Lluvias tempestuosas,de riesgo total

Edén Gómez / Marco Alvarado / Francisco Mendoza /Ainer González / Tania Selvas
Edición: Francisco Mendoza
Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas
En esta segunda parte del reportaje de “Lluvias tempestuosas, de riesgo total, se destaca que una de las prioridades que se tienen a nivel federal es seguir trabajando en el cuidado del medio ambiente, pero seguir presentando proyectos que permitan reducir los riesgos y evitar un mal uso del suelo.
Por ello, Felipe Irineo, titular de la Conagua comentó la necesidad de seguir abonando a un trabajo conjunto, sobre todo entre instancias de emergencia y la Conagua, para reducir los riesgos en la capital chiapaneca.
“En cuanto a los afluentes, considerando que muchos de estos han sido alterados y también han tenido un abandono en cuanto al mantenimiento y atención considerando los nuevos requerimientos sociales por lo menos en una capital como Tuxtla Gutiérrez”, concluyó.

Mala planeación en la infraestructura
Por su parte, Joseliny Díaz Torres, integrante del colectivo “Menos Puentes, Más Ciudad”, argumenta que la ciudad, ubicada en una depresión entre las reservas del Cañón del Sumidero, el cerro Mactumatzá y El Zapotal, requiere una gestión integral del agua. La falta de atención a las cuencas altas —incluyendo la prohibición del desarrollo inmobiliario en zonas prioritarias para la recarga acuífera—, considera que exacerba el problema, ya que el agua de lluvia, en lugar de infiltrarse en el suelo, baja con mayor fuerza hacia las zonas bajas, causando inundaciones.
El experto en sostenibilidad destaca la existencia de un Manual de Infraestructura Verde, aprobado por el cabildo, que promueve la construcción de calles permeables, con adoquín o concreto permeable, banquetas arboladas y jardines de lluvia. Sin embargo, critica la persistencia de políticas municipales que contradicen estas recomendaciones, como la pavimentación con concreto hidráulico en zonas altas de la cuenca. Esta práctica, según Díaz Torres, acelera el flujo del agua hacia las zonas bajas, agravando las inundaciones.
“La ciudad tiene desde hace un par de años un manual de infraestructura verde que está aprobado por el cabildo, el cual dice, tenemos que comenzar a hacer obra pública orientada a mitigar los efectos de las lluvias torrenciales. Eso significa que tendríamos que estar haciendo calles permeables, calles con piedra, con adoquín, con concreto permeable, con banquetas arboladas, con más áreas de infiltración o jardines de lluvia. Todos estos elementos que nombramos como sociedad civil o como expertos en temas climáticos, ambientales y de ciudad, no son ocurrencias. No es que sea una tendencia: queremos que se haga un análisis. Es mucha la inversión del municipio en tiempo y recursos para tener estos instrumentos, y lo que estamos señalando es que queremos que se respeten, es decir, hacer calles con estas características y se invierta en la restauración de las microcuencas”.
Como ejemplo, Díaz Torres cita el caso de la microcuenca de la colonia 24 de Junio, una de las zonas más afectadas por las inundaciones. Con un proyecto de manejo integral del agua, basado en infraestructura verde y que incluya una presa de infiltración, jardines inundables y la renaturalización de un canal, destaca que este daría solución al problema de las inundaciones y, con ello, evitaría tragedias.
Para esa misma microcuenca, añade que profesionales del Colegio de Ingenieros Civiles y grupos ciudadanos diseñaron el Sistema de Manejo Integral y Control del Agua para la Reducción de Riesgos. La propuesta incluye una presa de infiltración en la parte alta (zona Las Águilas), dos jardines inundables en la cuenca media y baja, y la renaturalización del canal existente.
Con estas obras de infraestructura verde, refiere Díaz Torres, se calcula reducir hasta en un 80 por ciento el volumen que hoy llega de golpe a la parte baja de la ciudad y, sobre todo, permitir que el agua se reintegre al subsuelo. El costo estimado de este proyecto es de 8 millones de pesos.

Actualización
pendiente
Ante la falta de actualización de este Atlas de riesgo, no es posible no identificar las zonas inundables por los principales ríos que cruzan la ciudad, explica Romeo Palacios Suárez, coordinador de la región Sur-Sureste de la Asociación Nacional de Profesionales en Resilencia.
“Si yo conozco el riesgo de inundación, por ejemplo, yo puedo hacer un análisis costo-beneficio y decidir si un asentamiento que está en zona de inundación me es más viable moverlo o a lo mejor hacer unas obras de protección y entonces, eso lo decido con un análisis de riesgo”.
De acuerdo al trabajo de campo y de investigaciones realizadas por especialistas en resilencia, son cinco puntos que han sido ubicados como focos rojos, que requieren de atención urgente para evitar que continúe poniendo en peligro vidas y dañando el patrimonio de la ciudadanía tuxtleca.
“A la altura de la Procuraduría, justamente es la bajada del río bambú y el arroyo de la colonia 24 de Junio. Justamente la que acabamos de recorrer, el arroyo Pomarrosa en las colonias la Gloria, Juy – juy, Tizantillo, las que están abajo de canal 10; todas esas colonias tienen problemas muy fuertes de inundación. Son las dos zonas más fuertes en Tuxtla. Quizá el arroyo Cerro Hueco, el San Roque que ya ocasionó problemas hace varios años. Y el punto del fraccionamiento la Ilusión, Patria Nueva donde se juntan varios arroyitos desde la parte alta de Vida Mejor”.
Las soluciones a las anegaciones en algunos de estos puntos, incluso bajo el concepto de sustentabilidad, comprenden estructuras de control de flujo como un sistema de represas que regule y dosifique el agua para evitar inundaciones, que no requieren una inversión mayor a los 10 millones de pesos.
Sin embargo, hasta ahora ninguna administración municipal se ha interesado por resolver estas problemáticas que cada año dejan cientos de casas inundadas, automóviles dañados e incluso la pérdida de vidas.
En el 2018 se contaban con 81 puntos de riesgo, lo cual habla de acciones que han surtido efecto.
“Existían 81 zonas de riesgo, lo bajamos a 25 zonas de riesgo, en 2018 teníamos en el mapa de riesgo ,tenemos 81, después se bajaron a 21 con obras, con acciones de prevención que no se hacían antes como es la limpieza de las alcantarillas y de manera general de limpiar 800 y tantas alcantarillas, se retiran árboles secos, se tiene la cuestión de los contenedores y se levanta material de arrastre, se notifica a las personas que levante su material de escombro que tienen en sus aceras y cuando no lo hacen, nosotros lo levantamos, pero ya con una sanción de desarrollo urbano; tenemos la situación también de realizar mitigación, como son desviar la cantidad de agua que escurría en alguna zona y desviarlo para poder evitar una inundación y encharcamientos en la ciudad, y no tener situaciones como las que antes estábamos acostumbrados”.
Ante esto, señaló que es prioritario que la sociedad tenga mejores acciones para evitar mayores afectaciones ante las lluvias situación que se podría prevenir con mayor acción de la sociedad.
A pesar de que tanto autoridades municipales como especialistas coinciden en que son necesarias obras de impacto pluvial para brindar seguridad a los ciudadanos, somos nosotros como sociedad a los que nos toca ser consientes y no exponer la vida en afluentes caudalosos y abonar a recolectar la basura de nuestras calles.

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