De la tinta y el papel, a la piel

Texto y fotos: Erick Bustillos / Diario de Chiapas

Desde niña, Fernanda descubrió en el dibujo una forma de expresión. En la escuela realizaba dibujos de sus compañeros, sin imaginar que esos trazos se convertirían más tarde en su pasión. Hoy, dentro del mundo del tatuaje, ella es una artista que muchos conocen como “Saori”.

Aunque es licenciada en Turismo, a los 18 años decidió acercarse al mundo de los tatuajes. Comenzó a trabajar en un estudio de nombre “Culturas”, donde realizaba diversas actividades, mientras aprovechaba cada oportunidad para observar a los tatuadores y aprender de ellos.

“Subía a ver a los tatuadores y les preguntaba como le hacían y qué técnicas utilizaban”, recuerda.

En aquellos años todavía eran comunes las máquinas de bobinas, reconocibles por el característico sonido que producían. Actualmente ella utiliza las máquinas nuevas conocidas como rotativas.

Su aprendizaje comenzó observando, preguntando y practicando hasta que tuvo claro que aquel mundo era lo que realmente quería hacer.

El camino para las mujeres dentro de esta industria no siempre fue sencillo. Fernanda reconoce que anteriormente ser tatuadora podía ser visto con prejuicio, en un ámbito tradicionalmente dominado por hombres. Sin embargo, considera que esa percepción ha cambiado y actualmente las mujeres tienen una mayor presencia y aceptación, pues considera que las mujeres tienden a ser más detallistas.

Entre los trabajos más grandes que ha realizado recuerda una pieza de estilo neotribal que cubrió prácticamente toda la espalda, trabajos que requirieron varias horas y sesiones de dedicación.

Aunque también realiza diseños de líneas finas y pequeños detalles, como corazones y figuras, sus tatuajes favoritos son las letras y los rellenos, trabajos que disfruta especialmente por el proceso que implica realizarlos.

Fernanda comenzó a tatuar desde los 19 años y actualmente cuenta con tres años de experiencia profesional. Durante este tiempo también ha descubierto el significado emocional que puede tener cada tatuaje para quienes deciden llevarlo en la piel.

Para ella, tatuar no se limita a plasmar una imagen. Muchas personas llegan buscando recordar a un familiar, una mascota o un momento importante de su vida.

“Es muy bonito ver cómo recuerdan ellos a un ser querido, un ser amado sobre la piel”, expresa.

También ha sido testigo de cómo el tatuaje ha dejado de ser considerado una práctica exclusiva de los jóvenes. Comenta que hoy cada vez es más frecuente recibir a personas mayores, quienes deciden cumplir un deseo que dejaron pendiente durante su juventud.

Para Fernanda, observar a esas personas salir satisfechas después de cumplir aquello que alguna vez quisieron hacer representa una de las partes más gratificantes de su oficio.

Y para quienes todavía sienten temor a las agujas o al dolor, su mensaje es sencillo: atrévanse.

Considera que el tatuaje es una forma de expresión y una manera de conservar sobre la piel aquello que tiene un significado especial, aunque también puede hacerse simplemente por gusto.

Para “Saori”, cada tatuaje cuenta una historia y, se convierte en una memoria que acompaña a su portador durante toda la vida.

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