron incesantes e inmediatamente empezaron a caer piedras pequeñas. Caían y caían las piedras y rompían los techos de láminas de zinc y de cartón de las casas; la gente despavorida huyó, algunos se fueron caminando a Chapultenango y otros a Guadalupe Victoria. En aquel tiempo yo tenía 12 años cuando el cielo ardió. El lugar quedó como un desierto, los árboles y las casas sepultados, todo estaba triste.
Recuerdo que en el primer tronido del volcán los techos de las casas se acabaron por completo. A una de mis hermanas le cayó una piedra pequeña en la cabeza, la tiró al suelo inmediatamente y perdió el conocimiento, como pudieron mis papás, la levantaron y con mucho sacrificio la trasladaron a Villahermosa al hospital Rovirosa, con tal de que se salvara, ahí la hospitalizaron y la trataron. A los quince días despertó, recuperó su memoria; cuando se curó se levantó poco a poco, como si estuviera resucitando, balbuceaba algunas palabras que nadie le entendía, no recordaba nada, pero poco a poco recobró su normalidad.
En ese entonces, ya éramos damnificados del volcán, todo era muy triste, no teníamos dinero, ni familiares con quien ir. Mis padres decidieron que fuéramos a un poblado llamado C-29 en Cárdenas, Tabasco, apenas era un chamaco de 12 años, mis papás me jalaban de la mano para caminar, solo recuerdo muy vagamente, decían: el volcán ha explotado, eso ya lo vimos, lo importante ahora es seguir huyendo por si todavía nos quiere alcanzar, si nos salvamos, más adelante veremos qué hacer.
Cuando explotó el volcán la gente estaba preparando la tierra para sembrar, otros ya comenzaban a sembrar allá en el lugar que se conocía como ampliación y que estaba muy retirado de nuestro ejido y allá murieron, murieron como ocho familias, porque en ese lugar los agarró de sorpresa el volcán, allá se quedaron. Mi papá dice que ese día la esposa de don Agustín Estrada, se adelantó al lugar, llevando guajolote para la comida de los ayudantes, pero desafortunadamente, la mató el volcán, no le dio tiempo ni de correr, el señor se quedó solo y viudo.
Antes la vida era muy bonita, pero no sabíamos que iba a pasar en 1982, cuando temblaba la tierra, la gente no se preocupaba en lo que pudiera suceder. Los temblores comenzaron como cuatro meses antes de la explosión. Primero fue despacio y después cada vez eran más fuertes, para la gente se volvió algo normal, porque vivían en sus tierras, no querían salir, había mucho café y ganado. Ahora la tierra se volvió arenosa, ya es de tercera, ya no produce como antes. Si a la tierra no le dejas plantas, no tiene vegetación, cuando llega la temporada de calor todas las plantas se vuelven pálidas, no tienen fuerza, vitaminas, ya no hay árboles que hagan sombra, por eso, es importante conservar la naturaleza en el ejido, tiene que haber árboles para que podamos tener comida.
El volcán ya no está y ni va a renacer, lo que pasa, es que siempre tiene aire en su cráter, ahí donde salió todo cuando hizo explosión, la gente ya no dice nada, no tiene miedo, más bien ya no tenemos miedo.

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