Día del Niño, poco que celebrar

  • 196 mil 909 niños y adolescentes entre 5 y 17 años se tienen registrados en el estado en situación de trabajo infantil

Edén Gómez / Ainer González / Marco Alvarado

Edición: Francisco Mendoza. Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

Si hablamos del día del niño, relacionamos esta celebración con risas, música, globos de colores, dulces, bailes y mucho amor para los más pequeños de la casa.

Sin embargo, existe la otra cara de la luna, una hundida y marcada por las sombras de una vida llena de complicaciones, una vida en la que la dicha se gana a trozos y son solo migajas del día, en donde la píldora de la sonrisa mantiene a los niños a flote para seguir un día más.

Debajo del puente frente a Torre Chiapas, Gema Luciana, de cinco años de edad, sueña con volver a Bogotá, Colombia, para abrazar a su abuela y jugar con su primo.

Su infancia está ocurriendo entre una enorme incertidumbre y un miedo que la atormenta a menudo en las noches: El Darien, la terrible selva que cruzó junto con su madre.

La pequeña Gema, de sangre venezolana, pero con nacionalidad colombiana, es uno de tantos infantes que llevan meses viviendo en malas condiciones, atrapados por la imposibilidad de que sus padres puedan cruzar a los Estados Unidos.

“Extraño a mi abuela, a mi tía, quiero ayudar a mis amigas también las quiero, a veces jugamos en el parque, pero quisiera estudiar todos los días aquí”.

Al preguntarle sobre el Día del Niño, la pequeña dijo: “Me gustaría tener una pijama, ropa para salir, juguetes”.

Gema asegura que hay días en los que su mamá se pone mal, se enoja, pero ella la ama, y le da tristeza verla así, entonces se mete a su carpa a dormir un rato, a soñar con los días que pasaba en Bogotá.

Su semblante cambia cuando piensa en ello, y su mirada se torna más triste cuando recuerda lo que vio al iniciar el éxodo junto con su madre, en esta búsqueda que miles tienen del “sueño americano”.

“Pasamos muchos niños, y muchos no llegaron a la orilla…”. Enyerli, su madre, interrumpe la entrevista para contar que ambas estuvieron a punto de morir ahogadas, fueron rescatadas a tiempo, pero ese episodio dejó una marca en Gema “muchas noches se despierta llorando, me dice que quiere volver a Colombia, pero que no lo hagamos por la selva”.

Los días de Gema, y de tantos niños más, pasan debajo de este puente, sin poder retornar a sus pueblos; reciben con gusto los dulces, agua, la ropa que a veces les entregan.

Para ellos el 30 de abril es otro día más, viven en un pequeño territorio, su pequeño país que han inventado debajo de este techo de acero y concreto.

Niños al trabajo

En muchas ocasiones las familias no pueden proteger a los niños, la situación económica en el hogar hace que los pequeños salgan a trabajar para ganar y aportar, por ello, trabajar es una realidad para cientos de niños, niñas y jóvenes en la capital chiapaneca, al igual que en otras localidades del estado.

Ya sea como apoyo a la familia o con la intención de aprender un oficio, la niñez y juventud en Chiapas se ven obligadas a desprenderse de su derecho a una vida libre, a dejar la escuela de forma temporal o definitiva para trabajar. La pobreza empuja a muchos a asumir responsabilidades que no les corresponden, convirtiéndose en pilares del sustento familiar.

Este es el caso de José Roberto Gómez López de 14 años que desde hace un año se desempeña como checador en una cooperativa de taxis del Mercado de los Ancianos, en Tuxtla Gutiérrez.

“Trabajo como desde hace un año, soy checador de los taxistas, los guío en los espacios y los llamo cuando hay servicio acá”; comenta que su padre también labora como taxista en la misma base.

Aunque cumple con sus responsabilidades con la seriedad que implica el oficio, José admite que preferiría estar en la escuela, pues su aspiración es estudiar una carrera y convertirse en contador.

Sin embargo, reconoce que la necesidad lo ha obligado a dejar los estudios, al punto que siente que ya no comprende lo que antes aprendía.

Recuerda que sus jornadas laborales comienzan a las siete de la mañana y concluyen alrededor de las cinco de la tarde. A pesar de su corta edad, también trabaja los fines de semana y, durante las vacaciones, asiste todos los días sin excepción.

Aunque asegura que el ambiente de trabajo suele ser tranquilo, reconoce que hay días más demandantes.

José Roberto envía un consejo a otros niños: “Que no abandonen la escuela”.

Desde hace un año, José Roberto forma parte del movimiento cotidiano en el Mercado de los Ancianos, entre el bullicio de los vendedores y el constante ir y venir de unidades del transporte público, su función es clara: mantener el orden, avisar a los conductores cuando hay servicio y guiarlos hacia sus espacios.

Daños a futuro

Estas duras experiencias ponen en entredicho la infancia de los niños; estos casos son preocupantes, sobre todo por los efectos que estos pueden tener en un futuro considerando los daños emocionales, psicológicos y hasta físicos que se propician en los pequeños.

En ese sentido Gema Gutiérrez López, psicoterapeuta señaló que cuando no existen condiciones en el desarrollo y crecimiento de los infantes existen afectaciones principalmente que en su momento pueden generar daños importantes en el crecimiento y desarrollo emocional, psicológico y físico.

“Cuando de pequeños no recibimos ese tipo de atención que son las básicas, entonces se va haciendo un quiebre mental, un quiebre en las emociones  esto repercute porque conforme vamos creciendo se van formando máscaras en nuestra personalidad para poder sobrevivir y poder adaptarnos y salir adelante ante estas carencias o necesidades no satisfechas; entonces estas máscaras que se van formando y se van colocando en nuestra personalidad van haciendo la estructura de las personas y es así como van saliendo los rasgos de personalidad y es donde algunos somos saludables porque tenemos métodos saludables y así funcionamos en la sociedad y hay otro tipo de personas que no son tan fuertes mentalmente y se va haciendo una debilidad interna y esto puede ser que van funcionando en la sociedad conforme van creciendo y otros más se van adaptando de manera no tan saludable”.

La especialista refirió que al no tener las condiciones necesarias tanto por la violencia o por las carencias, en su momento esto puede generar afectaciones importantes en un futuro que pueden derivar en afectaciones psicológicas y emocionales  como la depresión, trastorno límite o incluso las ansiedades  por ello el que se tenga mayor conciencia y con esto desde un principio poder brindar acciones de atención a los infantes hasta donde más se pueda, por lo que en su momento se requieren tipos de tratamientos o terapias para con ello brindar acciones de aceptación sanamiento que en muchas ocasiones se pueden revertir.

Por esta razón, es preciso que nosotros como sociedad nos involucremos y ayudemos en la medida de lo posible a los pequeños que día con día sufren un calvario de violencia social, psicológica, laboral y hasta sexual; dejarlos solos es marcarlos de por vida. Si usted conoce un caso de estos ayude a que el alivio de un niño llegue más veces que el sufrir.

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