Cambio climático obliga a cambiar la agricultura del Soconusco

Valeria Córdova/Diario de Chiapas

Las lluvias han llegado tarde al Soconusco. Las precipitaciones no han sido suficientes para resarcir el daño provocado por la sequía de este 2026. La tierra que debería ser una alfombra verde, con hileras de soya, está agrietada y presenta espacios donde solo sobreviven algunas plantas. Algo similar ocurre con el maíz e incluso la caña de azúcar, uno de los cultivos más resistentes al estrés hídrico.

En la región sur de Chiapas llueve durante seis meses y los otros seis no. Para mayo, las primeras lluvias aparecen e indican a los agricultores que es momento de comenzar el trabajo. Este año no fue la excepción y los granos se sembraron en más de seis municipios. Sin embargo, el pronóstico erró. 

Pese a que los productores ya habían registrado perdidas en 2025 por lo que califican como “fenómenos climáticos atípicos”, una sequía de más de 60 días azotó en los últimos meses y afectó parcelas completas.

“El tiempo ha cambiado. Ya no podemos depender de un cultivo de temporal, quién se arriesgue a querer sembrar de esta forma el próximo año en definitiva va a perder.”, señala Raúl Arroyo Alvarado, presidente de la Unión de Ejidos Emiliano Zapata de Tapachula.

Basta caminar por las inmediaciones de algunos sembradíos cercanos a la carretera que conecta a Mazatán con Tapachula para constatar lo dicho. Las plantas de caña de azúcar apenas alcanzan los 50 centímetros, cuando el tamaño idóneo para la temporada de corte, próxima a comenzar, ronda en los dos metros.

Pero las afectaciones tienen cifras. En el caso del maíz, las perdidas alcanzan 15 mil hectáreas, al igual que en el plátano. La caña de azúcar registra daños en más de cinco mil hectáreas, mientras que en la soya se perdieron por completo cuatro mil 500 y 5 mil hectáreas. Todo corresponde solo a la región del Soconusco.

“El gobierno estatal implementó un seguro de desastre para lo que es el maíz, pero es un seguro que no da claridad”, explica Arroyo Alvarado. “No sabemos ni cuánto van a dar, no se ha pagado ni un peso a los productores cuando en un mes o mes y medio va a terminar la temporada de lluvias”, condena.

La federación, a través de la Secretaría de Agricultura, ha ofrecido a los agricultores poner en marcha el programa “Cosechando Soberanía”. De acuerdo con el portal oficial del Gobierno de México, este contempla apoyos para la adquisición de seguros agropecuarios y mecanismos para garantizar un precio mínimo.

Si bien estas medidas pueden funcionar para pequeños y medianos productores, resultan insuficientes frente al volumen de alimentos que se genera en la región. El sector agrícola demanda un plan emergente para atender la crisis y evitar repercusiones mayores, que podrían derivar en una mayor dependencia de las importaciones y comprometer la seguridad alimentaria.

El próximo 21 de octubre, a petición de los agricultores, quienes se han quedado sin representación durante ocho años, el gobierno federal lanzará la convocatoria para retomar el Consejo Distrital y el Consejo de Cuencas. De reinstalarse, estos órganos podrían elevar las peticiones del sector ante el Congreso de la Unión.

“Nosotros estamos pidiendo, pero también dando solución. Proponemos que se invierta en Chiapas para que haya disponibilidad de agua. Sabemos hay un plan hídrico nacional y todos los apoyos se van para el norte y centro del país. No nos ha tocado nada desde hace tiempo y el acuífero del Soconusco es muy pequeño”, indica el representante de al menos 10 mil productores.

Un problema que se advirtió

La sequía no es nueva en Chiapas; lo nuevo es la magnitud y presencia prolongada de ella. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha documentado cómo las condiciones de sequía se han alterado durante últimos años, frente al cambio climático.

El profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), Vicente Castro Castro, refiere que el manto freático del Soconusco, de donde se obtiene agua para uso y consumo humano ha perdido el 60% de su disponibilidad, situación que llevó a la Conagua a restringir la apertura de nuevos pozos para uso industrial y agrícola.

“A menudo, los políticos hablan de que Chiapas es abundante en agua, y hasta cierto punto tienen razón. Si nos comparamos con otros estados como Zacatecas, indudablemente tenemos más agua. Pero si nos comparamos con nosotros mismos hace treinta años, hemos perdida mucha”, sostiene.

Para Castro Castro, es necesario que autoridades, empresarios y académicos planteen en conjunto un esquema a mediano y largo plazo, con miras al 2030 y 2050. Asegura que actualmente ni siquiera existe un plan para abastecer del vital liquido a la población durante los próximos cinco años.

Aún con el problema hídrico, el gobierno federal vislumbra impulsar la industria a través de los Polos de Desarrollo Tapachula I y II, en la localidad costera de Puerto Madero. La pregunta en la coinciden el investigador y Arroyo Alvarado es: ¿de dónde se obtendrá el agua para que las fabricas operen?

“Coapatap no creo que les lleve agua hasta esa zona. Si el manto friático está vedado, tendrían que hacer pozos clandestinos, porque no veo de otra manera. Y si lo sacan de forma indebida, ¿qué consecuencias va a tener la población de Puerto? Claro que les va a quitar agua”, señala.

El entrevistado concluye que no se debe frenar la inversión, sino procurar que las industrias que se establezcan destinen un porcentaje de sus recursos generar infraestructura hidráulica. Entre las opciones que considera viable está la compra de terrenos para crear humedales que aprovechen el agua de lluvia, que actualmente escurre hacia afluentes.

El factor de “El Niño”

Uno de los términos a los que se le ha atribuido la presencia de sequías intensas en fechas recientes es el fenómeno de “El Niño”. Aún cuando este evento climático se caracteriza por el calentamiento anormal de las aguas en el Pacífico tropical oriental, sus efectos no se manifiestan de la misma forma en todo el territorio mexicano y el fenómeno ha presentado ciclos durante los últimos treinta años.

“En zonas como el Soconusco o en Quintana Roo vemos sequías; en el norte de la península de Yucatán hubieron muchas más precipitaciones de lo planeado. Entonces, el efecto de El Niño no podemos limitarlo a la sequía porque habría que regionalizarlo”, comenta Gerald A. Islebe, investigador especializado en paleoecología, paleoclima y vegetación.

El científico de origen alemán, perteneciente a El Colegio de Frontera Sur (Ecosur), con sede en Chetumal, afirma que es complicado establecer un porcentaje de cuanto incrementó dicho fenómeno durante 2026 en comparación con años pasados. Prefiere hablar de la intensidad con la que se manifiesta en el tiempo de cada zona.

El tiempo atmosférico y el cambio climático son dos cosas distintas. Mientras que el pronóstico del tiempo permite anticipar condiciones atmosféricas de los próximos días, el cambio climático se refiere a procesos físicos que alteran el clima de forma prolongada.

“El patrón con el que trabajan los productores en el Soconusco ya se rompió, y ese patrón si es un efecto del cambio climático, independiente de El Niño, que este año se sumó”, explica Islebe. 

El escenario más probable es que eventos como sequías prolongadas se vuelvan habituales. La posibilidad de anticipar estas condiciones podría dar a los agricultores margen para realizar ajustes con el apoyo del gobierno. Sin embargo, considera que el mayor reto es llevar las previsiones científicas a la práctica. “La parte ambiental/climática es más fácil de predecir, pero que se aplique nuevas políticas lo veo más complicado”, concluye.

Por lo pronto, ya se prevé que ciertos alimentos se encarezcan el próximo año, ante el aumento del costo de producción

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