Las almas regresan en Ocotepec

Ramiro Gómez / Diario de Chiapas
Cada primero de noviembre el aire se llena de aromas que recuerdan la memoria: el café recién hecho, el chocolate espeso, el dulce de calabaza, el maíz tostado y los guisos que tanto disfrutaron los que ya partieron. Las familias del pueblo preparan con esmero estas ofrendas para recibir a las almas que, según la creencia, vuelven a visitar sus antiguos hogares durante el Día de Todos los Santos.
En cada casa se encienden velas y se colocan altares adornados con flores, pan, guineos, guayabas y platos típicos. Las oraciones y los cantos acompañan este ritual, mientras los rezadores recorren los hogares para guiar las plegarias por las almas. El sonido del violín tradicional marca el ritmo de la celebración.
Entre quienes preservan esta tradición destaca Manuel Cruz Morales, un hombre de 79 años que dedica su vida a rezar por las almas y mantener vivas las costumbres heredadas. Para él, cada vela encendida es una promesa cumplida con los antepasados, una forma de agradecer y de enseñar a las nuevas generaciones el valor de la fe y la cultura.
En el pueblo se cuenta una leyenda que refuerza la creencia en el regreso de los muertos. Narra la historia de un hombre incrédulo que, en lugar de preparar su altar, se fue al monte el día de la fiesta. En el camino se cruzó con las almas que regresaban al pueblo cantando alegres. Sin creer lo que veía, siguió su camino hasta encontrarse con una difunta recién muerta que caminaba hacia la celebración. Aquella experiencia lo hizo comprender que las almas realmente vuelven, y desde entonces nunca dejó de preparar su ofrenda.
Cuando llega el mediodía del primero de noviembre, los difuntos comienzan su llegada. Por eso, los músicos tradicionales tocan frente a la iglesia, marcando el inicio de la fiesta espiritual que une a los vivos con los muertos.
Gracias a personas como Manuel Cruz Morales, las tradiciones continúan transmitiéndose, recordando que los que se fueron siguen presentes en cada plato servido, en cada oración pronunciada y en cada nota del violín que acompaña el regreso de las almas.

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